Una mirada medio siglo atrás. 2024: año crucial

xochitl y academicos

Nada más chocante que un periodista adivino. Dueños de la versión de la historia inmediata, del pasado, se creen –nos creemos, uno por delante- también dueños del futuro y la predicción. Ese periodista con la bola mágica explica el porvenir. Se anticipa.

El párrafo inicial de esta columna estaba escrito antes de que un grupo de intelectuales mexicanos, casi todos ellos de una trayectoria impecable, poetas e historiadores admirables, firmaran un “manifiesto” donde se acusa una intención de extender el autoritarismo al periodo del presidente López Obrador y la “grave amenaza para la democracia”.

Los firmantes son veneradores confesos de Daniel Cosío Villegas –el personaje indiscutible que desentrañó el amasijo del poder incomprensible en la posrevolución–valía la pena regresar al maestro y no a sus alumnos. Leyendo y releyendo aquí y allá encontré un párrafo de su labor periodística exactamente contrario a mi afirmación. Dice Cosío Villegas:

“Agorero es quien predice sin fundamento males y desdichas; pero ¿cómo se llama el que los anuncia fundadamente? Pues adivino: ‘descubre por conjeturas alguna cosa oculta o ignorada´. Me dedicaré temporalmente a esta venerada profesión.”

Cosío Villegas, el maestro, jugó con la ironía de ser adivino. La columna en el Excélsior de Julio Scherer la titula “1969: año crucial”. Refiere que, aunque las elecciones “producen el malestar de la incertidumbre”, México se ha liberado de eso en largos periodos, el porfiriato y los periodos presidenciales que siguieron a Ávila Camacho (1946-1964). Destaca entonces que en 1969 hay un divorcio ciudadano sobre la apreciación del rumbo de México.

El desarrollo de la corta columna establece una separación entre dos apreciaciones completamente opuestas sobre la condición del país: por un lado, quienes nombra como el gobierno y los negociantes, “motores organizados de la vida nacional”, y por el otro lado quienes llama ciudadanos comunes. E insiste en ese divorcio sobre las prioridades, donde un bando hace la descripción con “complacencia y hasta fiero orgullo” y en el otro lado hay “escepticismo… crítica irritada y de condenación iracunda.”

Cambiando los nombres de los bandos, medio siglo después, la apreciación de Cosío Villegas aún calza con precisión sobre el 2024: año crucial.

Vale la pena citar en extenso otro de los párrafos de esa columna para abrir el año de 1969:

“Rara vez se produce en un país ese famoso consenso que buscan con afán gobernante y gobernados; nada es, pues, más natural (y saludable) que la desemejanza de pareceres; pero debe preocupar hondamente si toca el fondo mismo de las cosas y el camino para conseguirlas. Un observador despejado nota que la que fue de mero detalle hace 25 años, hoy es una divergencia fundamental porque se refiere a dos puntos decisivos. Uno, la forma de apreciar el progreso alcanzado hasta ahora por el país; el otro, el catálogo de prioridades, la lista de objetivos ordenados según su importancia decreciente y a cuyo logro deben aplicarse preferente y proporcionalmente los recursos nacionales, escasos por definición.”

Margen de error

(A vs B) Siguiendo con las definiciones de Cosío Villegas, este 2024 hay una saludable “desemejanza de pareceres”. En todo caso su segunda afirmación sí provocaría una divergencia de opiniones, sobre si hemos tocado fondo y debemos preocuparnos sobre “el camino para conseguirlas”.

Podría pensarse que no, porque el próximo domingo 2 de junio será la jornada electoral, con una competencia electoral razonablemente dentro de los cauces legales. Con múltiples sucesos violentos previos que van desde el asesinato de candidatos hasta la promoción de empleados de la delincuencia, con zonas imposibles para la presencia política, con acusaciones graves a quienes detentan el poder. Sin embargo, hasta ahora los actores se mantienen aun en el camino legal.

La terca realidad nunca es simple, menos sencilla de explicar. Ni hace 50 años con una mente brillante como la de Cosío Villegas, como tampoco ahora. Pero siempre será mejor tomar una distancia de los hechos, ampliar la visión lo más posible, extender los sucesos en la historia.

Nadie se llame a sorprendido sobre el 2024, porque ha existido 1969.

Primera cita

(Gobierno personal) Muchos de los alumnos de Cosío Villegas comparan al presidente López Obrador con los personajes que tanto definió su maestro. Los presidentes poderosos de la etapa priista. En eso no hay ninguna acotación a lo que afirmaba Cosío Villegas: “En México cuentan desmesuradamente las personas y poquísimo las instituciones.”

Mirilla

(24) A pesar de las múltiples similitudes del México después de la matanza de Tlatelolco, al actual, hay muchas categorías de interés en aquel entonces hoy superadas. Ya no hay un tapado (la carta que desde el poder se jugaba para suceder al presidente), del que tanto escribió Cosío Villegas. Las elecciones ya no son un mero trámite en la mayoría de los municipios, estados, e incluso en el país, como sí lo era en los 70’s. Ganaban los mismos, y la disputa por el poder era por debajo de las mesas.

Ahora los ciudadanos no están ajenos a la contienda electoral, aún muy lejos de involucrarse en la cosa pública, pero en su mayoría se mantienen participativos. Quizás en eso radique una de las mayores diferencias entre una época histórica y otra (PUNTO).

Artículo publicado el 26 de mayo de 2024 en la edición 1113 del semanario Ríodoce.

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