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Lo que el Tren Maya podría arrasar

Guillermo de Anda, explora por primera vez la Cueva Balamkú, la cual contiene al menos 7 ofrendas milenarias mayas, ubicada en las entrañas de Chichén Itzá. Foto Karla Ortega GAM-INAH.

Hasta el momento se han podido poner a salvo los hallazgos en superficie, pero ahora la amenaza se cierne sobre el sistema de cuevas inundadas más grande del mundo, que es esencial para los ecosistemas y para la investigación científica

Los antiguos mayas veneraban la relación con la naturaleza. Representaban el centro del universo como una gran cueva de la que emergía una enorme ceiba sagrada que sostenía el cielo y cuatro grandes ramas surtían el agua de lluvia para que brotara la vida en la Tierra.

Hoy sabemos, de acuerdo con datos del Quintana Roo Speleological Survey, de la existencia de 1 mil 650 cuevas sumergidas que suman cerca de 1 mil 400 kilómetros de pasajes inundados que alcanzan hasta 120 metros de profundidad. Una especie de caja negra que guarda la historia más remota y profunda del continente americano.

Este sistema de cuevas y cenotes, que durante los últimos años ha arrojado información sobre la huella humana y las poblaciones de fauna en el continente, está hoy en riesgo de ser impactado por la construcción del Tren Maya, particularmente en el Tramo 5 que va de Tulum a Playa del Carmen, si no se atienden los señalamientos de los especialistas en arqueología subacuática, ecología, biodiversidad e hidrogeología.

Incensario con la imagen de Tláloc, en la Cueva Balamkú. (Foto Karla Ortega GAM-INAH).

Numerosos arqueólogos y espeleólogos, exploradores y estudiosos de las cuevas en la Península de Yucatán han mostrado preocupación por el nuevo trazo del proyecto ferroviario a través de la selva. No se trata de una oposición tajante o caprichosa, sino del genuino interés porque el impacto sea el menor posible en una área de gran interés para la ciencia por el número significativo de sitios paleontológicos y arqueológicos tanto en superficie como al interior de las cuevas inundadas, con información que aún se desconoce y que podría perderse.

Este sistema de cuevas y cenotes, además de su valor inobjetable en términos de biodiversidad y equilibrio ecológico —es la reserva de agua más importante del país— guarda la huella humana de por lo menos 14 mil años, por la presencia de poblaciones nómadas de cazadores recolectores (los ejemplares remotos de Naia, Naharon, Chan Hol, Las Palmas, descubiertos en estas cuevas dan cuenta de ello); fauna fósil del Pleistoceno, de aproximadamente 2 millones de años, y construcciones subterráneas de la cultura maya, muchas aún desconocidas.

“Es una zona irrepetible en el mundo”, dice el arqueólogo subacuático, Guillermo de Anda Alanís.

Cueva Paamul II RHQ 2017 altar circular con columna (Foto: Ernesto Contreras).

A principios del 2018, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través del proyecto arqueológico Gran Acuífero Maya (GAM) que dirige De Anda Alanís, anunció la conexión de Sac Actún, un sistema de cuevas subacuáticas ubicado al noreste de Tulum, Quintana Roo, con el sistema Dos Ojos, lograda por el investigador Robert Schmittner, luego de una búsqueda por más de 30 años. Sac Actún, ahora conectado con Dos Ojos, suma 347 kilómetros de extensión y junto con otros cuerpos de agua gigantescos alcanza 710 kilómetros.

Por ello, el anuncio del cambio en el Tramo 5 de la ruta del Tren Maya ha suscitado gran preocupación. Pese a que no se sabe con exactitud cuál será el trazo definitivo, –“se ha modificado varias veces en los últimos días”–, dice Guillermo de Anda, la decisión de moverlo hacia la selva en lugar de dejarlo junto a la carretera, frente a los hoteles de la zona, pone en riesgo una extensa zona de gran valor natural y científico.

El fundador del grupo hotelero Vidanta, Daniel Jesús Chávez Morán, se ha referido al Tren Maya como “una extraordinaria herramienta que se convertirá muy pronto en una locomotora de desarrollo para el sureste de México y para todo el país”.

