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Cine: ‘Perdí mi cuerpo’

perdí mi cuerpo

Las contendientes fuertes para quedarse con el Oscar a mejor película animada eran dos: Klaus y su interesante origen del robusto personaje que viste de rojo y entrega regalos a los niños cada año; y Toy Story 4 (ganadora), con su determinante y nostálgico remplazo del juguete preferido de siempre. Una competencia difícil para el resto de las nominadas, independientemente de su calidad y de que, al menos, una pueda ser más sobresaliente y profunda: Perdí mi cuerpo (J’ai perdu mon corps/Francia/2019), cinta disponible en Netflix, por demás, atrevida, interesante e imperdible, dirigida por Jérémy Clapin.

Mientras una mano se escapa de un laboratorio y emprende un complicado recorrido por la ciudad para dar con el cuerpo que le pertenece, un accidente, la lluvia y la falla en el mecanismo eléctrico de una puerta provocan que Naoufel  (Hakim Faris) quedé impresionado por la voz que escucha a través de un interfono, al grado de que se empeña en encontrar a la chica (Victoire Du Bois) a la cual le pertenece, y hace lo imposible para ya no separarse de ella.

Una característica peculiar del filme es que su fusión de géneros la llevan a transitar por pasajes oscuros, conmovedores, fantásticos y dramáticos que, inevitablemente, provocan una mezcla de emociones, por lo que es casi imposible no caer rendido ante una historia trágica, tierna, sensible, mágica, irreverente y esperanzadora que atrapa y sacude al más escéptico.

La precisa calidad de la animación; la alternancia de tomas en color y en blanco y negro para diferenciar el presente y el pasado; el impecable diseño de la ciudad, los personajes, los objetos y todo cuanto se ve; y la recurrente, inspiradora, disfrutable y hermosa música a cargo de Dan Levy no es lo único que impresiona de la película escrita por Clapin y Guillaume Laurant (nominado al Oscar por el guion de Amélie, 2002), sino su osado y valiente recurso para expresar tanto a través de una perseverante/aferrada mano deseosa de dar con el cuerpo al que una vez estuvo unida, lo cual peligra entre lo absurdo/inverosímil y lo simbólico/poético.

Si bien no hay que esperar mucho tiempo ni pensar profundamente para saber hacia dónde va la trama, al menos, a qué lugar y a quién se dirige esa inquieta mano, tampoco transcurren demasiados minutos para no querer despegar los ojos de la pantalla y ver esas situaciones que se han idealizado, deseado y predicho. Es curioso que al inicio parezca irracional e inexplicable que cinco dedos prendidos a una muñeca se comporten como un cuerpo completo, pensante y andante, y que al final se acabe completamente convencido de ello.

Es sorprendente que por medio de este relato fantástico se llegue tan clara y profundamente al abordaje de temas como la identidad, la realización personal, la pertenencia, la lucha por un objetivo, el encontrar un sentido a la vida (a pesar de que no haya ido tan bien), y el amor inmediato, auténtico y real.

Perdí mi cuerpo es la prueba de que la originalidad y la creatividad son elementos imprescindibles para contar una historia y de los cuales se olvidan o, evidentemente, carecen muchos realizadores de quienes, por desgracia, sus productos logran más difusión, distribución, exhibición y ganancias. No se la pierda… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 23 de febrero de 2019 en la edición 891 del semanario Ríodoce.

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