abril 10, 2020 2:05 am

A un año del juicio del ‘Chapo’ todo sigue igual

juicio

Muchos medios buscaron a Ríodoce para que hiciéramos un balance al cumplirse el primer año del llamado juicio del siglo contra Joaquín Guzmán Loera. No había mucho que agregar, lo dijimos cuando concluyó con la sentencia que todos conocemos. “Nada cambiará” y nada ha cambiado. La droga seguirá llegando a las calles de las ciudades gringas, a sus barrios y mansiones suntuosas. Y sigue llegando (Y desde hace tres décadas también a las nuestras). En México se seguirán muriendo miles en la lucha por las rutas y mercados. Y se siguen muriendo.

Tenemos cien años equivocados en el enfoque, los Estados Unidos marcando las políticas antidrogas y nosotros sometidos a sus designios; los organismos internacionales haciendo diagnósticos pero incapaces de enfrentarse al imperio que siguen representando los norteamericanos. El gobierno de los Estados Unidos ha sido incapaz de detener la ola de despenalización de drogas que abarca ya una veintena de sus estados, pero se niega a cambiar sus leyes centrales prohibitivas. Ya se demostró hasta el hartazgo que el costo de prohibir es muchísimo más alto que el costo de regular, porque la prohibición termina corrompiendo todo, hasta al propio sistema: criminaliza actos que debieran ejercerse con libertad, como ir al cine, leer, salir a pasear, fumarse un cigarrillo, tomarse un trago en el bar de la esquina.

La criminalización del consumo cambió la orientación y la atención médica por la persecución y el encierro, generando un círculo vicioso donde el que no tiene para drogarse roba, estafa, mata. Visto como un delito, el consumidor de drogas es tomado familiar y socialmente como un ente desintegrador y al final, en muchos círculos, lo es. Y la segregación que luego les sigue a los adictos se convierte en un ingrediente que alimenta su autodestrucción.

Fue la criminalización de las drogas lo que hizo crecer la oferta clandestina de éstas al mercado clandestino más voraz que hay hasta ahora, los Estados Unidos, lo que al paso de los lustros y las décadas terminó en la conformación de un descomunal negocio que se hace fuera de la ley, sin réditos para los estados, sin controles ni regulaciones de ningún tipo y generando una descomposición tal —que en un tiempo, supongo, fue inimaginable—en los países consumidores y proveedores, que toca y socava todas las esferas de la vida social, política y económica a niveles ya incontrolables.

El juicio del Chapo, por ello, fue más un circo que otra cosa, por donde asomó la parte más hipócrita y moralina, no del pueblo estadunidense, no de la sociedad estadunidense, sino de quienes han querido siempre dictar el “deber ser” del mundo.

Qué ha cambiado en Sinaloa, me preguntaban. Pues no ha cambiado nada y eso ya lo sabíamos de antemano. Como le dijo Ismael Zambada a don Julio Scherer en 2010: “Un día decido entregarme al gobierno para que me fusile. Mi caso debe ser ejemplar, un escarmiento para todos. Me fusilan y estalla la euforia. Pero al cabo de los días vamos sabiendo que nada cambió”.

Igual con el Juicio del Siglo, nada cambió.

Al responderle al periodista, el Mayo estaba viendo estos escenarios: “El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí”.

Y así fue, los reemplazos del Chapo ya andaban por aquí.

Y si no que le pregunten a Alfonso Durazo, al secretario de la Defensa, al jefe de la Guardia Nacional. Que le pregunten al Presidente. Los reemplazos del Chapo fueron sus hijos. A sangre y fuego —recuérdese la guerra contra los Dámaso.

¿En Estados Unidos ha cambiado algo? Eso tendrían que responderlo los gringos pero imagino que no. Es cosa de números. Cuánta droga ingresa, cuánta se decomisa, cuánta se vende en la calles, en los bares, en sus escuelas; cuánto cuesta, cuánta plata se lava allá, cuánta sale del país; cuántos mueren por sobredosis…

Bola y cadena

¿QUÉ QUISIERON DEMOSTRAR LOS NORTEAMERICANOS con un juicio como el que hicieron contra el Chapo? ¿Cuáles son sus prioridades? ¿Castigar el delito y al que lo comete o resolver el problema que tienen metido hasta en sus bañeras? Porque pueden pasarse la vida sentando jodidos en las cortes y el problema seguirá para ellos y para nosotros; es evidente que eso no intimida a nadie; la prueba la dieron los hijos de Guzmán el 17 de octubre pasado en Culiacán, unos días después de que la DEA se había muestreado por aquí como los salvadores del mundo.

Sentido contrario

EN MÉXICO, EN EL SENADO DE LA REPÚBLICA, se está discutiendo ahora la despenalización de la mariguana. Es bueno que se haga. No creo que se llegue a un acuerdo aún. El debate apenas empieza. De hecho creo que no hay debates amplios sobre el tema. Y me temo que los legisladores son los que menos saben del asunto. ¿Regular? Sí, pero ¿Cómo? ¿En qué sentido? ¿Hasta dónde? Empresas canadienses y gringas se han convertido en las principales cabilderas de la reforma sobre drogas en nuestro país. Y no hay que preguntarnos por qué. Vienen por el negocio. Igual que vinieron hace siglos por nuestras minas… sin que se hayan ido todavía.

Humo negro

VIENE DERECHO EL JUICIO SOBRE  el crimen de Javier Valdez. Los inculpados de la autoría material, el Quillo y el Koala, propusieron un juicio abreviado que no se aceptó. Reconocen haber cometido el crimen pero se niegan a señalar al autor intelectual. Prefieren pasarse más años en la cárcel. Allí se sienten más seguros. Al menos eso piensan.

Columna publicada el 16 de febrero de 2020 en la edición 890 del semanario Ríodoce.

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