junio 14, 2021 7:15 PM

Futbol: tráfico de niños

MAFIA. Niños son engañados por la mafia en el futbol.
MAFIA. Niños son engañados por la mafia en el futbol.

Dos futbolistas africanos relatan las penurias que pasaron en Argentina y Suiza; algunos expertos analizan el sistema y el papel de las federaciones en las inscripciones de menores
La mafia en el futbol nunca acabará. Y es que cerca de 20 mil menores africanos salen de sus casas con engaños para buscar jugar en Europa, pero muchos de ellos fracasan y son dejados en la calle.
Esa mafia busca a buenos jugadores en países pobres, engañan a las familias, que en muchas ocasiones tienen que vender todo lo que tienen para pagar el viaje, pero al final viven en condiciones miserables.
Si finalmente ningún equipo los quiere o tienen una lesión… les dan la espalda. Y los niños se quedan en la calle.
“Algunos se suicidan y bastantes terminan prostituyéndose”, dice Miguel Alcantud, director de Diamantes negros, una película que retrata esta tragedia y que conquistó el Premio del Público en el Festival de Málaga.
Y agrega: “Lo del futbol es un gigante muy grande, mueve tanto dinero que hay 20 mil niños en la calle y nadie lo sabe. Es necesario que se abra un debate y que se revisen las normas de la FIFA. A mí me gusta el futbol —reconoce Alcantud— pero me doy cuenta de que esos mismos clubes que dan entretenimiento hacen esto por detrás, cuando tienen potencial para abrir escuelas en los países africanos, educarles y entrenarles allí y luego, cuando sean mayores de edad, que los traigan. Si conseguimos que las dos ‘bestias’ del fútbol por lo menos rectifiquen en alguna cosa… Que dejen de comprar niños para explotarlos laboralmente”.
Las mafias que trafican con estos niños utilizan becas ficticias, falsificación de pasaportes o de contratos de trabajo para hacerles llegar. Cuando ya están aquí no les escolarizan, les encierran a veces incluso en sótanos, en muchas ocasiones les dejan solos… El futbolista camerunés Jean-Claude Mbvoumin denunció esta realidad en el Parlamento Europeo a través de la ONG Culture Foot Solidaire.
Y existen varias historias.
Pascal Alima, quien ha jugado en tres continentes distintos antes de haber alcanzado siquiera la mayoría de edad, sigue empeñando en cumplir la promesa que le hizo a su padre antes de morir: convertirse en futbolista profesional.
La adolescencia de este camerunés de 21 años no estuvo en las aulas, sino en los terrenos de entrenamiento de Brasil, Argentina y España. Su vida quedó en manos de un representante, quien mintió a un club argentino diciendo que los padres del jugador estaban muertos. Lejos de los grandes estadios con los que sueña, Alima se mantiene en forma con el CD Canillas, de la preferente madrileña.
Otro caso es el del marroquí Mohamed Chakkar, quien ni siquiera llegó a vestirse de corto. Ahora con 24 años, abandonó su país con 17 rumbo a España, donde cuenta que un representante le organizó una prueba con el Young Boys suizo. Allí le esperaba un agente que debía acompañarle y, como parte de la cadena, exigió su compensación. “Me pidió otros 200 euros y yo no llevaba nada. El agente español me dijo por teléfono: ‘Mira, ¿quieres que te hable en serio? Tienes que pagar, en el mundo del fútbol nadie se mueve sin dinero’ y estuve dos días durmiendo en la calle”.
Las noches a la intemperie en Suiza han acabado con el sueño de Chakkar, que ahora trabaja de pizzero en Madrid. “Después de que te pase todo esto tiras la toalla. Si llega algún equipo a por mí, bien; si no, pues nada”. Mientras, Alima tiene un impulso detrás que no le permite rendirse. “Con todo lo que he luchado y vivido no puedo perder la fe. Dios no olvida a sus niños”.
En España todo el mundo conoce el caso de Eto’o, que estuvo siete meses viviendo en la calle en Francia cuando tenía once años, o el de Messi, que fichó con el Barsa cuando era menor de edad. El caso de Dungai Fusini, un chico de Costa de Marfil de catorce años, fue el que dio nombre al tráfico de niños en Italia.
La película.
La película.

El Barsa fue multado
El reclutamiento internacional de menores de edad, en el punto de mira tras la sanción de un año sin fichar que la FIFA le ha impuesto al Barcelona por el traspaso de futbolistas de edades inferiores a los 18 años —un castigo confirmado por la Comisión Disciplinaria del organismo—, enfrenta las legítimas aspiraciones por una vida mejor con el uso, a veces indiscriminado e irresponsable, que los clubes hacen de esa materia prima.
“Los agentes ofrecían a muchos menores para que hicieran una prueba con los equipos grandes. Si al final no interesaban, muchos se quedaban tirados en el país sin billete de vuelta”, explica Javier Rodríguez Ten, Doctor en Derecho y especialista en Derecho deportivo.
Información de Luis Javier González/El País/Begoña Piña

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