El centro de Culiacán, un silencioso botín de empresarios

DERRUMBE EN UNA ZAPATERÍA. Omisiones criminales.

Se violan las reglas, nadie vigila ni supervisa y las casas se tumban por las noches

Lineamientos y estipulaciones pasadas casi siempre por alto. Una noche llegan las máquinas y derriban todo. Nadie vigila. Al día siguiente únicamente los sellos de clausura pero después de la multa o sanción, volvemos a empezar. Nadie observa las reglas.

Es así como se ha desarrollado la mayor parte de las remodelaciones en el Centro Histórico y Comercial de Culiacán, del cual ya queda muy poco. Luego de un derrumbe de una zapatería el tema cobró relevancia, y sobre la observancia, ninguna autoridad dice esta boca es mía, mientras que usuarios y comerciantes pagan las consecuencias.

El líder de la Unión de Locatarios del Centro de Culiacán (ULCC), Óscar Sánchez Beltrán, señaló que durante años esta situación se ha mantenido debido a la poca observancia en los reglamentos tanto de remodelación como en los requisitos que impone el Instituto Nacional de Antropología e Historia para los trabajos.

“El centro de Culiacán se hizo viejo”, explica Óscar, integrante del grupo que surge como respuesta a las imposiciones que la administración municipal ha tenido desde el inicio de la pandemia para con dicho sector.

“La mayor parte de las fincas tienen arriba de 50 años y hasta 100 años, fueron casas y ahora operan como locales comerciales, y a raíz de las nuevas leyes que sacó el INAH se vuelve prácticamente imposible conseguir un permiso para remodelar el centro”, añade.

Y por ese motivo muchas personas han hecho rehabilitaciones clandestinas, debilitando las estructuras de los locales. A veces con complacencia de los propietarios, a veces no, pero esta situación se ha dado, según afirman los propios locatarios y vecinos del sector.

También ha permitido que se hagan demoliciones nocturnas o por la madrugada. Un día el edificio deja de existir, quedando únicamente la fachada y sus adentros demolidos por quién sabe quién.

“Parte de la tragedia que ocurrió en la zapatería de aquí del centro tiene que ver con eso, casas muy viejas que nunca se les hizo un diagnóstico estructural por parte de las autoridades o no fue requerido, y al paso del tiempo las propiedades van sufriendo remodelaciones y tenemos este tipo de problemas”, opina Óscar Sánchez.

El ojo que nada ve

El reglamento de construcciones para el municipio de Culiacán advierte que el órgano supervisor es la Dirección de Desarrollo Urbano y Ecología. Esta dependencia es la encargada de la observancia del reglamento que dispone los lineamientos para construcción y remodelación en zonas urbanas de la ciudad.

En el artículo 7 del reglamento en el inciso cuarto indica que es facultad de dicha dirección “fijar las restricciones a que deban sujetarse las edificaciones y elementos localizados en zonas de patrimonio histórico, cultural o artístico, de acuerdo con la legislación federal y local de la materia”.

Además, en el capítulo sexto de dicho reglamento, el artículo 47 establece que “en las zonas de monumentos a que se refiere la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, o en aquellas que hayan sido determinadas por el Ayuntamiento como patrimonio arquitectónico histórico, cultural y artístico, no podrán ejecutarse nuevas construcciones, obras o instalaciones de cualquier naturaleza, sin recabar previamente la autorización de las dependencias municipales, estatales y federales competentes”.

Por eso el círculo se cierra. Cuando se requieren los permisos federales, estos no llegan o son difíciles de conseguir y con ello la construcción sigue su deterioro por el paso del tiempo. Las paredes se siguen humedeciendo y la fuerza de muros y techos viniendo a menos.

Obligarlos a marcharse

“El centro comercial de Culiacán ya no es lo mismo de hace 10 ó 15 años, hemos perdido alrededor del 50 por ciento de asistentes en general”, advierte Óscar.

Al menos el 70 por ciento de las propiedades del primer cuadro son sitios con más de 50 años de antigüedad, y el resto edificaciones relativamente nuevas o algunas nuevas. Alguien compra una propiedad y luego un edificio nuevo. Son los menos, pero existen, como un par de tiendas Oxxo construidas sobre la calle Morelos, una en la esquina con Ángel Flores y la otra en el Paseo Niños Héroes.

Letreros de esquinas puestas en venta son cada vez más notorios en ese sector. Uno, en el cruce de Donato Guerra y Ángel Flores, es visible. Otros se manejan más discretamente, entre empresarios, como sucedió con el barrio “la Garrita”, derrumbado recientemente y también parte de ese sector.

Las calles aledañas a la Morelos comienzan a tener un valor distinto, según sospecha Óscar Sánchez.

“Tenemos conocimiento de que varias esquinas están siendo compradas por corporativos de la ciudad, no quisiera aventurarme a decir quiénes porque no tengo elementos, sería irresponsable de mi parte mencionarlo lo que a vox pópuli se conoce pero de un solo ‘fregazo’ se compraron cuatro esquinas de la calle Morelos que pretenden hacer un paseo peatonal y que conecta al río con el Parque las Riberas”, consigna.

La sospecha la complementa con la idea de construcción de viviendas progresivas, departamentos o torres que alberguen un uso de suelo mixto. Enterrar esas casas de más de 50 años y sobre ellas construir un nuevo centro de Culiacán.

“Es la información que se maneja en calle aquí en el centro, y hay la especulación de que ciertas autoridades puedan estar dando pie a que se genere esta situación, lo mismo el fenómeno que se está ocurriendo en el Parque Ecológico, donde grupos de poder intentan realizar sus proyectos en determinadas zonas de la ciudad, quizá con ayuda o apoyo de ciertas autoridades, no podemos afirmarlo porque no tenemos las pruebas pero son comentarios y acciones que se ven y se puede interpretar de esa forma”.

Pero remodelación y mantenimiento siguen en suspenso. Nadie vigila. Y de noche, las casonas, se tumban.

Artículo publicado el 19 de septiembre de 2021 en la edición 973 del semanario Ríodoce.

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