La maldición: Contar los días sin crímenes

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Como lo anormal se volvió normal y dejó de ser llamativo, ahora lo anormal impresiona. Es un juego de palabras, y sobre todo es una terrible realidad. En Sinaloa hay más muertos que días. Eso quiere decir que cada amanecer, sin falta, se registran dos o tres asesinatos, de tal modo que el promedio ronda los tres por día, según sea el año. Es decir, es poco frecuente que pase un día sin que se informe sobre un asesinato.

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Para mayor precisión es Culiacán, la capital del estado, donde se concentra más de la mitad de los asesinatos. No tiene la mitad de la población pero sí concentra más de la mitad de los crímenes. Esto es, por si hay problemas con la aritmética, más de 500 homicidios en un año.

En Sinaloa hemos llegado a pensar que tres homicidios por día es la normalidad. Porque de repente se pierde la perspectiva de cuál es la normalidad en alguna ciudad distinta a la que vivimos. Aquí lo anormal es cuando pasan más de tres días sin asesinatos.

Es por eso que en Culiacán empezamos a contar los días después de dos: Cuatro, cinco, seis, como si se tratara de una macabra contabilidad. Lastimosa. Dolorosa. Y hasta se vuelve noticia nacional e internacional: Una ciudad de México donde la normalidad es que cada día se cometa un crimen, resulta que pasan más de seis y no hay asesinatos. Es entonces cuando lo normal se vuelve anormal.

Viernes. 22 de marzo. 2019. La ciudad capital registra dos homicidios: Uno en la colonia 5 de Febrero y otro en Infonavit CTM, donde además dejan unos carros de juguete como muestra. Después llegarían los días de calma que intranquilizan. La anormalidad que se fue asumiendo como normal.

Sábado. Domingo. Lunes. Martes… y un Culiacán sin asesinatos. Seguirán los días y sumarán diez, incluso el mes de marzo cerrará sin homicidios en la capital. Lo macabro está en quienes dan seguimiento a la información, y van contando los días como si esperaran el próximo crimen.

No quiere decir que en el resto de Sinaloa no se contabilice cada día un asesinato. Marzo de 2019, como todos los meses desde hace más de 15 años tendrá más crímenes que días. El sábado aparece un cadáver en Elota. Después Rosario, Mazatlán, Escuinapa, San Ignacio.

Contar asesinatos se ha convertido en la parte vergonzosa e insensible de autoridades y medios en México. Ni siquiera nos damos cuenta porque tratamos a las víctimas de la violencia como números. Todo está alterado. Los gobiernos miden si la violencia baja o sube según el número de crímenes, los medios de información califican a una autoridad de acuerdo a los asesinatos cometidos en su periodo con respecto a los del gobierno anterior.

Entonces algo extraño sucede. Los días sin asesinatos se cuentan como una extrañeza, como durante mucho tiempo dejaron de contarse los días con homicidios, porque fueron tan frecuentes que ya no tenía objeto hacerlo.

Todo está confundido. Nadie puede entender a la muerte hasta que nos toca de manera directa.

Margen de error
(Anormalidad) Martes. 2 de abril. 2019. Luego de diez días sin asesinatos, un joven es acribillado en Culiacán. Algunos medios hablan de que se cortó la racha, como si se tratara de triunfos y derrotas en algún deporte. De repente vuelve la anormalidad que hemos asumido como normal.

Mirilla
(Atrás) En 2018, en Culiacán, solo el mes de febrero tuvo más días que crímenes, cuando lo que sucede es al revés. La capital del estado sumó en el año pasado 528 asesinatos. 500 de ellos fueron hombres, 28 mujeres. Casi todos con arma de fuego: 445.
Contrario al pensamiento general, hay municipios de Sinaloa que suman meses enteros sin que se cometa un asesinato. Por citar lo cercano, Badiraguato, Concordia, Cosalá y Choix no registraron homicidios en febrero y marzo de 2019. Otros más, como Navolato, apenas contabilizaron uno al mes.

Primera cita
(Juego macabro) Gobierno tras gobierno, de cualquier color partidista, han tenido que reconocer la falta de resultados en seguridad pública. De nada sirve admitir que fallaron, cuando a la vuelta de casi 30 años la entidad sigue presentando índices de homicidios cercanos —y hasta superándolos— a zonas de guerra.

La seguridad pública en ciudades como Culiacán (o Acapulco, Guerrero; Reynosa, Tamaulipas; Tijuana, Baja California; León, Guanajuato; y un largo etcétera) no muestra ninguna mejoría a lo largo de los años. Por el contrario, empeora. Militares y policías, abogados y civiles al frente de las corporaciones igualmente han fracasado.

Deatrasalante
(Aponte) Pasan los años y pueden citarse de nuevo aquellas palabras de finales de 2005, en el primer año del gobierno de Jesús Aguilar, del general Sergio Aponte Polito. Aquella vez el general le dijo en su cara al gobernador aquello que se tomó como un regaño y eso que Sinaloa no pasaba de los 500 asesinatos por año, los que ahora se comenten únicamente en Culiacán: “A mí me sorprende profundamente que tomen como un aspecto rutinario o normal a la gran cantidad de muertes que hay en un año, en un mes, en un día. Eso debe ser anormal; lo normal debe de ser que no se presentaran muertos por hechos violentos”. (PUNTO)

Columna publicada el 7 de abril de 2019 en la edición 845 del semanario Ríodoce.

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One Response

  1. Son los mismos policías, los que facilitan que se cometan homicidios, hasta de sus propios compañeros, nada más echense una vueltecita por el norte y conocerán algunas historias macabras de uno que lo nombran en diminutivo, en complicidad con su grupo cercano.

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