¿POR QUÉ ENGORDAMOS?

 

La manera fácil de entender por qué engordamos es resumir las causas en dos; por enfermedad y por tragones. Los trastornos metabólicos, específicamente los endócrinos o glandulares representan la minoría que va del 2 al 5 por ciento; el resto, es decir nueve de cada diez obesos, se debe a la transgresión dietética. Ingerir muchas calorías no es el problema, el problema es la vida sedentaria, léase la falta de ejercicio.

 

El diseño original del humano según los antropólogos es caminar en promedio veinte kilómetros diarios. Los obesos no hacen ejercicio que equivalga a caminar veinte kilómetros al día.

 

Si una persona consume en promedio dos mil calorías al día, su requerimiento de ejercicio es mínimo, prácticamente nada, pero si consume diez mil calorías necesita hacer ejercicio entre dos y cuatro horas para poder quemar las ocho mil calorías que consumió de más.

 

El meta análisis es que se engorda porque no se hace ejercicio equivalente al consumo excesivo de calorías; en una palabra, se engorda no por la cantidad de comida consumida sino por la falta de ejercicio que es el sello de la vida sedentaria.

 

No hay gordura que resista la disciplina del ejercicio equivalente al exceso calórico, excepto la causada por un trastorno glandular.

 

La pregunta recurrente de los obesos es ¿Cuántos minutos de ejercicio necesito hacer al día? Y la respuesta no puede ser una receta de cocina.

 

El tiempo es relativo al exceso de calorías consumidas, es decir, si la persona consumió dos mil calorías, basta con diez minutos de ejercicio; si consumió cinco mil necesita entre sesenta y cien minutos y si consumió diez mil necesita entre tres y cuatro horas. De no ser así irá acumulando poco a poco un residual calórico transformado en grasa que primero modificará su figura y después lo enfermará.

 

Cualquier ejercicio es bueno si equivale a las calorías excedentes y ningún ejercicio servirá por más de moda que esté si no equivale a los excesos calóricos.

 

Los endocrinólogos afirman la importancia de los carbohidratos en tanto el cerebro trabaja con glucosa y no hay sustituto. La glucosa y el oxígeno son las dos condiciones de vida para las células en general y para el cerebro en particular, por eso hay que desmitificar el uso de los carbohidratos y fomentar el uso del ejercicio como terapia de éxito en las personas obesas.

 

Que quede claro: no es la dieta, es el ejercicio lo que puede salvar a los obesos de su enfermedad, porque aún las personas que se mantienen en su peso ideal pero sin hacer ejercicio, la vida sedentaria les cobra la factura a precio de enfermedad llamada infarto, colesterol alto o como se le llame.

 

La recomendación no es deje de comer, es “haga ejercicio”, deje la vida sedentaria y recuerde que sus genes tienen sed de regresar a la vida nómada.

 

 

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