Motel Destino

Motel Destino

El asesinato de su hermano (Renan Capivara) y la advertencia de su jefa (Fabiola Liper) de no irse a São Paulo como desea mientras no salde la cuenta pendiente que tiene con ella, obligan a Heraldo (Iago Xavier) a refugiarse en un motel, a las afueras de un pueblo de Ceará, Brasil. Dayana (Nataly Rocha) y Elías (Fábio Assunção), matrimonio dueño del lugar, le permiten la estancia a cambio de realizar trabajos de limpieza y mantenimiento. Con el paso de los días, la convivencia constante llevan a Dayana y Heraldo a iniciar un romance secreto y luego querer huir o deshacerse de Elías. Sin embargo, cuando este se entera, busca vengarse de una manera muy particular.

Motel Destino (Brasil/2024) tiene un inicio prometedor. La conversación que dos hermanos sostienen al inicio acerca de sus sueños e inquietudes; el deseo de uno de ellos de emigrar para mejorar y superarse, no sin antes saldar una deuda pendiente; un sorpresivo asesinato; y el refugio en un lugar dedicado a encuentros sexuales generan expectativas de una trama intensa, pero, así como en la misma cinta el personaje de Liper pacientemente deja que el tiempo se encargue de poner las cosas en su sitio, pareciera que el director se relaja y suelta la historia, con lo que esta se descontrola, agarra sin rumbo por donde sea y nunca vuelve al camino.

La cinta escrita por Wislan Esmeraldo y Mauricio Zacharias, que inexplicablemente se coló entre las nominadas a la Palma de Oro en Cannes de este año (por fortuna no ganó), quizás tenga un punto a su favor: las actuaciones de Nataly, Iago y Fábio que, si bien no son extraordinarias, sí son capaces de expresar con credibilidad las emociones que les provoca cada experiencia que viven sus personajes, y si no lucen más es porque la historia no les ofrece los elementos suficientes para ello.

Disponible en MUBI, ingenuamente la película pone todas sus esperanzas en lo visual y sonoro. Por un lado, las imágenes están saturadas de color, con todos los tonos al máximo, y no se ven mal, aunque no queda claro el propósito de eso y se asume como un adorno extravagante, luminoso, llamativo, bonito, pero vacío y sin sentido. Por otro, la banda sonora consiste mayormente en quejidos, pujidos, gemidos y gritos orgásmicos que, si bien recrean con precisión lo que se escucharía en cualquier motel, llega el momento en el que se vuelven ruidos repetitivos que estorban y fastidian.

El filme tiene una historia superficial y una narrativa aburrida. Salvo los prometedores minutos iniciales, el resto del metraje consiste en escuchar a los clientes en el acto sexual y ver a los encargados del negocio aprovechando cada oportunidad para hacer lo mismo, pero gratis. Muy atrás y en el olvido quedan algunas subtramas y personajes; las razones que mueven ciertos actos son injustificadas; y la resolución del conflicto es por demás absurda e inverosímil: la venganza de Elías, la manera en la que Dayana y Heraldo llegan ante unos policías que acuden a la escena de un accidente y las explicaciones que dan de lo ocurrido, evidentemente sólo buscan llamar la atención. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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