Sentencian a autor intelectual y a pistolero en un asesinato por encargo

Sentencian a autor intelectual y a pistolero en un asesinato por encargo

Buscó saldar una deuda matando al acreedor

Los dos hombres no mostraron remordimientos e impávidos escucharon cómo el juez de control y enjuiciamiento penal les dictaba 36 años de cárcel por haber armado un complot para asesinar al hombre que durante mucho tiempo había apadrinado en los negocios a uno de ellos.

La sangre fría con que tomaron la situación este viernes, fue la misma que mantuvieron durante el mes que duró el juicio oral por los cargos de homicidio calificado con premeditación ejecutado por retribución dada en el proceso 4/2020, que para entonces acumulaba 44 meses desde que se cometió el asesinato hasta la sentencia.

Según los cargos de la Unidad de Homicidios Dolosos, Maximiliano Flores Estrada, conocido en el mundo agrícola como el “Maxdifícil” pagó asesinos para matar a Luciano Flores Estrada, a quien le adeudaba 750 mil pesos de un préstamo de avío, y Uriel Alexis Ibarra Domínguez, el “Narizón”, recibió 60 mil pesos como retribución por matar el 15 de octubre del 2019 al productor agrícola, tras emboscarlo en su propia casa, ubicada en la calle Río Évora, en la colonia Scally, en Los Mochis.

El asesinato lo planeo y ejecutó en complicidad de Josgar Fabián Álvarez Machado, el “Grillo”, quien un año antes aceptó la oferta de la Fiscalía de Justicia de pasar 17 años a la sombra declarándose culpable.
De los dos, sentenciados, sólo Uriel Alexis mostró nerviosismo ocasional, pues contrario a lo sucedido en el juicio, ahora, a unos metros de él, estaban la esposa y tres de las hijas de su víctima.

Él no las vio de frente, sino con el rabillo de sus ojos. Ellas lo atraparon en la acción, y mantuvieron la cordura. En poco menos de una hora, el juez, despachó la audiencia y notificó la sentencia de 36 años de cárcel para ambos, autor intelectual y material del crimen.

De las investigaciones desahogadas en el juicio, resultó que Maximiliano frecuentaba a Luciano e incluso tenían amistad, al grado de que el agricultor le asesoraba en la forma de administrar el negocio para hacerlo rentable, dado que, a través de los años, este había logrado consolidar su agrícola al grado de innovar en la exportación de chiles, arándano, y de aumentar los rendimientos en maíz blanco y frijol.

“Era tal la confianza y la amistad, que mi padre le prestaba dinero, aunque ese no era su negocio, porque siempre quería ayudarle a que fuera exitoso. Nosotros le pedimos muchas veces que ya no lo hiciera, porque era tiempo perdido, pero él nos insistía que mientras estuviera en posición de ayudarle, lo haría. Ese mismo pensamiento lo practicaba con casi 900 personas que en temporada trabajaban con nosotros… pero le pagó así a mi padre… nunca lo pensamos, porque él entraba a nuestra casa… incluso su familia era recibida”, declaró en el juicio Franciela, la hija mayor de Luciano.

En su comparecencia llamada por la fiscalía y la defensa, muchas veces se dobló, y el llanto le interrumpió, pero en todas ellas se recompuso al grado que tuvo el valor de mirar a los ojos al que había mandado matar a su padre, y cuando le tocó el turno de ver a quien jaló el gatillo de la pistola reglamentaria, le dijo “veo remordimiento en su mirada”; a él, ella no lo reconoció, pese a que el día de los hechos, una de las dos balas disparadas perforó el cristal de la cocina en donde se encontraba y lo tuvo a tan corta distancia que fue en su persecución. “Estaba en shock, por ver a mi papá caer, lleno de sangre, sin moverse”.

Franciela es firme, no cae en las provocaciones de la defensa, y cierra su única participación en el juicio, con su frase dirigida al juez “… a pesar de lo que hicieron, no les deseo mal, a nadie… eso nos enseñó mi padre”; sin embargo, al igual que su hermano, Carlos Alberto, ella también exige justicia.

En la serie de testimonios, los investigadores ubicaron que los ahora sentenciados vigilaron a su víctima durante días, esperando el momento propicio para matarlo; planearon la ruta de escape y la forma de acercarse, incluso, cuando decidieron aventarse el homicidio, implicaron a un concuño del “Narizón”. El involucramiento involuntario de Juan Carlos fue también el hilo que desmadejó el complot pues este era propietario de un auto Ford Mustang que por estar arreglado para arrancones estaba tuneado de manera única, llamativa.

Así comenzó la pesquisa en la que testigos comenzaron a declarar lo que vieron esa tarde y días anteriores, hasta que los autores materiales fueron identificados, y posteriormente capturados. Maximiliano fue también atrapado, iniciándose el proceso criminal del único caso en donde un autor intelectual ha sido procesado y sentenciado.

Durante el juicio, la defensa buscó restar credibilidad a las investigaciones y a los testigos, pero fue insuficiente y no lograron demostrar lo contrario.

Sin embargo, en su hipótesis del caso consideraron que todos los testigos son circunstanciales, sin evidencia plena que deje más allá de una duda razonable la participación de sus clientes.

Artículo publicado el 28 de mayo de 2023 en la edición 1061 del semanario Ríodoce.

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