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El Casino Culiacán: del glamour a casa de la cultura

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El Casino de la Cultura Culiacán ha marcado la vida cultural de Sinaloa; primero como un centro de baile que acogió a la élite, después como restaurante, librería, biblioteca y próximamente como Casa de la Cultura/Museo.

De acuerdo al historiador Francisco Padilla Beltrán, en su origen se convirtió en un espacio para la exclusividad de las familias acaudaladas de la época. De 1920 a 1970 tres generaciones configuraron el público asiduo a este espacio.

El imponente edificio, ubicado en la avenida Álvaro Obregón, abrió sus puertas para que la ciudad de Culiacán aún con muchas carencias urbanas, mostrara el progreso.

“Sus pobladores también adquirirían una nueva estratificación social; empresarios agrícolas, banqueros, pequeños propietarios, ejidatarios, ganaderos, comerciantes, profesionistas, administradores, empleados asalariados y políticos serán los protagonistas de esta nueva realidad”, recordó el historiador.

“Fue así que el año de 1926 un grupo de jóvenes, considerando el clima de estabilidad social y con el fin de constituir una ventana por la que el turista y el hombre de negocios asomaran a la vida de Culiacán, decidieron darle vida de manera espontánea e informal al Casino de Culiacán”.

No se trató de una novedad, dijo, de manera anterior la historia de la ciudad había registrado la vida efímera del Casino Demócrata, el Casino Sinaloense, el Casino Mercantil, La Mutualista de Occidente.

Un casino para la ciudad

En el cuaderno de divulgación Historia del Casino Culiacán, Padilla Beltrán señala que en 1940 se adquirió por la asociación del casino un terreno en la avenida Álvaro Obregón y Paseo Humaya y pusieron la primera piedra.

“Un 5 de junio de 1943, con bombo y platillo, el edificio fue inaugurado, la obra del arquitecto Constantino Haza Peralta (sobrino nieto de Ángela Peralta) lucía esplendorosa y se sumaba al patrimonio arquitectónico de Culiacán”, detalló.

“El arquitecto Alejandro Ochoa Vega señala que es uno de los edificios del movimiento moderno de Culiacán, que es de las primeras construcciones que utiliza el uso de concreto armado en su entrepiso y en la puerta de ingreso, y en las escaleras sobresale el art déco.”

En la planta baja contaba con cuatro salones para despacho o comercio, un salón para gimnasio con graderías para espectadores. Dos baños en la planta alta, un salón de baile, dos terrazas, sanitario para damas, sala de descanso, departamento de cantina y departamento de cocina.

“En su momento, el edificio debió de parecerles imponente por sus grandes dimensiones, estilo modernista, y por el significado de poder que representaba para la vida cotidiana de la ciudad”.

En este lugar, la fiesta más esperada por los socios era la cena baile de Navidad y Año Nuevo. El desfile del glamur y la belleza estaba presente, además se elegía a la reina. Por otro lado, los jóvenes, formaron el Club Naiden y organizaban el baile de Blanco y Negro.

“A esos bailes venían representantes de la colonia sinaloense en el D.F., embajadoras de clubes de Sonora, Baja California e invitaban otros clubes locales”, rememora.

“Gran parte de la vida social de la élite giraba en torno a este espacio y sus bailes, muchos de los cuales se caracterizaban por ser novedosos. El baile al revés se realizaba el día 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, había soirées para todo: juntas de damas, esposas de los socios; tardeadas dominicales, té canastas, cumpleaños de los socios, baile del sweater, etcétera.

Padilla Beltrán recuerda que la música era parte esencial en este espacio vital de la élite. Ahí se lucieron orquestas y se interpretó música para salones de categoría.

Recuerdo de una época

Debido al costo de su mantenimiento y a el desinterés de los socios que lo rentaban para todo tipo de fiestas, el viejo Casino Culiacán decayó.

“La ciudad comenzó a crecer y a tener otras formas de sociabilidad más modernas: bares, salones de baile y espacios más amplios y abiertos y con nuevas actividades lúdicas; tal fue el caso del Country Club de Culiacán, A.C, que se construyó fuera de la ciudad y fue fundado en 1966 por los que sobrevivían aún y los descendientes de esta misma élite”.

“La misma modernidad de la ciudad que le dio vida al Casino y los cambios culturales de sus habitantes lo llevaron poco a poco a un proceso de deterioro; el esplendor que lo llevó a ser el más importante club social y a obtener el reconocimiento y la admiración a nivel local y del noroeste, fue quedando en la nostalgia”.

Quedó en completo abandono durante casi 20 años. Funcionó como basurero y de baño público, pero fue en 1994 que a través del entonces Difocur, se retomó.

Un nuevo esplendor

Aunque se pensó para albergar, en un inicio, la Biblioteca Gilberto Owen, se descartó por la “peligrosidad” y ruido de su ubicación, recientemente se anunció como Museo del Patrimonio Sinaloense.

El propio gobernador Rubén Rocha Moya anunció que estará listo antes de que termine su periodo.

Se contempla resguardar ahí piezas arqueológicas y lo más relevante de la cultura en el estado.

Artículo publicado el 4 de septiembre de 2022 en la edición 1023 del semanario Ríodoce.

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