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Anuario 2020, Año Perdido: Exceso de muerte (Escena 7)

REGISTROS EN SINALOA. Muy por debajo de la realidad.
Foto: Rogelio Morales/Cuartoscuro.com.

Los datos oficiales en México sobre la pandemia, cumplen cabalmente con lo que en derecho civil se conoce como vicios ocultos, es decir los defectos que inicialmente no se reconocen y nadie alerta sobre ellos.

En esa situación están nuestros datos oficiales sobre la COVID: Nos ocultaron los vicios, los mantuvieron enterrados durante semanas esperando que nunca fueran descubiertos. Al paso de las semanas fueron apareciendo las inconsistencias, y las fallas estructurales que ocultaban los vicios de nuestro sistema. Todo salió a la luz por sí solo.

Es imposible que ellos mismos no estuvieran enterados que para cuando informaban sobre las muertes, en realidad habían pasado días, semanas o meses del fallecimiento.

A partir de ese momento todo se convirtió en un bailongo de números, entonces el debate sobre la emergencia sanitaria se centró en lo menos importante, como suele pasar muchas veces. Con todo lo que ha venido ocurriendo sobre esos números podemos concluir de entrada que esos datos ya no son datos, y quizás nunca lo fueron. En todo caso es una base en construcción, que por lo pronto dejó de tener la importancia inicial.

Se politizó: El gobernador de Baja California, Jaime Bonilla arremete contra la federación por lo que llama información errónea sobre la pandemia en su estado. Eso no resolverá que Baja California controle la expansión que hay de casos en Tijuana y Mexicali, pero le sirvió para vociferar sobre lo que no importa.

En las mismas anda Enrique Alfaro de Jalisco. Todos los días hace rounds de sombra buscando un enfrentamiento con el Presidente López Obrador, pero retando a Hugo López-Gatell, el Subsecretario que comanda la estrategia federal contra la COVID. Intenta desmarcarse, insistiendo que se anticipó con medidas precautorias o que sus acciones son de avanzada contra las de la federación que van a la zaga.

 

MUERTOS COVID. Datos oficiales rebasados.

El año de la pandemia, el 2020, registra el número más alto de muertes en la historia de Sinaloa, aun cuando no concluye. Concretamente el incremento de fallecimientos se concentra en dos meses, junio y julio –aunque los datos disponibles de agosto muestran un comportamiento también alto.

Si comparamos la sumatoria de defunciones en los primeros ocho meses de cada año, en los últimos 20, ninguno se acerca a las muertes ocurridas en lo que va de este 2020.

Todos los años de los que se cuenta con registro se quedan por debajo. Y eso que Sinaloa ha sufrido incrementos estratosféricos en homicidios durante varios periodos de las últimas dos décadas, aun así.

No existe en esos registros un número de muertes tan alto como el que suma hasta este momento el estado de Sinaloa, y de estos ocho meses solo seis corresponden a la pandemia por COVID-19. O al menos eso pensamos.
Durante meses la discusión se centró en la desconfianza creciente sobre las dimensiones de la pandemia, aun cuando oficialmente se den a conocer actualizaciones día con día.

Hoy queda claro que el registro oficial de muertes está por debajo de las que han ocurrido atribuibles a la pandemia.

¿De qué tamaño es la discrepancia? Es difícil establecerlo con exactitud, pero es posible detectar herramientas matemáticas para acercarse, un poco, a la realidad.

En todos los países hay un sub-registro, de distintos tamaños. México, según esos datos, se encuentra entre los más altos en el sub-registro.

Utilizando el concepto de exceso de muertes, México y Sinaloa, tendrían que multiplicar por dos, mínimo, el número de muertes por COVID, para acercarse a la realidad.

 

AMLO. El país dividido.

 

La tercera pandemia (Escena 8)

Hay que temer a las desgracias por la sencilla razón que nunca llegan solas.

Antes de la pandemia de salud, que llevó a la pandemia económica, el país estaba sumido en una enfermedad que amenazaba con separar al país, dividirlo y posiblemente enfrentarlo. Hoy es una tercera pandemia, que antecede a las otras dos y que solo entendimos su gravedad cuando llegaron las otras plagas.

La tercera pandemia es una enfermedad política que tiene envenenada a la opinión publicada, que lanza millones de dardos ponzoñosos al día por redes sociales, y que tiene al país en este momento en un punto irreconciliable.

Desde el arribo a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, el enfrentamiento en distintos niveles sociales tomó tintes de enfermedad –primero-, de epidemia después y ahora es una clara pandemia. Sin duda.

Se equivocan quienes dicen que el país empezó a dividirse en los dos años recientes. México ya estaba dividido. Se acentuó, ahí el Presidente López Obrador tiene que asumir la responsabilidad que le toca. Pero no solo es él, también quienes a su alrededor tampoco hacen nada por buscar una ruta de reconciliación social.

Lo mismo quienes se asumen del lado opuesto a López Obrador. Son ellos también quienes por decisión propia dicen, pregonan, y hasta presumen estar del lado contrario. Unos y otros, cual porras distintas de un encuentro deportivo entre dos potencias irreconciliables: Brasil vs Italia, Argentina vs Inglaterra, Real Madrid vs Barcelona.
Se trata de modos de vida distintos.

Artículo publicado el 27 de diciembre de 2020 en la edición 935 del semanario Ríodoce.

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