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Mío o de nadie

 

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El título de Mío o de nadie (Unforgettable/EU/2017) en inglés, traducido al español, literalmente significa inolvidable, pero curiosamente, con una premisa tan común, que nunca alcanzará la trascendencia más allá de la sala, es la característica que menos tiene la ópera prima dirigida por Denise Di Novi ­—encargada de producir varias películas entre las que destacan algunas que de seguro sí quedaron en la memoria de muchos: Batman Regresa (1992), Ed Wood (1994), Si decido quedarme (2014) y Focus (2015).

La cinta, también producida por Di Novi y escrita por Christina Hodson y David Leslie Johnson, a pesar de ser muy mala, al menos estuvo dos semanas en la cartelera culichi, y la única razón que puede explicar eso es que se trata de una telenovela de poco más de hora y media, lo que demuestra lo arraigado en muchas personas de ese formato complaciente y fácil de digerir —no lo reconocen, se quejan de lo que programan las televisoras, pero los niveles de audiencia las delatan.

La esperanza de creer en el amor, tras una relación en la que le fue muy mal, aparece de nuevo en Julia (Rosario Dawson), luego de conocer a David (Geoff Stults), al grado de dejar su trabajo y mudarse a otra ciudad, para vivir con él.

Al principio nada parece perturbar a los novios, ni siquiera la presencia de Lili (Isabella Kai Rice), la hija de David, ni la de Tessa (Katherine Heigl), su exesposa, quien incluso se muestra amigable y sin inconvenientes de compartir a los suyos con la recién llegada.

Las visitas constantes de Tessa a la casa de su ex y su nueva novia, con el pretexto de que se le olvidó algo a la hija que se quedará con el papá, más que incómodos, parecen la oportunidad de llevar la fiesta en paz, porque siempre habrá un lazo que los una.

Los problemas comienzan cuando un teléfono celular y un anillo desaparecen, y alguien entra sin permiso a una cuenta de Facebook y tiene conversaciones con uno de los contactos. Aunado a eso, Lili cada vez es más cercana a Julia, lo que no le parece a Tessa, quien no pierde la esperanza de recuperar a su familia.

Lo más significativo de Mío o de nadie es la interpretación de Heigl, para quien está claro que no aplica aquello de “las mujeres pueden despedazarse, pero jamás se harán daño”: como Tessa, jamás titubea al perjudicar al personaje de Dawson, en su intención de recuperar lo que según le pertenece. Contrario a eso, la guapa rubia se conduce muy sutil al principio, sólo para generar confianza y credibilidad, y después actuar con más ímpetu: sonríe, es amable, educada, atenta, pero también, en silencio, observa, estudia, investiga y, en el momento oportuno, lanza sin piedad el golpe, hasta que ya no le importa salir descubierta.

Una de las más grandes fallas de la cinta es lo obvia, estereotipada y predecible de su historia. Desde el principio uno se hace expectativas, pero da el beneficio de la duda, porque considera que no puede ser tan simple. Lo sorprendente es que acaba siendo mucho más de lo que se pensó, tal cual sucedería en cualquier novela del 2 o del 7.

Es interesante cómo, siendo hecha y protagonizada por mujeres, la película muestre un ángulo tan rechazado por algunas de ellas que aseguran que no necesitan para nada a los hombres y, al menos aquí, se maten por ellos. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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