abril 15, 2021 9:56 AM

Adiós a la militancia

EVELIO VADILLO. Una historia insólita.

Soy miembro de una generación que tenía un gran culto por la militancia alimentada por la lectura apresurada de libros de culto que nos revelaban historias heróicas como la de Ho Chi Min, luchando contra los colonialistas franceses, o la de los sandinistas contra el dictador Somoza; o las que tenían que ver con personajes legendarios e imbatibles como Fidel Castro y el Che Guevara; o los duros como el acero como aquel Pavel Korchagin creado por el escritor ruso Nikolái Ostrovsky, todos ellos ejemplos indelebles, que darían sentido a otras vidas que podrían descarriarse en la irrelevancia de la nada, la enajenación de las rutinas laborales o los vicios mundanos.

Había entonces que construir, autoconstruirse, una historia de militancia en organizaciones o partidos ideológicos que desde la marginalidad ofrecían tomar el cielo por asalto. No como un salto al vacío, sino un salto a la historia de aquellos olvidados de la tierra que preconizaba el martinico Frantz Fanon.

Ahí está aquella historia trágica narrada por Héctor Aguilar Camín sobre el camarada Evelio Vadillo, un joven militante comunista, que a principios de los años cuarenta, va a Moscú junto con José Revueltas, como representante al Festival Internacional de la Juventud, que se celebraba con toda la parafernalia y excitación que provocaba la Plaza Roja con ese fondo espectacular que todavía representa la bella Catedral de San Basilio.

Bien, pues el camarada Evelio Vadillo, en esos días de afirmación comunista, desaparece y Revueltas se da a la tarea de buscarlo infructuosamente, recorriendo las comandancias de policía y los hospitales, a los organizadores del festival. Y nada. No hay rastro por ningún lugar de Vadillo.

Revueltas regresa mortificado a México y da parte a la dirección del PCM, que hace gestiones burocráticas, pero sin ningún resultado positivo. Nada se sabía del camarada Vadillo.

Pasan 15 años y una tarde de mayo Revueltas recibe una llamada de un familiar de Vadillo, diciéndole que estaba de regreso el camarada. Que quería hablar con él y decirle lo que había vivido. Revueltas sale corriendo hacia un domicilio de la colonia Roma de la Ciudad de México, donde se encontró a un hombre de vejez prematura, sin cabello, sin dientes, pero con un cierto brillo de esperanza en sus ojos. Se abrazaron en silencio.

Y aquel hombre enjuto le dijo palabras más, palabras menos, que había sido detenido por unas pintas que habían aparecido en el edificio donde se hospedaba y que se le achacaban a él, y peor porque era trotskista, y una acusación de ese tamaño en esos años del periodo de entreguerras, era una maldición, te caía el mundo encima, y Vadillo fue remitido al archipiélago Gulag, campos de trabajos forzados, donde literalmente se lo acabaron físicamente pero a pesar de la tempestad que había vivido seguía siendo comunista.

Y esta fue la respuesta a una pregunta al ya disidente Revueltas sobre si el partido se había equivocado: el partido nunca se equivoca, se equivocan los hombres.

Esa era la militancia de la izquierda durante buena parte del siglo XX, personas que sacrificaban todo con tal de contribuir a la revolución, al logro de una sociedad igualitaria donde todos tendrían derecho a un trabajo y un plato de comida en la mesa. Viene a cuento esto porque esa militancia ya no existe.

Existen miembros de partidos de izquierda que en épocas electorales se dicen militantes, pero solo en esa época. El resto del tiempo viven como cualquier otro. No acompañan ni promueven otras luchas sociales. Y eso percibo en la actual circunstancia, los militantes se activan en reuniones, discusiones, sobre esta u otra candidatura, pero acatan a regañadientes las decisiones centrales. Los dirigentes partidistas conocen esa psicología por eso negocian en las alturas.

Incluso, podríamos decir que en el caso de Morena la militancia, al menos la sinaloense, en el mejor de los casos, se les trata como afiliados, pero la “propiedad” de ese bien público que son los partidos sigue siendo del presidente y su primer círculo. Nada más. Hay una ausencia de vida interna y eso lleva, a que los miembros de este partido se plieguen al ideario de su líder o, en su defecto, a figuras influyentes que han construido su poder por los apoyos que el electorado ha brindado a la marca Morena y, frecuentemente, porque son buenos para hacer relaciones públicas.

Es decir, estos no se deben a su trabajo político, sino a algo ajeno a la militancia aquella que marcó a la vieja izquierda de las características de un Vadillo o un Revueltas. Por eso el título de este artículo: adiós a la militancia.

Artículo publicado el 21 de marzo de 2021 en la edición 947 del semanario Ríodoce.

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