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Cine: ‘Ya no estoy aquí’

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La presentación de Ya no estoy aquí (México/2019) en el Festival Internacional de Cine de Morelia el año pasado le valió los premios a mejor película y el del público, y no es para menos, la cinta es una de las más logradas de los últimos años: con su tema, el lugar donde lo ubica y la forma en la que lo expone, consigue, como su protagonista, hacerse de una identidad propia.

La película escrita y dirigida por Fernando Frías de la Parra (Rezeta, 2012), disponible en Netflix, es una muestra de que, en México, también, se hace cine interesante y de buena calidad, y no solo comedias malas, simplonas, tontas y vacías –no es el único realizador sobresaliente, ni tampoco todas las comedias son mediocres: hay muchos directores muy capaces, y filmes de cualquier calidad sin importar su género.

La mayor maldad de Ulises (Juan Daniel García Treviño) y los demás miembros Los Terkos es quitarle unos cuantos pesos a algún estudiante despistado, pero la actividad preferida de esa pandilla del barrio kolombiano de Monterrey es escuchar y bailar cumbia. Sin embargo, un malentendido con el crimen organizado que controla esa área obliga a Ulises huir a Nueva York, donde muy pronto se enfrenta a diferentes barreras que lo llevan de un lado a otro sin poder encontrar su lugar en esa ciudad.

Uno de los mayores logros de Frías de la Parra es mostrar impecablemente esa subcultura de Monterrey denominada Kolombias, cholombias o colombias, por su excesivo gusto de la cumbia y el vallenato, originarios de aquel país sudamericano. Este grupo, que proliferó hasta inicios de este siglo, imprimió su sello a ese género musical y creo la “cumbia rebajada” (a velocidad más lenta, floja o aguada), que se bailaba de manera particular (arqueados hacia adelante, moviendo los brazos y las piernas hacia el centro). La banda, además, tenía su propia forma de vestirse (ropa holgada, de colores y estampados llamativos) y peinarse (cabello largo a la altura de las patillas, con flequillo, copete arriba y rapa atrás y a los lados).

Ese registro preciso de los kolombias se nota más al ver a Los Terkos, esa pandilla que solo quiere escuchar cumbias y bailar, aunque es obvio que el director recurre a actores no profesionales, chavos que en realidad pertenecen a esa área montañosa de La Sultana del Norte –inevitablemente, viene a la mente La vendedora de rosas (1998), la impactante y controversial cinta de Víctor Gaviria, quien, por cierto, utilizó recursos similares para retratar los barrios de Medellín. ​​

De ese clan destaca García Treviño, con experiencia en la música y muy poca en la actuación, logra un Ulises impresionante: baila, habla y se comporta como todo un kolombia, sin importarle dónde ni con quién esté –en su estancia en Nueva York, si nada de inglés, convive con una chava (Xueming Angelina Chen) que no sabe español: le lanza palabras y frases con una naturalidad y una fluidez, como si ella, en verdad, lo entendiera.

Con una narración ágil, una fotografía sobresaliente y una música contagiosa, Ya no estoy aquí no escapa a la crítica de esa sociedad que en medio de violencia, crimen, delincuencia y carencias es capaz de mostrar solidaridad, fraternidad, empatía y gozar la vida. No se la pierda… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 07 de junio de 2020 en la edición 906 del semanario Ríodoce.

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