Desde el primer día de trabajo de Eva (Nancy Dupláa) como seguridad en un museo, Goyo (Nicolás Furtado), quien es guía en ese lugar, queda embelesado con su belleza. Mientras su hermano Matute (Pablo Rago) lo alienta a que le hable y lo instruye en cómo hacerlo, su hermana Saula (Soledad Villamil) le insiste que vaya despacio y con cuidado, no solo porque la señora es casada, tiene dos hijos (Zeus Milo; Balthazar Murillo) y está molesta con su esposo (Diego Alonso Gómez), sino porque el enamorado vive con Asperger y no quiere que se ilusione y termine lastimado.
Efectivamente, el gran logro de Goyo (Argentina/2024), dirigida por Marcos Carnevale, es exponer el tema del síndrome de Asperger, que podría manifestarse en aislamiento social, ansiedad, enfado, temor, impulsividad, agresión, comportamiento compulsivo, depresión, tics y movimientos repetitivos, entre otros aspectos, porque eso podría contribuir a que se conozca más este trastorno que forma parte del espectro autista, para empatizar con quienes lo padecen. Además de que no son frecuentes ni abundan películas similares, aunque sí las hay: Locos de amor (2005) es un ejemplo, de mayores alcances, por cierto.
La cinta con guion del propio Carnevale es oportuna para dejar claro que estas personas se comportan diferente a la mayoría, pero eso no significa que estén mal o se les daba rechazar, relegar o discriminar. Al contrario, es una aceptable opción que muestra mucho de lo que alguien como Goyo puede llegar a hacer, aunque también aborda los riesgos y consecuencias, no solo de lo que él diga o haga, sino de las palabras y acciones que expresan y realizan quienes están a su alrededor.
Hasta ahí, medianamente, el filme funciona, sobre todo por su mensaje que intenta ilustrar, instruir y educar con respecto a un tema poco frecuente en la cinematografía y no muy conocido en la realidad –hay que recordar que el realizador tiene cierta habilidad para (quizás) sensibilizar en temáticas no tan habituales en el cine, como el amor de pareja en la vejez (Elsa & Fred, 2005), el síndrome de Down (Anita, 2009) o de las personas que no se acomplejan de su baja estatura (Corazón de León, 2013).
Sin embargo, la película recién estrenada en Netflix, que logró estar entre las 10 más vistas, tiene desventajas en su forma, y es inevitable ignorarlas: se le podría ubicar en el género romántico, por lo que, ya con eso, se entiende que su narrativa es sencilla y predecible. Desde los muy primeros minutos se sabe a dónde va la trama, cuál es el conflicto y en qué acabaría, y se acierta. Estas debilidades no la hacen, necesariamente, un producto malo, aunque sí uno poco atractivo e interesante.
También, la cinta falla en desaprovechar a su elenco, el cual no destaca de acuerdo con la capacidad que realmente poseen, y como ya lo han demostrado en otras producciones, especialmente Villamil y la gran Cecilia Roth (en una “actuación especial”, innecesaria e intrascendente). No obstante, Furtado es quien está más fuera de lugar: como una persona con Asperger, enamorada, se percibe forzado y sobre actuado la mayor parte el tiempo, o no tan “natural” como Josh Hartnett en la mencionada Locos de amor. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.