Sin embargo, incluso algunos empresarios hoteleros de Quintana Roo han manifestado inquietud por el impacto que la obra ferroviaria pueda tener en el sistema de cuevas subterráneas Sac Actún, considerado el más extenso del mundo, y han propuesto que el tren sólo llegue hasta Cancún y de ahí conecte con un tren ligero que transitaría a un costado de la carretera 307, como originalmente se había planteado, y no por en medio de la selva, pues allí el impacto sería menor, ya que es una zona urbanizada.

“Apelo al buen juicio de las autoridades del Tren Maya y a que escuchen a los especialistas, a fin de causar el menor impacto posible”, señala el arqueólogo.

Agrega que se trata de la reserva de agua subterránea más importante de México y una de las más importantes del mundo. Además, advierte, “el gran acuífero maya es un gran conector de ecosistemas, gracias a él se conecta la selva con el manglar, el manglar con el arrecife costero, y toda esa reserva de agua nutre de vida a los ecosistemas, toda la biodiversidad de flora y fauna que hace irrepetible a esta zona, y no podemos darnos el lujo de que se pierda. Tenemos que encontrar la mejor solución posible”.

Carmen Rojas en Cueva Paamul II. Foto. Cortesía

Un mundo inexplorado en riesgo

Por su parte, los arqueólogos Carmen Rojas Sandoval y Miguel Covarrubias Reina describen en su texto Mundos subterráneos de los mayas. Del mar al inframundo, que “se conocen cerca de 40 ejemplos de construcciones dentro de cavidades subterráneas en sistemas cercanos a las costas del Caribe Mexicano, entre las que se cuentan altares, oratorios, templos, recintos y un sinnúmero de muros simples, que ponen en evidencia una intensa actividad debajo de la superficie selvática”.

Botón de muestra es Balamkú, la “cueva del dios jaguar”, en las entrañas del subsuelo de Chichén Itzá, explorada en 2019 por los investigadores del Gran Acuífero Maya, cuyos hallazgos hacen suponer que se trata de un lugar de encuentro de los mayas con los dioses y un oráculo para pedir el agua.

Estructura de templo en el área maya Foto Cortesía.

Tiempos incompatibles

Los tiempos de la investigación científica parecen incompatibles con la urgencia del gobierno por avanzar en una de las obras emblemáticas del sexenio, cuya conclusión ha sido anunciada para 2023.

En junio de 2021, en una ceremonia a la que asistieron la secretaria de Cultura Alejandra Frausto, el entonces director de Fonatur, Rogelio Jiménez Pons; y el representante de la UNESCO en México, Frédéric Vacheron, se instaló el Comité Científico-Cultural del Tren Maya presidido por el neurofisiólogo Javier Velázquez, entre sus funciones se señalaron diseñar una estrategia de turismo cultural, fortalecer actividades productivas tradicionales, mapear el patrimonio histórico, examinar las expresiones del patrimonio cultural inmaterial y elaborar inventarios, y medir el impacto de las prácticas productivas en las reservas de la biosfera.

Nada se mencionó entonces sobre la investigación y conservación del patrimonio arqueológico y paleontológico, ni de los sitios subterráneos y menos aún de las formaciones kársticas que podrían verse comprometidas sin un estudio previo de mecánica de suelos.

Templo en el área Maya. Foto Cortesía

En el área de influencia del Tren Maya se localizan 30 zonas arqueológicas abiertas al público, tres de ellas son patrimonio cultural declarado por la UNESCO. Es la superficie, pero Guillermo de Anda se refiere a “la geografía de lo invisible”, al gigantesco mundo subterráneo que hoy podría estar en riesgo, “seguramente la gente que está construyendo el Tren Maya no tienen una idea clara de las dimensiones del acuífero y de lo que significa para la investigación, para la vida de los ecosistemas y para las futuras generaciones. Sencillamente, sin acuífero no hay vida en la península”, enfatiza el arqueólogo subacuático.

La mayor preocupación de los científicos es que esa información y ese patrimonio arqueológico y paleontológico subacuático se pierda sin haber sido explorado.

Por lo pronto, hay una petición en change.org ‘No al Tren Maya sobre los cenotes y cuevas de Quintana Roo’, que al momento suma casi 60 mil firmas, en la que señalan al presidente Andrés Manuel López Obrador que el nuevo trazo del Tren Maya en el Tramo 5 Sur pone en riesgo “nuestro patrimonio natural, nuestra economía regional y los daños que podría provocar serían de lamentarse por generaciones.

Artículo publicado el 27 de febrero de 2022 en la edición 996 del semanario Ríodoce.

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