julio 6, 2020 2:37 PM

Defender el proyecto con ideales, no con dogmas

energia eolica

A finales de abril, en medio de la pandemia, que nos metió de lleno al peor desastre sanitario –y nos lleva al peor desastre económico en los últimos cien años—el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE), emitió un acuerdo en nombre de “la eficiencia, calidad, confiabilidad, continuidad y seguridad del Sistema Eléctrico Nacional”. Se trataba, en esencia, de frenar el avance de la producción de energía eólica y solar para fortalecer el proyecto energético de la cuarta transformación, que, en materia eléctrica tiene contemplado, entre otras cosas, modernizar 60 plantas termoeléctricas en el país, que consumen petróleo y carbón. A partir del acuerdo se suspendieron todas aquellas plantas eléctricas que estaban haciendo pruebas de operación, bajo el argumento de que estos proyectos pondrían en riesgo la estabilidad del Sistema Eléctrico Nacional.

Es verdad que con ello se pone en riesgo la inversión de decenas de empresas, que no es poca, y por ello la medida encontró respuesta inmediata en el sector empresarial, pero también jurídica, con una lluvia de amparos que ya el Poder Judicial ha canalizado, por lo pronto, a favor de las compañías. La otra respuesta ha sido bajo el enfoque ecologista, aunque con tufos de hipocresía muy evidentes.

Si de preservar el medio ambiente se trata, no solo contaminan el carbón o el petróleo con que se produce tradicionalmente la energía eléctrica; también lo hacen las nuevas tecnologías pero de una forma, si se quiere llamar así, más sutil, pues los ventiladores que producen energía eólica contaminan visualmente el ambiente. En las ciudades, por ejemplo, se regula la instalación de anuncios espectaculares porque dañan el ambiente.

Hace algunas semanas, durante un paseo por La Rumorosa, el presidente Andrés Manuel López Obrador se quejó de la indolencia del neoliberalismo, que permitió que se instalaran parques eólicos que afean el paisaje. Ya, desde entonces, y antes, se sabía hacia dónde iba el presidente, casado por todas las leyes con un proyecto energético que despierta muchas dudas por su aparente inviabilidad.

Que los ventiladores “atrapan el aire de las comunidades indígenas”, como lo dijo el titular de la Semarnat, Víctor Manuel Toledo, es una exageración tan burda como aquella del secretario del Comunicaciones, Javier Jiménez Espriú, cuando defendía el proyecto de Santa Lucía, y dijo que “los aviones en el aire se repelen. Hay formas menos torpes de defender un proyecto.

Si las plantas eólicas y solares fueron autorizadas en medio de la corrupción, a través de “contratos leoninos”, como defendió López Obrador, pues que se ponga fin a estas prácticas y se castigue a los responsables si todavía hay manera. Y que se defienda un proyecto de Nación –hay derecho, para eso ganaron una elección y de manera contundente–, que aparece allí en el trasfondo de la medida, pero que al momento de aplicar este proyecto, que al menos se trace una ruta crítica para el convencimiento de la sociedad y, sobre todo del sector que, en principio, resultará afectado, que es el empresarial, nacional y extranjero.

Una medida como la que se ha tomado va directo al corazón de la confianza que el empresariado debe tener en un gobierno para invertir. Y lacerar esa confianza en un momento como el que estamos viviendo, en donde la única certidumbre es que la economía se va a estancar, es realmente incomprensible. Hay que luchar contra la corrupción, no ceder, castigar, cerrarle el paso. Pero el país necesita avanzar, crecer, distribuir mejor la riqueza que genera. Y para eso hay que evitar que los objetivos, los propósitos, lo ideales, se conviertan en dogmas. Porque cuando esto ocurre el pensamiento se nubla. Y lo que más se requiere en un momento como este, es un gobierno con absoluta claridad de lo que debe hacer.

Bola y cadena

UNO DE LOS SECTORES que más rápidamente se vio afectado por la pandemia fue el turismo, porque éste requiere movilidad y la pandemia exige parálisis.  Pasarán muchos años para que se recupere en el mundo. En México, hay destinos, como Mazatlán, que dependen básicamente del turismo nacional y por ello será menos tortuosa su recuperación. Si los extranjeros no querrán viajar a otros países, los mexicanos si lo harán en su propio país. Incluso los que tradicionalmente van al extranjero, ahora preferirán, para reducir riesgos, viajar a los destinos nacionales. Ojalá. Mazatlán lo merece.

Sentido contrario

QUIÉN SABE PORQUÉ EL GOBIERNO FEDERAL mantiene su política de estar desinformando. Tal vez lo haga para que la incertidumbre no termine por desbarrancar la economía. Desde hace semanas se habla de que ya “domamos la pandemia”, que ya casi llegamos al pico de la curva, de que ya hay un plan para reactivar la economía en los próximos días. ¿No sería mejor aceptar y con ello alertar a la población que vamos camino a estar como España e Italia, en el Valle de México como la ciudad de Nueva York?  ¿Por qué engañar en medio de la tragedia? El fin de semana vimos cómo la cantidad de contagios y de muertes se disparó. ¿Ahora vamos a decir que inmediatamente después van a bajar? ¿Alguien creería eso? Las que vienen serán semanas terribles. Y tal vez sean meses. Así que vale más cuidar el discurso.

Humo negro

EN SINALOA CULIACÁN era el claro foco de la pandemia, pero ésta se está moviendo rápidamente a Mazatlán y Ahome, donde los recursos hospitalarios son menores. La capital ya no tarda en agotar las camas y respiradores disponibles. De hecho el pico de la pandemia nos alcanzará con un déficit. Y hay que irse preparando.

Columna publicada el 24 de mayo de 2020 en la edición 904 del semanario Ríodoce.

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