De memoria recita: “Pero esta noche el capitán, borracho de ron y de silencios…”, acentúa un pequeño silencio y atrae los versos apolillados: “me deja la memoria a la deriva, y este viento civil entre los árboles…”. Alfredo Soto Guillén respira sobre las palabras muertas de Gilberto Owen; estas fulguran con ese delirio poético que anunciaba la filósofa María Zambrano, donde el poeta desprende otras geometrías, ve y nombra en su razón poética: “Me sabe amar, me sabe a mar colérico en los mástiles, a memoria morosa en las heridas… A norte y sur de rosa de los tiempos…”, culmina y el espectador aplaude.
Soto Guillén e Iván Rocha Rodelo, ambos poetas sinaloenses, destacaron a Owen como una de las figuras centrales para sus tejidos poéticos durante la “Conversación y lectura de poemas de Gilberto Owen”, celebrada en el Centro de Literatura (CELIT). En Rocha Rodelo, la lectura de Owen ha permitido la apropiación de recursos “luminosos” para expresarse, viendo en él una obra viva que da pistas para la creación propia. Ha tomado para su ejercicio de escritura el concepto de la bitácora o el registro de los días, tal como el poema recitado de memoria por Soto Guillén, “Día siete. El compás roto”, grabado en la obra Perseo vencido.
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“Yo apostaría por ese acercamiento, quizá no acercarnos a la obra de Owen desde la monumentalidad, no desde el personaje solamente. Desde el personaje históricamente relevante, históricamente del poeta clásico sinaloense sino acercarnos a una obra viva, sugerente que nos puede dar pistas, nos puede dar ideas para poder empezar a hacer cosas nosotros”, expuso.
Rocha Rodelo ha encontrado en sus propios poemas construcciones lingüísticas similares a las de Owen, como el uso de expresiones del tipo “mis siempres y mis jamases”, presente en el poema “Día tres. Al espejo”, de su extensa obra Sindbad el varado.
“Ese tipo de expresiones que están muy presentes en Owen, pero también en los otros contemporáneos a mí me resultan muy muy interesantes y descubrí que en mis poemas también hago mucho ese tipo de construcciones. Entonces, pues sí, es, es como un poeta que siempre sugiere, siempre te da alguna pista por dónde marchar”, dijo.
Por su parte, Soto Guillén describió su poesía como un espacio al que siempre se puede volver para descubrir algo nuevo, oculto a primera vista, comprendiéndola como un “manantial de hallazgos”, inagotable. Además, puso de relieve el recurso frecuente de los mitos, los héroes griegos, el mar, la naturaleza y la visualidad del paisaje en la construcción que se resume a lo largo de sus obras. El título de su libro, Luz Demorada, es un verso tomado directamente del poema de Owen titulado “Booz canta su amor”:
“Me he querido mentir que no te amo, roja alegría incauta, sol sin freno en la tarde que sólo tú detienes, luz demorada sobre mi deshielo; por no apagar la brasa de tus labios con un amor que darte no merezco, por no echar sobre el alba de tus hombros las horas que le restan a mi duelo…”
“Entonces también fue una lectura muy importante para mí cuando estuvimos en Letras, cuando estábamos estudiando. Y sí, yo creo que es una de las lecturas que fueron un pilar para mi educación como poeta”, mencionó.
Iván Rocha confesó —con un libro de la obra poética de Gilberto en mano— que sus primeros contactos con la escritura del sinaloense fueron “desenfrenados y desordenados”, en principio por lo demandante de su carrera y el tener que transitar de forma rápida entre páginas y autores; es decir, su vínculo con Owen tardó en construirse. Fue hasta años posteriores, al dar una lectura más cuidadosa y atenta, cuando logró descubrir la riqueza de sus letras.
“Para mí Gilberto Owen es el más experimental de los contemporáneos. Para mí es el más vanguardista de los contemporáneos (…) con mucha musicalidad, pero a veces con un lenguaje muy entrañable, muy conversacional, muy directo, muy claro, que era poco frecuente en una poesía mexicana que todavía estaba muy empapada de modernismo, de esta voluptuosidad lingüística propia del modernismo”, detalló.
Añadió que, en la tesis realizada por Santos Javier Velázquez Hernández entiende que la obra de Owen refleja la angustia del autor: “va en buena medida de los dilemas en los que se encuentra el poeta al no poder lograr llegar a la poesía con mayúsculas. Cómo la poesía termina avasallando al poeta y termina destruyéndose al final”.
Velázquez remarcó que el motor del poema de Owen es, paradójicamente, la incapacidad de decir o nombrar las cosas que suceden, explicando que era un poeta extremadamente autocrítico e inconforme con su obra, lo que lo llevaba a una constante revisión personal. Esta actitud contribuyó a que su poesía se tornara críptica, dificultando en ocasiones su interpretación a pesar de su ritmo y musicalidad.
El poeta Jesús Ramón Ibarra acercó sus comentarios al exponer que parte de la influencia de Owen proviene de la mitificación de su propia figura, un personaje que el mismo poeta ayudó a fabricar en vida. Tanto Soto Guillén como Rocha Rodelo concluyeron en que existe una deuda institucional con Owen y que más allá de discutir sobre sus restos físicos, es vital que las instituciones promuevan ediciones críticas y accesibles de su obra, ya que actualmente es difícil encontrar sus libros, lo que limita que nuevos lectores superen la sensación de asfixia o dificultad que a veces producen sus letras.
Artículo publicado el 20 de julio de 2026 en la edición número 26 del suplemento cultural Barco de Papel de Ríodoce.



