Lady Rancho

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La filmografía de Rafael Montero comprende poco más de 20 largometrajes y una decena de cortos realizada entre 1972 y 2018, en la que se ha desempeñado como director, guionista, productor y editor de películas de ficción y documentales, en los que ha explorado, mayormente, el drama, la comedia y el suspenso, por lo que es curioso que el resultado de Lady Rancho (México/2018), su filme reciente, escrito por Molo Alcocer Délano y Mineko Mori, sea de mala factura.

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Es claro que, como comedia de situación y física, el objetivo de la cinta es divertir y provocar la risa a través de ambientes absurdos, tropiezos y caídas, más que por medio de reflexiones y diálogos profundos, lo cual no significa que se tenga que hacer un producto menor y superficial —la comedía muda de principios del siglo pasado se caracterizaba por esa forma de hacer reír, pero se trataba de filmes mucho mejor acabados, inteligentes y críticos.

En una noche donde se le pasan las copas, la arrogante de Camila (Danae Reynaud) tiene un altercado con unos policías cuando se detiene a cenar en una carreta de hot dogs y termina en la delegación, por lo que sus padres (Juan Carlos Colombo y Azela Robinson) intentan que aprenda modales, a valorar lo que tiene y a trabajar, al dejarla en un rancho durante las vacaciones, en donde Don Eulalio (Jorge Victoria), Doña Chona (Delia Casanova), Juan (Hoze Meléndez) y Beatriz (Renata Vaca) le muestran lo que realmente importa en la vida.

La premisa de Lady Rancho no es mala, tampoco nueva —tiene la esencia de Nosotros los nobles (2013). En realidad, ya todos los temas están contados, lo que puede ser diferente es el cómo se aborden, desde qué perspectiva se hable de ellos o el ángulo en el que se posicione el realizador para relatar la historia. En ese sentido, la cinta de Montero prefirió exponer sus temáticas solo por encima, ya “masticadas”, sin llevar al espectador a la reflexión y siendo demasiado condescendiente con él.

Está de más decir que la película recurre a lugares comunes, estereotipos o clichés para conseguir su propósito, aunque su principal falla radica en que los cambios en los personajes suceden muy rápido, cuando, como todo proceso, llevan mucho más tiempo, en el que hay que intentarlo varias veces y equivocarse para asimilarlo, ya que, por lo general, el aprendizaje no llega con una sola vez que se haga algo o se reflexione lo que se pretende.

Los detalles que no quedan claros  —si la cinta se llama Lady Rancho ¿para qué se le nombra más como “Lady Jocho” al personaje de Reynaud?; la misma Camila no sabe cómo acceden a su teléfono celular en dos ocasiones para grabar videos; no es posible que esta chava reventada termine en los separos por consumir alcohol, cuando los policías no la detienen conduciendo— pasarían de largo con otro director, pero no con uno con esa amplia filmografía, ni cuando se trata del mismo que de la excelente Cilantro y perejil (1996) o de la decente Rumbos Paralelos (2016).

Además de la siempre agradable presencia de Juan Carlos Colombo y Delia Casanova, lo mejor del filme está en las interpretaciones de los personajes principales, de las que resalta la simpatía de Danae Reynaud, la firmeza de Hoze Meléndez, y la nobleza y sencillez de Renata Vaca. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 17 de marzo de 2019 en la edición 842 del semanario Ríodoce.

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