Mi compa ‘Chapo’, dice el testigo estrella

2008. El año que inició la guerra.

Y Vicente Zambada Niebla habló. El esperado testimonio del testigo estrella de la Fiscalía americana abrió el año 2019 en el llamado juicio del siglo. El Vicentillo no revela nada, solo confirma, como sus antecesores. Hasta ahora el alegato para acusar a Joaquín Guzmán no se centra en los descubrimientos, sino en las reafirmaciones de lo que se ha dicho de la relación Narco-Gobierno durante decenios.

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No es una revelación que durante la guerra intestina de la Organización Sinaloa, entre Guzmán y Zambada contra los Beltrán Leyva y los Carrillo tenían a la Policía Federal y al Ejército de su lado. Tampoco destapa una cloaca confirmar que el jefe de la Policía Ministerial de Sinaloa en dos sexenios, Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, estaba al servicio del Mayo Zambada.

El Vicentillo, de 43 años, al presentarse en la Corte dijo más con su lenguaje no verbal que con las palabras. Le sonrió a su compadre Chapo –Joaquín bautizó a uno de los hijos de Vicente- y éste le correspondió con otra sonrisa, un saludo a la sinaloense en Brooklyn. Igual de sinaloense la expresión de ‘Mi compa Chapo‘, cuando hablaba del acusado.

Para entender que no hay revelaciones en el juicio contra el Chapo, basta con darse un clavado a las hemerotecas de muchos medios y periodistas que han documentado estas últimas décadas cargadas de violencia y corrupción. La de Ríodoce, por ejemplo. De un modo u otro se han contado las historias de las perversas relaciones de las organizaciones del crimen con los más altos niveles de la política.

Esa etapa de México que narra Vicente Zambada, los años de este siglo XXI, fue por demás señalado que la Policía Federal Preventiva, al mando de Genaro García Luna, o una parte de ella operaba a favor de una de las organizaciones.

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Desde el inicio de la guerra, el 30 de abril de 2008 en Culiacán, Sinaloa, se documentaron “Las incógnitas de la balacera”, en la casa de la calle Paliza 1029, donde estaban refugiados una docena de pistoleros de los Beltrán Leyva. La operación de la PFP fue precisa, con información al detalle para atacar la casa. Dice Vicentillo en Nueva York que eso hacían, obtener la información de los refugios o casas de seguridad y entregárselas a la policía y fueron ellos quienes atacan. Los días de mayo que siguieron a aquella balacera fueron la guerra en las calles de la Culiacán, como antes y después sería en Reynosa, Morelia, Acapulco, Juárez…
Lo mismo ocurre con el capítulo que refiere a Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, Chuytoño. El Vicentillo fue escueto en su declaración, no importa mucho un jefe de policía local en un juicio que abarca al mundo entero, pero es contundente como reafirmación: Su padre Ismael Zambada era el jefe y ordenaba colocar mandos en su área de influencia. Lo mismo que con la PFP, sobran las historias que desde el mandato de Juan S. Millán en la gubernatura de Sinaloa y después durante el gobierno de Mario López Valdez, lo repetían.

Margen de error
(De arriba-abajo) El testimonio del Vicentillo, que tampoco puede tomarse como una verdad absoluta, sino como el testimonio de un acusado que además de todo busca la gracia del sistema de justicia estadounidense, señala también a mandos del Ejército. Y no menores, al contrario. Menciona a Marco Antonio de León Adams, miembro del Estado Mayor Presidencial con Vicente Fox —y elevado a rango de General Brigadier de Arma el 20 de noviembre de 2010 por Felipe Calderón; y al General Humberto Eduardo Antimo Miranda, Oficial Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional con Calderón.

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Visto ya en una panorámica, lo que se vislumbra es una operación conjunta entre el crimen organizado y altos mandos de instituciones públicas. Con la tolerancia, o al menos la omisión de gobernadores, incluso del gabinete presidencial. Eso en el lado de la organización Sinaloa, pero del otro lado ocurría lo mismo, porque si no podían controlar a los jefes policiacos o a los mandos del Ejército, igual pagaban policías municipales o mandos regionales. No se crea tampoco que del otro lado de las trincheras había angelitos.

Mirilla
(Cuico) A estas alturas habría que preguntarse: ¿cuál es la diferencia entre el policía municipal de Culiacán, de la patrulla 3035, que fue exhibido en una video de redes sociales al prestarle su arma a un civil para que dispare al aire, con estos mandos poderosos exhibidos por el Vicentillo en Brooklyn? Muy poca, si no es que ninguna. Con la diferencia de que al cuico de la municipal de Culiacán ya le quitaron el arma y lo darán de baja de la corporación. Y Chuytoño, y los generales Adams y Antimo gozan de una considerable pensión estatal, además de armas a su disposición.

Primera cita
(Guerra) Jesús Aguilar Padilla fue el Gobernador de Sinaloa en los peores años de la guerra, 2008-2010. Luego de la balacera del 30 de abril a unos cuantos metros de la casa de gobierno, dijo: “cualquiera de nosotros puede ser vecino de una casa de seguridad, de una célula de sicarios o de algún miembro de la delincuencia organizada, esa es la realidad.” (PUNTO)

Columna publicada el 6 de enero de 2019 en la edición 832 del semanario Ríodoce.

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