agosto 4, 2020 1:16 PM

Choix: el otro dolor de cabeza de la SSPE

JUAN CARLOS. No hubo regreso.

Quema de ranchos, desplazados, asesinatos, desaparecidos, a la orden del día

El municipio serrano de Choix es la demarcación que convulsiona en el norte de Sinaloa, atravesado por una violencia galopante que está diezmando a la población económicamente activa, desterrando a los pobladores originarios, sin que autoridad pueda frenar las embestidas del grupo delictivo agresor.

Lea: En Choix un pueblo burla la muerte, pero es arrasado https://bit.ly/2NI7wPw

En ese municipio todos tienen miedo, hasta la autoridad municipal. Nadie toca el tema abiertamente y menos quiere aparecer en público. Una grabadora, un celular o una cámara les causan pavor. La sola pregunta los enmudece, y en ese silencio, la comunidad sigue aportando los muertos, mientras que las gavillas se han posicionado de los caminos, despojado los bienes y esclavizado a los moradores disponiendo a placer de vidas ajenas.

Eso fue lo que le ocurrió a Juan Carlos Cruz Vega, quien vivía sin sobresaltos en la colonia Reforma, en Choix, durante la mayor parte de su vida.

Allá, él trabajaba en lo que pudiera, pues no era letrado. A veces de peón de albañil, otras ocasiones de vaquero, se empleaba para ganar dinero y adquirir la droga que al igual que a otros jóvenes de su barriada lo había atrapado también.

A la muerte de su padre, su madre emigró a Ahome y se quedó en el ejido 5 de Mayo, distante a unos 3 kilómetros de la cabecera municipal. De allí desapareció, el 31 de mayo. Hoy él es un fantasma, un desaparecido más.

Una semana antes de esfumarse, se había enterado que su casa en Choix era un picadero de drogadictos, y regresó para recuperarla. La limpió de cabo a rabo, y eligió la azotea para dormir, como vigilia, pues la vivienda de desvalijada hasta quedó en solo muros.

La mañana del martes 26 de mayo, llegó una volanta de la policía municipal y hombres de civil armados lo sometieron. Le dieron una golpiza y esposado se lo llevaron a los separos, en donde fue torturado por dos días. Casi moribundo lo liberaron, porque su familia comenzó a buscarlo.

Lo encontraron vagando en Choix, desorientado. Como pudieron, lo condujeron con su madre y allí convaleció.
Pero ese domingo 31 de mayo, pidió monedas para un refresco. Abordó su bicicleta y se fue al Oxxo. En el trayecto, él se esfumó.

El caso lo reportaron al colectivo Rastreadoras de El Fuerte, que lo anotaron en sus fichas.

La familia, que teme por su propia vida y la de otros integrantes y por tanto solicitaron anonimato, cree que los policías de Choix se lo llevaron del ejido 5 de Mayo, o desapareció por encargo de ellos, pero se niegan a interponer la denuncia de hechos hasta tener indicios firmes.

“Tememos que arrasen con la familia, como ya ha sucedido en Choix”, dijo una mujer que se animó a darle voz a su hermano ausente.

El temor en ella es fundado en que en el municipio serrano, en donde Juan Carlos nació hace 34 años, se libra una lucha de exterminio entre grupos que son conocidos entre la comunidad, pero que la autoridad se niega a identificar.

En esa lucha han sido asesinados vaqueros, jornaleros, campesinos, peones de albañil y hombres que nada tenían que ver en los conflictos por arrancar territorios propios a indígenas, hacendados y hasta a familia de políticos, y la defensa de estos.

En la tercera semana de junio, del 14 de junio al 20 de junio, cuatro personas de bajísimos recursos económicos fueron privados de la libertad, torturados, asesinados a balazos, envueltos en plástico, atados con cuerdas y abandonados a la orilla de caminos.

Dos de ellos fueron identificados como Luis “N” y Jacobo “L”. El primero era un vaquero fuereño que tenía años avecindado en Choix, y el segundo era un peón de albañil nativo.

Ambos se conocían, por haber trabajado eventualmente en un mismo rancho.

Las otras dos víctimas que fueron encontradas en un camino vecinal que une Las Rastras con Toypaque, el 21 de junio, y un tercer ejecutado fue localizado en Tabucahui.

Días antes, el 17 de junio, dos cuerpos “embolsados” fueron descubiertos por los habitantes en la Canastilla. Tenían la marca de la casa: privados de la libertad, torturados y ejecutados.

El 12 de junio, en el camino a El Reparo, se localizó la primera envoltura macabra. Era un joven.

Hasta el momento, la Vicefiscalía Regional de Justicia en esta ciudad se blindó para que sus funcionarios no tocasen el tema. El silencio de los burócratas por incapacidad u omisión es evidente. En esa dependencia callar es la forma de resolver los casos de homicidios. No atender las desapariciones es otra de las tácticas legales. La vida cómoda del sujeto obligado a procurar justicia contrasta con la tristeza y la rabia de los deudos.

Los sierreños siguen poniendo los muertos. Y en especial, los sierrenos de la comunidad de El Vado, que poco a poco van siendo diezmados. Es allí, en la periferia de Choix, en donde todo comenzó, con la ejecución de Félix Jacobo, apenas al principio del 2020 cuando él y tres de sus trabajadores y un amigo de estos fueron ejecutados a mansalva.

Con la suma de todo, Cristóbal Castañeda Camarillo, Secretario de Seguridad Pública de Sinaloa reconoció que Choix es el segundo punto que convulsiona a la entidad, después de El Tepuche, en Culiacán.

Artículo publicado el 28 de junio de 2020 en la edición 909 del semanario Ríodoce.

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RÍODOCE EDICIÓN 914
02 de agosto del 2020
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