El narco también espera un ganador en 2018

VIOLENCIA ELECTORAL. Los enigmas sobre el narco.

Estas elecciones pasarán a la historia por muchas razones, una de ellas por haber sido las más violentas. Hasta la tarde del viernes, 48 candidatos habían sido asesinados. De acuerdo al registro, Guerrero es la entidad que cobró más víctimas, con 14 casos, lo cual se explica por los niveles de violencia que padece. Michoacán, Oaxaca y Puebla sufrieron la pérdida de cinco aspirantes cada una y el Estado de México y Jalisco aportaron cuatro casos por entidad. En Sinaloa mataron a un operador del PAS y candidato a regidor suplente de Sinaloa municipio.

Como trasfondo de la proclividad por matar para dirimir un conflicto de intereses está la impunidad y nada más que eso. El loco mata por su problema mental a pesar de que sabe que lo meterán a la cárcel o que acabarán con él. Pero en México se mata porque el que lo hace calcula que la posibilidad del castigo es muy remota. La prueba está en que solo en una mínima parte de estos casos hay autores materiales señalados y de los intelectuales casi en ninguno. La otra característica es que aquí los crímenes son por encargo, casi nunca ejecutados por la persona directamente interesada.

Y aunque en muchos de los casos hay elementos del crimen organizado de por medio, no debe pensarse que tantas muertes tienen que ver con una reconfiguración o reacomodos de los cárteles de la droga ante los nuevos escenarios que vienen debido a que se trata, además de las elecciones locales, de una contienda presidencial.

No por ello, sin embargo, dejemos de pensar en que se encuentra en camino una reconfiguración de los cárteles en México. Siempre ha ocurrido y cada presidente ha tenido su narco favorito. Cuando Carlos Salinas llegó al poder acabó con el Padrino, Miguel Félix Gallardo, pero encumbró a Juan García Ábrego con intermediación de su hermano, Raúl Salinas. Pero la suerte se le acabó al capo, pues una vez que llegó Ernesto Zedillo fue aprehendido y extraditado.

Para entonces Amado Carrillo Fuentes ya era el Señor de los Cielos, hasta que murió, en enero de 1997, durante una intervención quirúrgica. Muerto Amado, se encumbró el Cártel de Sinaloa que entonces lideraban, Ismael Zambada García, el Mayo, y Juan José Esparragoza Moreno, el Azul. Pero al llegar Vicente Fox a la presidencia se “fugó” Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, quien se convertiría en una de las inspiraciones del Cártel para extenderse por todo el país, todo esto de la mano del gobierno federal y en particular de altos mandos del Ejército Mexicano. El Chapo Guzmán, puede decirse, fue el capo del panismo.

Pero llegando Enrique Peña Nieto a la presidencia, inició su cacería con la ayuda del gobierno norteamericano, hasta que lo atrapó en Mazatlán, en febrero de 2014. Mientras, una nueva organización surgía en México: el Cártel de Jalisco Nueva Generación, que en pocos años controlaría varios estados, rutas importantes para el trasiego de drogas a Estados Unidos y Europa y las redes de distribución en varios estados de la Unión Americana. Ha sido, en suma, el cártel del sexenio.

¿Qué viene para los próximos seis años? Es un enigma. Todo indica que la presidencia de la república será ganada por Morena y su candidato, Andrés Manuel López Obrador, y será un contexto nuevo para las organizaciones criminales, simplemente porque operarán bajo un gobierno que en sentido estricto no conocen. No se ha visto, hasta ahora, qué estrategia contra el narco trae el tabasqueño y qué uso hará de las fuerzas armadas, si buscará negociar con los cárteles y en qué plan. Tampoco el lugar que le dará al gobierno de los Estados Unidos en este tema, lo cual es fundamental para tratar de entender hacia dónde camina.

De lo que sí podemos estar seguros es que una política similar contra el narco traerá como consecuencia un incremento de su presencia en todos los sentidos. Esto ocurrió con Peña Nieto, que no cambió un ápice lo que venía haciendo Calderón y los resultados están a la vista: más violencia, más penetración del crimen en todos los ámbitos de la vida pública, más impunidad, más drogadicción. Y ahí esta Ayotzinapa, como una trágica y dolorosa lección y muestra de lo que nunca debió ocurrir en nuestro país.

Bola y cadena
ES EVIDENTE QUE EN ESTE TEMA hace falta un manotazo del Estado y esto no quiere decir que tengan que violentarse los derechos humanos ni las garantías de los ciudadanos. Se ocupan medidas de fondo, no negociaciones que al final terminan por fortalecer el fenómeno. Así ha ido creciendo todos estos lustros. Y tienen que ir más allá de generar empleos y darles oportunidades a los jóvenes. Hay, vigentes y actuantes, estructuras criminales que deben ser desmanteladas con el fin de diezmar la capacidad de reacción de los cárteles. Y para eso hace falta un golpe de timón. Y acabar con el régimen de impunidad, eso es vital.

Sentido contrario
La muerte de al menos 48 candidatos y más de 130 personas ligadas de alguna forma al proceso electoral (operadores, regidores, ex alcaldes, dirigentes partidistas) habla de la penetración del narco en la política y en la cosa electoral. Y este es otra de las asignaturas pendientes del Estado: combatir la narcopolítica.

Humo negro
UNA VEZ PASADAS LAS ELECCIONES la clase política sinaloense empezará a pensar en lo que sigue. En solo tres años se estará renovando la gubernatura y debido a la crisis en la que entrará el PRI nacional, las pasiones se concentrarán aquí, todos atentos a los movimientos del pequeño Tlatoani marismeño.

Columna publicada el 1 de julio de 2018 en la edición 805 del semanario Ríodoce.

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