Linda Ibarra y Roberto Loera son dos jóvenes poetas que pertenecen al taller literario “José Emilio Pacheco” que coordina María Múñiz en Mazatlán
Poemas de Linda Ibarra
HILARIDAD CARNAVALESCA
El orate soltó una carcajada
Recordó el evento cabrón
Cuyo final fue un chiste
La quema del presidente municipal
La quema del mal humor
Provocó también la risa del pueblo
La imagen en llamas dio alegría
Y entusiasmo a la vida del puerto
DISPARA UNA NUBE
Apunta bien
Al blanco del cielo
Allá alto las aguas nubes
Arriba ve y dispara
Acero con alas
Armado para destruir
Ataca al nubarrón
Apunta bien
Miras desde la tierra
Una nube que se mueve
La lluvia de la muerte
Arriba ve y dispara
YO SOY
Yo soy el viento que al norte va. El agua que corre en los océanos, soy yo.
Yo soy las letras que mis ojos recorren en los libros. La colorada tierra de este puerto, soy yo.
Yo soy la mujer que no conoce el mundo. El ardiente café de la mañana, soy yo.
Yo soy la estrella en el infinito cosmos. La voz de las plantas y los animales, soy yo.
Yo soy la mujer desnuda en la ventana de la casa blanca. La mujer que no teme a los viajes largos, soy yo.
Soy yo el pesado acero del gimnasio. La siempre enamorada, también, yo soy.
Poemas de Roberto Loera
ACROBACIA
Ante tanta tamborada,
salta la flor de la espuma
al tobogán del viento.
En su acrobacia
de burbuja
trepa un delfín
que la transporta,
la esparce,
la torna en cometa
y baja la flor
que arriba a la meta.

EL DÍA SIGUIENTE
La campanada del día siguiente
da por muerta la doctrina
de la vida nacional y sus duros reveses.
Estatuas liberales,
el bronce sigue en sus incuestionables efigies;
lástima por Miramón,
lástima por Mejía
y otros fantasmas expatriados;
la ubicuidad del por qué lo hicieron
justifica esta invasión etérea
en este interregno escolarizado.
Ningún personaje tiene el dominio
del papel que dramatiza.
Fluctúan, se espantan.
¿De qué dureza es el valor
que promete la tiranía?
La historia tiene el mismo adelanto
de este presente regido por la indignación.
Se acaba la clase
tras dos días de patriotismo forzado,
caldera apagada por su agua mártir.
En la clase de Ética, la más difícil,
no hay un profesor calificado
ni alumnos reprobados;
sólo códigos que ningún humano aprueba con diez,
y con un seis pasa a ocupar
el asiento del día siguiente.
CONTICINIO
Me place llamarle conticinio
a este espacio vertido en silencio
que difunde la vibra orquestal de un escondite,
y que la sensación de ser
abjure del concepto.
Me place abrillantar mi designio,
sentirme inspirado
en el canoro relato de esta hora,
a la que sólo le falta otra
para que sea de noche.
Artículo publicado el 17 de noviembre de 2024 en el suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.






