El día después del ‘Chapo’

BADIGUARATO, SINALOA, 15FEBRERO2019.- Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, durante su gira de trabajo en esta entidad en donde anunció la creación de 2 mil trabajos contemplando la construcción de carreteras y una universidad.  FOTO: GOBIERNO DE LA REPÚBLICA /CUARTOSCURO.COM
AMLO. En la tierra del ‘Chapo’.

El Chapo es una mina de oro. Más allá del mito que los mismos gringos se encargaron de alimentar afanosamente por casi 20 años, Joaquín Guzmán conoce de cabo a rabo los negocios delictivos, que tienen como eje el tráfico de drogas a los mercados que mejor pagan: americanos y europeos. Todo lo que sabe, en su cabeza, sin necesidad de más pruebas, es en sí mismo un conocimiento invaluable.

Lea: Crónica de un veredicto: El ‘Chapo’, culpable https://bit.ly/2RYWAfK

Más de una vez los negocios de las drogas se han comparado con pruebas empíricas con las más poderosas empresas trasnacionales —al final eso mismo son. Al mismo tiempo, se compara a sus líderes como un CEO que por simple instinto va redireccionando el negocio a sus nuevos horizontes. Por eso muchos van quedando en el camino. Muertos o absorbidos. En las últimas tres décadas se ha pasado de la fama de la mariguana a su ocaso y resurrección; de la moda de la coca; o del redescubrimiento de las metanfetaminas. Muchos quedaron en el camino, pero algunos se sostuvieron y hasta se apoderaron del mercado que ellos no iniciaron, pero sí entendieron.

Supongamos que es posible conocer en sus entrañas a una fuerte empresa petrolera o farmacéutica, quizás a alguno de los consorcios de Silicon Valley que encabezan el negocio global de la tecnología, sería entender a los monstruos desde sus entrañas mismas.

Eso mismo pasó con la impresionante filtración de los archivos de Mossack Fonseca, el despacho de abogados panameño que explicaba por sí mismo el mundo de la evasión fiscal. Los ahora conocidos como Panamá Papers, consisten en el establecimiento de un entramado de empresas, con el objetivo primordial de ocultar a sus propietarios reales, moviendo propiedades, activos y ganancias, sin que los dueños perdieran el control. Se sabía a fondo a nivel teórico, los papeles filtrados permitieron confirmarlo.

Seríamos unos incrédulos en pensar que el Chapo simplemente será recluido en una prisión desértica y olvidado por los años de los años. Equivaldría a encontrar una mina de oro y simplemente olvidarla.

Lea: Fue un juicio al ‘Chapo’… y a México https://bit.ly/2V4yPoL

Cierto que a estas alturas la información interna de las organizaciones delictivas globales está suficientemente entendida por las agencias estadounidenses. Han desfilado en los últimos años decenas de miembros de alto rango de las mismas organizaciones, han contado pelos y señales de su papel y el de su cercanos colaboradores o empleados. Igual hay colombianos como mexicanos, argentinos y bolivianos entre los muchos extraditados a los Estados Unidos. Aun así, hasta ahora no se habían topado con un acusado del nivel de Joaquín Guzmán.

Por eso la relevancia del Chapo. Por eso es imposible no preguntarse qué pasara al día siguiente.

 

Margen de error

(Fin o principio) La historia podría concluir ahora, con el veredicto y posterior sentencia. O estaría apenas por iniciar. Todo dependerá del margen de error de las afirmaciones. Comparado con México, lo que ocurrió en los Estados Unidos podría considerarse un juicio express: En enero de 2017, con la llegada de Donald Trump —hace dos años cumplidos— el Chapo fue extraditado. Un año atrás había sido recapturado por segunda ocasión, y en ese año no se avanzó nada en su proceso penal en México. Su destino estaba trazado, sería llevado al país que lo engrandeció, los Estados Unidos. A ellos solo les tomaría dos años procesarlo y darle un veredicto.

Si aquel enero de 2017 estaba perdido, ahora con mayor razón. Al gobierno americano y a su sistema de justicia todo le cuadró según el guión preestablecido: Los fiscales obtuvieron la sentencia esperada. Durante meses se ventiló el imperio de terror que estableció el Chapo y sus secuaces tras fronteras —sus  fronteras, claro. Recibieron la atención mediática que pocos temas merecen. Y encima de todo la defensa nunca pudo articular un solo argumento que pusiera en duda al sistema estadounidense en su conjunto, sea por su estrategia cortacabezas, sea por el fracaso claro de la guerra contra las drogas que ellos mismos iniciaron hace casi medio siglo.

Difícilmente podría haberles resultado mejor.

 

Mirilla

(Al ojo) En medio de la más alta atención mediática al veredicto en el juicio contra Joaquín Guzmán, el Presidente Andrés Manuel López Obrador decide regresar a Sinaloa, y específicamente a Badiraguato, la tierra natal del Chapo. No solo eso, al día siguiente continúa en el triángulo dorado y toca base también en Tamazula, Durango.

Por si hiciera falta alguna aclaración López Obrador aprovechó: Los pueblos no se pueden estigmatizar, dijo. Pero adelante el comentario como le gusta al Peje, para la polémica: Atlacomulco, en el Estado de México, cuna de una clase política que se apropio del poder en México.

Su analogía entre Badiraguato, cuna del narcotráfico, nos guste o no —de ahí surgieron las cabezas principales que encabezaron el poder ilegal en los 80 y hasta la fecha—, y Atlacomulco, cuna del poder político, es suficiente para entender que no hay diferencias entre un grupo y otro (PUNTO)

Columna publicada el 17 de febrero de 2019 en la edición 838 del semanario Ríodoce.

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