De acuerdo al Plan Estatal, el inmueble, se convertirá en museo arqueológico a más tardar en 2027
El Casino de la Cultura Culiacán, ubicado sobre la avenida Álvaro Obregón, en la colonia Centro, no se parece nada a lo que fue. De ser uno de los espacios más importantes en la vida cultural de Sinaloa, luce ahora deteriorado y abandonado.
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Aunque alberga a la Librería Educal y opera el programa permanente El Ala de la Gaviota, no cuenta con aire acondicionado, presenta desperfectos físicos y el área, que en su momento fue restaurante y biblioteca, está desierto y lleno de suciedad. También ha sido vandalizado en distintas ocasiones.
Sus mejoras ahora solo están en papel. De acuerdo al Plan Estatal de Cultura, se convertirá en un Museo Arqueológico a más tardar en 2027.
Esto no se trata de un desinterés gubernamental, aseguró Juan Avilés Ochoa, director del Instituto Sinaloense de Cultura, aun cuando el proyecto de la conclusión de la Biblioteca Gilberto Owen también está en espera.
“En este espacio se proyecta instalar el Museo Arqueológico de Sinaloa, se hizo un esbozo del proyecto ejecutivo junto con el INAH, pero no avanzamos, porque se requiere la inversión, pero es una meta para 2027”, apuntó.
“Sí, la realidad es que ha sufrido destrozos, se han vandalizado, se han metido a dañar las instalaciones, reforzamos la seguridad pero la situación de los baños, aún no se ha podido atender, se hizo el levantamiento de los baños, de todos los del Instituto Sinaloense de Cultura, estamos en eso”.
El deterioro del Casino de la Cultura
En la planta baja, aceptó Avilés Ochoa, no funciona el aire acondicionado y aunque ahí estuvo la biblioteca, se limpió, es visible lo contrario.
“Tuvimos una reunión con la Secretaría de Obra Públicas, una obra de esta magnitud que tiene un costo de 50 millones de pesos, está a cargo de ellos. Es la obra que se tiene destinada para el ISIC y hemos tratado de mantener condiciones adecuadas y sostenerlo”, dijo.
“Sabemos que es un edificio históricamente importante. La cultura sí es un tema preponderante y aunque reconozco condiciones desfavorables debido al vandalismo, no creo que exista un desdén por la cultura, para nada, eso está demostrado con los apoyos que hemos dado en becas y programas”.
Del esplendor al descuido
De acuerdo al historiador Francisco Padilla Beltrán, en su origen se convirtió en un espacio para la exclusividad de las familias acaudaladas de la época. De 1920 a 1970 tres generaciones configuraron el público asiduo a este espacio.

En el cuaderno de divulgación Historia del Casino Culiacán se señala que el 5 de junio de 1943 fue inaugurado. La obra estuvo a cargo del arquitecto Constantino Haza Peralta (sobrino nieto de Ángela Peralta).
“El arquitecto Alejandro Ochoa Vega señala que es uno de los edificios del movimiento moderno de Culiacán, que es de las primeras construcciones que utiliza el uso de concreto armado en su entrepiso y en la puerta de ingreso, y en las escaleras sobresale el art déco.”
En la planta baja contaba con cuatro salones para despacho o comercio, un salón para gimnasio con graderías para espectadores. Dos baños en la planta alta, un salón de baile, dos terrazas, sanitario para damas, sala de descanso, departamento de cantina y departamento de cocina.
“En su momento, el edificio debió de parecerles imponente por sus grandes dimensiones, estilo modernista, y por el significado de poder que representaba para la vida cotidiana de la ciudad”.
Fue la misma modernidad de la ciudad que le dio vida al Casino y los cambios culturales de sus habitantes lo llevaron poco a poco a un proceso de deterioro.
Quedó en completo abandono durante casi 20 años. Funcionó como basurero y baño público. En 1994 a través del entonces Difocur, se retomó como espacio cultural, volviendo a quedar casi en el olvido.
Se pensó para albergar en un inicio la Biblioteca Gilberto Owen, se descartó por la “peligrosidad” y ruido por su ubicación. Ahora se anunció como Museo del Patrimonio Sinaloense, aunque solo en papel.
Artículo publicado el 06 de octubre de 2024 en la edición 1132 del semanario Ríodoce.






