febrero 22, 2020 6:41 pm

No lo tiene ni Obama

insabi

A los gobernadores de México les disgusta, echan chispas en privado, pero Andrés Manuel López Obrador no deja alternativa. Como se operó la desaparición del Seguro Popular, se han venido arrebatando recursos, márgenes de operación y trechos de poder a los gobernadores del país.

Lea: Muere Seguro Popular nace INSABI https://bit.ly/3au7DYY

Así, desaparecieron las guarderías, los programas sociales que operaban los gobiernos estatales, las becas, los apoyos a emprendedores…y un largo etcétera.

Principio uno: el dinero público lo centraliza AMLO. Desconfía de todos en el manejo —y no se equivoca, en la última década los gobernadores de México que salieron con su reputación pública a salvo se cuentan con los dedos de una mano sin pulgar.

Los detractores insisten en que la solución no está en desaparecer, sino en vigilar. No será así, no es el razonamiento del nuevo gobierno. Mantener lo corrupto, podrían decir, terminará pudriendo al resto.

Esta vez de un plumazo le quitó el gobierno federal a los estados 56 mil 332 millones de pesos (algo así como el presupuesto de Sinaloa para un año). A eso súmele una cuarta parte más, que los estados aportan para el rubro de salud y que ahora tampoco administrarán, porque también pasa al Instituto Nacional para la Salud y el Bienestar. Más enojados.

Principio dos: AMLO no perderá tiempo en negociar una política pública de largo aliento, en lugar de reparar prefiere armar un aparato nuevo. No importará su eficiencia, por más mal que resulte no podrá ser peor que el actual. Así se resume el razonamiento.

En campaña López Obrador decía frases pegajosas. Conectaban directamente y se replicaban con distintas variantes: Ese avión no lo tiene ni Obama, dijo a finales de 2017 cuando aun no se definían las candidaturas, refiriéndose a la lujosa aeronave del Presidente. O las despensas de frijol con gorgojo, que debían rechazarse para no vender el voto. También la comparación entre fulanos y menganos, cerdos y cochinos, rateros y ladrones.

Rápidamente aplicaban para todo: esa camisa no la tiene ni Obama, ese carro, esa inteligencia. Los regalos de los candidatos estaban podridos de origen. Todos eran iguales, rojos y azules.

Ahora como Presidente de México, López Obrador propone un sistema de salud que no lo tiene ni Obama. Literal. Ya no es tan asertivo con sus frases, aunque no deja de repetir algunas de ellas. Como Presidente de Estados Unidos, Barack Obama intentó implementar un ambicioso plan de salud que solo pudo aplicar parcialmente. Y que años después de concluida su presidencia sigue perdiendo juicios.

Estados Unidos no es el país ejemplo por su sistema de salud. Ni con el Obamacare, que ofrecía alternativas de seguridad a muchos ciudadanos que carecían de ella por los altos costos, cambió la condición del país.

El nuevo sistema de salud, que desaparece los organismos estatales encargados de administrar y entregar los recursos a los servicios de salud, está muy lejos de ser el paradigma que se presente como ejemplo innovador en el mundo. Se equivocan quienes esperan que sea una política publica acabada, para implementarse por etapas y de manera gradual.
No está en el estilo del Presidente López Obrador. No actúa así en nada.

 

Margen de error

(Dinero, divino tesoro) El Seguro Popular no nació ajeno a críticas. Es incomparable con la propuesta actual, sin duda. Pero especialmente contaba con una diferencia sustancial, que agradaba a los gobernadores: dinero. Transfería recursos a las entidades. Dinero público, divino tesoro.

Es indiscutible que el Seguro Popular salvó millones de economías familiares, a quienes la enfermedad de alguno de los miembros llevaba a la pobreza inmediata. Deudas impagables y aparte la pérdida del familiar. Por otro lado, también ofreció una alternativa de atención antes inaccesible.

¿La infraestructura de salud, humana y material, creció al ritmo que crecía el número de afiliados? No. Absolutamente no.
Y entre los miles de millones que año con año se transfirieron a los estados, la corrupción se afianzaba. Sobran ejemplos: medicamentos comprados a un sobreprecio inaceptable, falsas ampliaciones de hospitales (mucho frijol con gorgojo).
En Sinaloa, como en muchas otras partes del país, hay investigaciones abiertas y otras donde ya se concluyó que existieron manejos irregulares de los recursos o las licitaciones.

 

Mirilla

(Saturados) Los Seguros Populares en los estados, se encargaron de afiliar al mayor número posible de personas. El cálculo del recurso que se transfería a los estados se hacía partiendo del número de afiliados.

No importaba que la infraestructura de hospitales, centros de salud, médicos y enfermeras no alcanzara. Importaba que estuvieran registrados.

Antes del Seguro Popular, cuando se cobraban cuotas de recuperación por los servicios de salud pública, el sistema en su conjunto estaba saturado. Por muchas horas operando en medio del colapso. Medio muerto, o medio vivo, como se quiera ver.

 

Primera cita

(Gratis) El nuevo sistema de salud propuesto por López Obrador no modifica la operación interna en los sistemas estatales de salud. Cierto, agrega el ingrediente de gratuidad —que ya tenía con el Seguro Popular, porque muchísimos de los afiliados no pagaban la cuota que correspondía- y de universalidad.

Ya no es necesaria afiliarse, solo demostrar que se es mexicano. Es decir, se incrementa de nuevo el número de personas que tiene que atender un sistema saturado. Y para colmo, le quita la chequera a los gobernadores(PUNTO)

Columna publicada el 19 de enero de 2020 en la edición 886 del semanario Ríodoce.

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