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De policías a delincuentes

Durante sus años de servicio, dos civiles juraron proteger y servir a la sociedad de Sinaloa, pero con el paso del tiempo terminaron torciendo el camino, y se convirtieron en depredadores sociales.

Ambos casos que involucran a policías estatales, uno en activo y otro cesado, sucedieron en la ciudad de Los Mochis, con 17 días de diferencia, pero también con coincidencias, fueron atrapados por agentes preventivos que pusieron en claro que ex gendarmes delinquen.

El caso más reciente ocurrió apenas este jueves (25 de abril) y puso al descubierto que un ex agente de la Policía Estatal Preventiva capitaneaba una banda de ladrones de vehículos a mano armada, y no está claro si también se alquilaba como distribuidor de droga o era parte de un séquito de pistoleros al servicio de los narcomenudistas locales, señala un informe policial.

El ex policía fue identificado como Héctor Fernando “L”, mayor de edad y con residencia en el ejido Mochicahui, en el municipio de El Fuerte.

A él se le decomisó una pistola calibre 9 milímetros y una camioneta Jeep, línea Patriot, color azul, de modelo reciente, con reporte de robo el 5 de abril del 2019 en las inmediaciones de la ciudad deportiva “Aurelio Rodríguez Ituarte” y que portaba placas de un auto Honda, que fue robado con violencia en la ciudad de Culiacán.

La Patriot fue robada junto con dos vehículos más por varios sujetos que se hicieron pasar como compradores de vehículos y mecánicos.

El expolicía se hacía acompañar por Jesús Martín “Q”, mayor de edad, con casa en el ejido Compuertas, y Edwin Yovani, también adulto, pero con residencia en Juan José Ríos, Guasave. Este último soltó el llanto cuando vio perdida su libertad.

Los tres sujetos fueron capturados a las 14:00 horas del jueves 25 de abril en el estacionamiento de una plaza comercial, ubicada en boulevar Antonio Rosales, al norte de la ciudad, hasta donde llegaron después de que un patrullero observara por el espejo retrovisor que el acompañante del piloto de la Patriot llevaba una arma terciada al pecho.

El conductor, al percatarse que el policía les daba el pase para iniciar la maniobra de intercepción, intentó escapar a toda velocidad, pero el policía nunca lo perdió hasta que con apoyo de sus compañeros lo interceptaron.

Una vez copados, el policía descendió y pretendió sorprender a los agentes con su credencial, pero cuando confirmaron la autenticidad del documento resultó que este ya no formaba parte de las filas. Se chequeó la unidad y resultó robada, y en cacheo a los sujetos se descubrieron tres dosis de “cristal”.

“Estaban en camino a despojar más vehículos, pero fueron descubiertos”, dijo uno de los policías aprehensores.

La banda fue remitida a la Fiscalía General de la República, en tanto la Vicefiscalía Regional de Justicia del Estado inició las carpetas de investigación por los delitos del fuero común

Estos quedaron a disposición de la Vicefiscalía Regional de Justicia.

El primer caso que involucra a un Policía Estatal preventivo ocurrió a las 22:50 horas del lunes 8 de abril en la casa marcada con el poste número 5 del poblado Goros Pueblo.

En la casa, Juan Antonio “Q”, se corría una borrachera con su padre, un primo y la esposa de este, Denis “M”, quien resultara fallecida al recibir varios balazos en el cuello.

Esa noche, el policía desenfundaba su pistola de cargo a cada rato, lo que molestaba a los demás, de acuerdo con las indagaciones policiales.

En un momento de la juerga, la mujer le reclama al policía que era un “mujeriego” y estalla una discusión.

Repentinamente, se escuchan varios balazos y cuando los hombres reaccionaron, Denis ya se desangraba en el suelo.

“La regué”, confiesa Juan Antonio a su padre, y pretende darse a la fuga.

El señor lo convence que antes deben de ayudar a la esposa del sobrino, y ambos la colocan en el asiento posterior de un auto Nissan Áltima, de color azul, que estaba aparcado a las afueras de la casa. Cuando se aprestaban a salir con la mujer herida, el auto no enciende. Se avería. Ella muere en el asiento trasero.

El policía intenta huir de nuevo, pero su padre le convence de quedarse y enfrentar el juicio de su acto, puesto que de no hacerlo, “la bronca” le quedaría a él.

El agente se introduce a la vivienda, se sienta en un catre y espera.

Primero llegan socorristas, que auscultan a Denis y comprueban que ya no tiene signos vitales; luego, arriban policías preventivos, aseguran la escena, recogen la pistola como evidencia del crimen, y capturan a Juan Antonio.

La carpeta de investigación es entregada a la Vicefiscalía Regional de Justicia, el caso es encapsulado. El destino que tuvo el incidente es ahora desconocido, cómo también lo es el paradero del agente.

Dos casos en donde los mecenas con preparación policial pasaron a depredadores sociales.

Artículo publicado el 28 de abril de 2019 en la edición 848 del semanario Ríodoce.

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