Jesús Estrada, el mensaje y el mensajero

JESÚS ESTRADA FERREIRO. El reto de la congruencia.

Hace dos semanas estuve en una reunión, junto con otros directivos de medios impresos y electrónicos, con el alcalde Jesús Estrada Ferreiro. Él convocó y su intención era explicar —y lo explicó— en líneas gruesas, cómo pretendía gobernar Culiacán en los próximos tres años. Antes de iniciar su discurso hizo circular entre los presentes cuatro o cinco hojas que contenían sobre todo artículos constitucionales que sustentan las medidas que tomaría una vez llegando al poder, en materia de predial y otros rubros.

Es un hombre que conoce las leyes, sin duda, pero nadie en el México nuestro, pleno de desigualdades, inercias nocivas, intereses creados, circundantes y amenazantes poderes de facto, puede gobernar solo con la ley en la mano. Se necesita algo más.

El discurso que Estrada ofreció al asumir el cargo en la sesión solemne del Cabildo el pasado miércoles, con la presencia del gobernador Quirino Ordaz, refrendó esos propósitos. Y la verdad no hay muchos puntos de los que un ciudadano medio, en un estado de cosas “normal”, pueda disentir con razón. Salvo la polémica decisión de enviar al buró de crédito a los usuarios de agua potable que no paguen el servicio y de que ya no habrá descuentos en el pago del predial, la mayoría de las intenciones del nuevo alcalde son plausibles. Y digo “intenciones” porque eso son: apenas se va sentando en la silla y ya veremos si puede o no concretar sus planes de gobierno.

El problema de Estrada no es el mensaje, sino el mensajero. Y esto tiene que ver con su estilo muy peculiar de encarar a la opinión pública, siempre con el machete en la mano, lo cual manifiesta un desprecio por la opinión de otro, equivalente a un “si están de acuerdo conmigo qué bueno y si no me vale madre”.

Uno de los puntos en los que más abundó el miércoles fue el de los fraccionamientos construidos, dijo, en medio de omisiones y corrupción de las autoridades. Un punto muy sensible después de los estragos hechos por los huracanes de 2014 y 2018, con millonarias pérdidas materiales y también pérdidas humanas. ¿Alguien puede oponerse a eso? Sí, las constructoras e inmobiliarias que han terminado haciendo obras criminales.

Otro de los temas es el de los “aviadores”, pues, dijo, hay muchos en el ayuntamiento y serán dados de baja. No ha brindado las cifras pero prometió hacerlas públicas una vez que tenga en sus manos la información. Esta medida, que fue aplaudida por los asistentes, la reforzó con el anuncio de que aumentará el salario a los trabajadores de recolección de basura, cuyas percepciones son miserables.

La gente está hasta la madre de los privilegios que tiene la alta burocracia municipal. Estrada Ferreiro anunció que adelgazará la administración y que no habrá secretarios particulares para los secretarios, ni escoltas, ni choferes. No hay todavía una cuantificación del ahorro, pero su intención es aprovechar los recursos que se destinaban a buena parte del personal de confianza en beneficio de la población.

Planteó también algo que tiene que ver con lo amable o no que puede ser una ciudad, y esto es la distribución de las rutas del transporte urbano que todos los días saturan el centro, problema que ningún alcalde se ha atrevido a resolver porque temen enfrentar el inmenso poder de los transportistas —y el de los comerciantes, quienes piensan que si el camión no llega a la puerta de su changarro la gente no se va a parar por ahí, lo cual no es cierto.

En general, Estrada Ferreiro plantea contribuir a una cultura de la legalidad en todos los órdenes. Por eso implementará un sistema más estricto —y ágil, según dice— de multas de Tránsito, tanto para recaudar como para que la gente respete las reglas.

También propone erradicar la corrupción de la administración municipal. Y es, de los siete alcaldes que tendrá Morena en Sinaloa, el que más ha puesto el acento en este tema. Se rige, lo ha dicho reiteradamente, por los postulados de Andrés Manuel López Obrador. No se han visto, sin embargo, signos de que vaya a ser muy transparente. Ojalá que sí.

No es fácil estar en contra de lo que plantea. Habrá muchos que no estarán contentos con esta nueva forma de llevar las riendas de una comuna, y estos son los que históricamente han salido beneficiados. Hay grupos de poder que no se quedarán quietos, que ya se andan moviendo, que meterán presión. Y tendrá que resistir, como lo está siendo su “guía moral” frente al poder económico.

Bola y cadena
EN SU DISCURSO DEL MIÉRCOLES, Estrada Ferreiro reiteró, como ya lo había anunciado, que no habrá contratos permanentes de publicidad y que ésta será negociada con medios específicos de acuerdo a las necesidades de la comuna. En un esquema de reducción de gastos eso está bien siempre y cuando los criterios para seleccionar a qué medios le dará publicidad y a cuáles no, sean claros. Los recursos son públicos y su destino no puede ser faccioso ni sujeto a presiones.

Sentido contrario
UNO DE LOS MAYORES RETOS QUE TENDRÁ Estrada Ferreiro es la congruencia. Dijo que armaría su equipo sobre todo con la gente de Morena. Pero con los primeros nombramientos nos dimos cuenta que no será así. Por el contrario, desplazó a un morenista, Lucas Lizárraga, para poner en su lugar, en la secretaría del Ayuntamiento, a un priista-millanista: Othón Herrera y Cairo.

Humo negro
MÁS ALLA DE LA CONSULTA, QUE FUE una vacilada morenista, la decisión de Andrés Manuel López Obrador de cancelar la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco, conlleva muchas lecturas; una tiene que ver con el poder y su ejercicio pleno frente a otros poderes muchas veces turbios. López Obrador quiso dejar muy claro que las cosas iban a cambiar —y no de un capitalismo de cuates por un capitalismo de nuevos cuates, como se pretende hacer creer— y que en lo sucesivo el poder económico no puede seguir gobernando al país en detrimento de las grandes mayorías. El mensaje fue muy claro para los empresarios. Pudo haber tomado la misma decisión sin la consulta y se hubiera ahorrado el escarnio, pero ese es otro tema.

Columna publicada el 4 de noviembre de 2018 en la edición 823 del semanario Ríodoce.

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