noviembre 22, 2019 9:25 am

López Obrador en su vuela y rueda, el no parar

Mazatlán, Sinaloa, México, 11 de octubre de 2019.
Diálogo con la comunidad del Hospital Rural Villa Unión, Mazatlán, Sinaloa. Atención Médica y Medicamentos Gratuitos. Lo acompañan Jorge Alcocer Varela, Secretario de Salud; Quirino Ordaz Coppel, Gobernador de Sinaloa; Zoé Robledo, director general del IMSS y Luis Antonio Ramírez Pineda, director general del ISSSTE.
Foto: Presidencia

El Presidente López Obrador no tiene pausa en su recorrido vertiginoso por el país. Si de lunes a viernes satura los espacios con la conferencia mañanera, los fines de semana son enteramente para la nota local. Y va y viene. Se mueve. Moviliza a centenares en cada municipio o comunidad donde se para. Vuela y rueda.

Este fin de semana recorrió Sinaloa de punta a punta, literal: de Villa Unión, Mazatlán, en el sur, a El Fuerte, en el norte. 621 kilómetros por carretera. Nadie viaja en helicóptero, ni el gobernador del estado anfitrión, que termina también haciendo los recorridos por tierra. Horas nalga a las que no están acostumbrados.

No hay nada apoteósico en esta gira, son actividades minúsculas, a veces parece tiempo perdido: supervisión de pequeñas clínicas médicas, y el playball de la Liga Mexicana del Pacífico en Guasave, donde elevó el retorno del beisbol a promesa de campaña. Se empeñó en cumplirlo como si en ello le fuera la vida política, aunque el gobierno federal no aportó nada presupuestalmente hablando.

El fin de semana pasado estuvo en Puebla y en la mixteca oaxaqueña. El fin anterior, el último de septiembre, estuvo en Coahuila y Chihuahua, donde cumplió 64 recorridos por hospitales rurales (exactamente lo mismo que hizo en Sinaloa). Todos los actos de viernes-sábado-domingo son similares: concentraciones públicas, eventos de salud o educación donde insiste en que estarán trabajando en el tema, siempre logra una cobertura mediática local intensa, y cierra con una ratificación de un discurso vía directa, que para los saturados de información es repetitivo, pero no para quienes tienen menos contacto con los mensajes cotidianos.

La urgencia de López Obrador, en su no-parar por el país, de ninguna manera radica en la importancia de los eventos, persigue el contacto directo. No se trata de aquellas prolongadas giras presidenciales, plagadas de discursos, banderazos y primeras piedras, en tramos carreteros, hospitales y puertos. No. Aquí es el Presidente explotando su atracción de imán. No espera la mega obra para acudir al estado. Su lógica es distinta.

López Obrador es partidario de la sobreexposición, mientras su antecesores del PRI y PAN se ajustaban a dosis mínimas de contacto directo con los ciudadanos. AMLO parece en campaña cada fin de semana, es su dosis de vitalidad, el contacto con su pasado reciente donde vagaba por el país y apenas lo pelaban. Sus antecesores se convertían en el tlatoani prehispánico que se pasea lleno de plumas por las calles solo en fechas especiales. No es que una actitud sea buena y otra perjudicial, son estilos, y lo que buscaban unos y otros son resultados.

Seguramente Presidencia lleva un recuento de asistentes a los eventos. Se cuentan por cientos en cada punto de la gira, y nunca participa en menos de tres actividades, más de una por día. El Presidente se hace acompañar del gobernador y de los Alcaldes del sitio, pero todos terminan opacados. Son las horas del Presidente.

Le gusta a López Obrador mandar el mensaje de que el Presidente es capaz de resolver todo. De que escucha y da órdenes, de que el mando está en sus manos. Demasiada concentración de poder, pero a muchos eso les sigue gustando. Lo festejan y hasta lo promueven.

Margen de error
(Omnipresencia) Si en la mañanera de lunes a viernes en el México central López Obrador responde una cantidad de nimiedades, en el interior del fin de semana lo abordan al Presidente con asuntos todavía más pequeños —no por el bajo impacto, sino por una importancia focalizada en grupos sociales de la localidad en turno. Es así como le llegan al presidente temas de ámbito exclusivamente municipal, o del fuero común, o de competencia de los estados. Aunque escucha como si él pudiera resolverlos. La federación poco puede hacer, salvo tratar de influir en los Alcaldes o los gobernadores. Seguramente no siempre con el mismo resultado. El Presidente se va, los problemas se quedan y la inercia de los juegos de poder igual.

Veamos por ejemplo en esta visita a Sinaloa, y que de manera similar se replica en sus giras de fin de semana: Lo abordaron personas desalojadas de una invasión de viviendas en Mazatlán, en el Fraccionamiento San Fernando (de lo que López Obrador seguro que no tenía ni idea) y que es de exclusiva competencia judicial; o una agrupación llamada Central Unitaria de Vivienda, en Guasave, que reclama espacios donde vivir y que en todo caso corresponde al estado; y también maestros, pescadores, desplazados, etcétera y etcétera.

Este es el ambiente donde López Obrador se siente cómodo. Un pez en el agua que desde el asiento del copiloto en la camioneta escucha, recibe documentos y ofrece promesas de solución ambiguas.

Mirilla
(Cero, cero, cero) Con esta estrategia de la periferia al centro, López Obrador no hace más que insistir en acciones que le dieron resultados en doce años de movilidad constante. ¿Por qué habría de cambiar lo que no está descompuesto? De 2006 a 2018, cuando no dejó de moverse, tiempos en que no minimizó ningún municipio, por pequeño que fuera.

Lo mismo sucede con su criticado discurso en muchos de la opinión publicada: el olfato de López Obrador le dice que la repetición de frases y conceptos le funciona. Porque se acomoda a infinidad de situaciones. Porque ya parece un slogan de comercial donde muchos se aprenden sus frases. Si le dicen que uno de sus acompañantes en el gobierno está en el mal camino, responde que “cero, cero, cero” cero corrupción, cero impunidá (sin la d final). Aplica con Manuel Bartlett o con un Alcalde o con quien sea. “No nos confundan —remata— no somos iguales.” (PUNTO)

Columna publicada el 13 de octubre de 2019 en la edición 872 del semanario Ríodoce.

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One Response

  1. La idolatria que el pueblo mexicano demuestra por AMLO me parece muy similar a la fanatización de los gueros con Trump, los dos ptometen mucho, cumplen poco y ambas son de dar miedo y conste que voté por AMLO., no lo hice por Trump aún siendo republicano de toda la vida porque no acabó de convencerme.

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