martes, diciembre 7, 2021
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Cómo ser un Latin Lover

 

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Más allá de lo que pudo haber contribuido por su premisa y en lo técnico, lo más significativo de Cómo ser un Latin Lover (How to Be a Latin Lover/EU/2017) es que le demuestra, al único que parece dudarlo, la influencia que los mexicanos y los latinos tienen en Estados Unidos: sólo en su primer fin de semana de estreno allá, la cinta recaudó 12 millones de dólares y se posicionó en segundo lugar, sólo por debajo de Rápidos y furiosos 8.

En México, el filme también se coronó como el más visto en su primera semana en las salas: obtuvo 215.71 millones de pesos y la vieron 4.8 millones de personas, aunque se entiende que acá Eugenio Derbez es mucho más reconocido por sus programas en la televisión, y Salma Hayek es muy querida.

Mientras el deseo de su hermana Sara (Hayek) era ser arquitecta para construir una casa grande a su familia, el de Máximo (Derbez) era ser rico para no tener que trabajar, y lo cumple: desde muy joven conquista a una mujer de edad avanzada (Renée Taylor) y permanece casado con ella por 25 años, en medio de lujos y regalos costosos, hasta que un vendedor de carros (Michael Cera) con menos años que él, le quita el puesto y lo deja en la calle, sin nada.

A Máximo no le queda más que recurrir a Sara, a la que tiene años de no ver, por lo que ni enterado está de la existencia de Hugo (Raphael Alejandro), su sobrino de 10 años. Al principio no le hace mucha gracia su presencia, pero poco a poco el desbancado vividor irá ganando terreno en la casa.

Una de las veces que Máximo lleva a Hugo a la escuela, se topa con la oportunidad que estaba buscando: la abuela de la niña que le gusta a su sobrino cumple con los requisitos económicos que él necesita. A la vez que instruya al niño en cómo conquistar a su compañera de clases, el especialista en mujeres buscará hacer lo propio con la señora.

Los problemas vendrán cuando Máximo se dé cuenta de que no es el único que quiere vivir entre lujos sin hacer nada, y el día que le haga pasar una vergüenza a su sobrino en una fiesta de cumpleaños: todo lo que había logrado con sus parientes, corre el riesgo de perderse.

La taquilla no es el único aspecto que importa en una cinta. De hecho, hay realizadores que de antemano saben que no recuperarán la inversión, porque lo más relevante para ellos es su aporte artístico, lo cual es evidente que no fue del interés del director Ken Marino: estamos ante un producto de una narrativa sencilla, una historia complaciente con el espectador, con demasiados estereotipos y predecible hasta el cansancio.

En lo referente a las actuaciones, por más que Derbez hace un intento, su interpretación no es más de lo que ya se conoce de él, con la que puede hacer reír a algunos, pero en ningún momento es sobresaliente, incluso en ocasiones sus carcajadas se perciben completamente falsas. Hayek, si bien está más guapa que nunca, sobre todo con ese vestido negro, tampoco se caracteriza por ser una excelente actriz, y en esta ocasión no hizo ningún esfuerzo por cambiarlo. El que sí es más creíble y empático con el público es Raphael Alejandro, como casi todos los niños en el cine.

Es verdad que se divertirá con la cinta del director y protagonista de No se aceptan devoluciones (2013), pero nada más. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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