mayo 13, 2021 7:38 PM

Sin perder la perspectiva

ERNESTO HERNÁNDEZ. Análisis con rigor.
ERNESTO HERNÁNDEZ. Análisis con rigor.

“Los intelectuales se miden por sus posturas críticas”: Ernesto Hernández durante la presentación de su libro Sinaloa, ¡es el contexto, estúpido!

 

Natalia Ramírez

 

“La tortura sigue siendo el mejor mecanismo para crear culpables. Es una práctica de los tiempos de la santa inquisición, ¿cómo es posible una práctica colonial en pleno siglo XXI?”, se preguntó Ernesto Hernández Norzagaray en la presentación de su libro Sinaloa, ¡es el contexto, estúpido!

 

El también sociólogo resaltó lo anterior al referirse al caso de Yesenia Armenta Graciano, el cual, dijo, representa diferentes contextos: la indagación que se realiza es escasa y a pesar de no haber una averiguación previa, en 48 horas las autoridades sinaloenses tienen al culpable.

 

Al hablar del título de su libro, el autor consideró que éste es un llamado de atención para que la gente se interese en el contexto que el estado está viviendo.

 

El libro que se presentó es una compilación de artículos publicados en el diario Noroeste durante más de 16 años; desde 1998, cuando el escritor sinaloense comenzó su colaboración en ese periódico.

 

Hernández Norzagaray, considerado por muchos como uno de los mayores críticos de la política en nuestro país, pero sobre todo, del estado que lo vio crecer, Sinaloa, dijo que los mil cien casos de desapariciones forzadas del gobierno de Mario López Valdez, es una cifra escandalosa, de los cuales, la mayoría de ellos están muertos y tal vez, en una fosa”.

 

El contexto del que habla Norzagaray, es diverso, apena y duele al escucharlo. Una parte de él es la violencia, en donde Sinaloa ocupa el sexto lugar en el ranking de estados con mayor índice de homicidios dolosos: 41.20 por cada cien mil habitantes.

 

Más contexto: La construcción de dos hospitales —uno en Culiacán y otro en Mazatlán— que implicarían un adeudo millonario para el estado por 25 años, aunque no es privativo del estado, hace más evidente para Ernesto Hernández que la asociación pública-privada en estos ámbitos evidencia aún más los vínculos existentes entre gobierno federal, gobiernos estatales y empresarios, buscando la asignación de la obra pública.

 

“Todos estos elementos podrían no llegar a mayor cosa, pero son contextuales y es al contexto al que le tenemos que poner verdadera atención”, agregó.

 

Minutos antes de que su conferencia comience, sentado en las sillas plegables donde después un auditorio expectante lo escucharía hablar sobre los conflictos sociales, económicos y políticos de Sinaloa, Ernesto Hernández Norzagaray considera que el papel de los intelectuales en la política mexicana debe ser absolutamente crítico. Le resulta imposible ver caminar de la mano esa esencia de “pensar en libertad” —que debe caracterizar a dicho grupo— con un “fanatismo aplaudidor”.

 

“Los intelectuales se miden no por sus conocimientos, sino por sus posturas de crítica”, afirmó.

 

El politólogo sinaloense considera que la mayoría de los intelectuales en el estado buscan más el beneficio de la relación con el poder, sea del partido que sea, ya que esto les supone becas, trabajo o hasta llegar a un cargo político como consejero o regidor, pero al momento de suceder eso, dijo, “la crítica se mella, se vuelve insustancial, se vuelve intelectualoide”.

La trayectoria de Norzagaray es amplia. Con 36 años como académico de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), sabe que el emitir opiniones críticas tiene un costo:

 

“Yo quería seguir ahí, propuse hacerlo sin un sueldo, pero el rector rechazó la propuesta por mis opiniones en los medios”.

 

El escritor cree que un grupo académico no se puede sentir intocable y eterno, “La institución no es Héctor Melesio Cuén, ni el rector; ellos son transitorios, la universidad tiene más de 130 años”.

 

El emitir un juicio crítico y su opinión hacía ellos y lo que representan, es sólo lo que Norzagaray reconoce como una obligación después de haber formado parte de la máxima casa de estudios durante tantos años:

 

“Esta idea que los fanáticos “cuenistas” tienen de que no se les puede tocar es perder la perspectiva, no puede ser que quien prepare a los jóvenes sean más leales a un personaje, por más ilustre que sea”.

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