Hubo camarón, pero no precio

PESCA. Mala temporada.

El crustáceo café retardó su arribo a los criaderos

Don Efraín Díaz Carabeo desmontó los tangones y la red churupera de su panga unas pocas horas antes de que la veda al camarón comenzara en el Pacífico Mexicano, desde Chiapas hasta el golfo de Santa Clara, en Baja California.

Él desmanteló su embarcación porque cambiaría de especie de pesca, ahora va por la jaiba.

Y para ello, compró lisa y abasteció su hielera, pues las trampas de jaiba ya las había alistado desde semas atrás, cuando la experiencia de 40 años pescando le dictaba que la prohibición estaba muy cerca ya. La vida no se equivocó con Don Efraín y este 20 de marzo, el gobierno Federal decretó el fin de la temporada de captura de camarón e inició la prohibición para dar tiempo a la especie de que repoblara las aguas nacionales.

Tomó el pescado más grande y lo preparó para freírlo. Ese sería su desayuno del jueves para luego hacerse a la mar y poner la carnada en las trampas y tener un mes más de actividad, antes de que la crisis de 60 días llegue a los campos pesqueros.

Don Efraín asegura que la zafra camaronera no estuvo buena, porque los pescadores no ganaron dinero, pero tampoco fue un año de pérdida, como los anteriores.

“Ahora sí hubo camarón, pero no precio. Las tallas estuvieron tolerables por el mercado, pero los costos no superaron nunca una barrera y eso provocó que no hubiera ganancias. Ganamos muy poco, nada bueno, pero el mar así es, y los mercados, pues esos les tocan al Gobierno regular, pero sabemos que ahora es otro tiempo, y ya no entendemos las cosas”, asegura el hombre de más de 60 años de edad, que cuenta que tiene una pensión y que con ese ingreso pasará la crisis de desempleo que se avecina.

Él como los casi 200 pescadores de Paredones, en el municipio de Ahome, se duelen de lo mismo. La falta de precio del camarón.

En el campo, los introductores compraban el kilo de camarón hasta en 30 pesos para revenderlo en 100 pesos en el mercado. “Con los 30 pesos no pagabas ni la gasolina, pero había que aguantar y esperar los mejores tiempos. Los mejores tiempos nunca llegaron y el precio no aumentó más allá de los 100 pesos por kilo”, expone el veterano pescador.

Mientras amarra su lancha en el embarcadero y coloca una tara en la hielera para evitar que los pelícanos la abran y le roben las lisas, explica que en marzo y abril aún hay esperanza de trabajo en el mar, pero entrando mayo, todo termina, y comienzan dos meses de hambre y miseria, que terminan en julio, cuando se abre una nueva temporada de pesca de camarón.

Ahora el gobierno tendrá una situación más dura con la gente de los campos, porque el camarón no tuvo precio y las familias no tienen ahorros.

Ocasionalmente se aventurará a la pesca de escama durante mayo y junio, que es cuando de verdad no hay trabajo.

Delfino García Valenzuela, directivo de la cooperativa “Eustaquio Urías Valdez” de Paredones, ratificó la percepción de don Efraín explicando que todos los pescadores organizados salieron “a manos todos”, pues el precio tumbó los buenos volúmenes y las tallas del producto.

EFRAÍN DÍAZ.

“Ahora sí hubo cantidad, tallas comerciales, pero el precio fue muy malo. Lo que ganamos en el mar, lo perdimos en la venta. Son cosas de mercado, y fue así, porque hubo mucho camarón de importación de Perú y Ecuador, que tumbó el precio”, dijo.

De no haber sido por una gestión ante el gobierno de Sinaloa, las cooperativas hubieran perdido y muchos se estarían lamentando, sostuvo García Valenzuela.

La opción ahora es la jaiba, y algunos trabajos agrícolas en empaques; después, en mayo, no habrá nada y la crisis habrá llegado de nuevo a los campos pesqueros.

La posición de Delfino fue secundada por José Alfonso Chaparro Bojórquez, presidente de la Federación de Cooperativas Ribereñas Siglo XXI, quien afirmó que ningún colectivo logró utilidad porque el camarón no tuvo precio redituable debido a la importación disfrazada por comercializadores y a lo blando de las fronteras, pero también por las políticas permisivas del gobierno Federal y por el retiro de subsidios que abarataron los costos de producción.

Los precios bajos del producto fueron resultado de una cadena de errores y omisiones en las políticas públicas, contra las que los pescadores no tuvieron defensa alguna porque ningún legislador, local o federal, escuchó los reclamos, dijo.

Para Chaparro Bojórquez la temporada que recién concluyó fue de mala a muy mala por los precios, no por la producción, que contrario a las últimas zafras, fue mejorando conforme transcurría.

“Pero al final, el resultado, no fue el deseado. El mercado jugó en contra. Muchos lograron pagar los escasos créditos que concedieron las empresas, pero no tuvieron utilidad. Al menos, no terminaron con pérdida, y eso es bueno, pero insuficiente para sostener la actividad primaria de la pesca”.

Artículo publicado el 31 de marzo de 2024 en la edición 1105 del semanario Ríodoce.

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