Gilberto Owen Estrada: el poeta y escritor desterrado

Gilberto Owen Estrada: el poeta y escritor desterrado

Entre los poetas y escritores mexicanos, específicamente de los periodos Modernista, Vanguardista, y Contemporáneo, que oscilaron entre 1880 a 1932, Gilberto Owen Estrada, representa uno de los más místicos, herméticos y metafóricos autores, pero también uno de los más brillantes proceros en el género de versos libres.

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Aunque sus trabajos más reconocidos son Novela como nube (1926), Perseo vencido (1948), Sindbat el varado, escrito y firmado en Bogotá, Colombia (1942), Libro de Ruth (1946), Línea (1930) La llama fría (1925), Desvelo (1923) y sus famosas Cartas a Clementina Otero de 1982 (actriz de teatro mexicano varios años mayor que él, de la cual estuvo enamorado toda su vida) el estilo único que imprimió en estas obras maestras de la poesía amorosa mexicana y otras más, fueron suficientes para que transcendiera en la literatura universal, como uno de los poetas más imagineros del verso.

Gilberto, producto de una fugaz relación entre su padre, un gambusino irlandés que vino a probar suerte a Sinaloa, de apellido Owen y su madre Margarita Estrada de origen indígena, nació el 13 de mayo de 1904 en el municipio de Rosario. (Su padre, por ser hijo natural no lo reconoce). Gilberto, desde edad temprana, se sumergió en la literatura, inscribiéndose en 1919 en el Instituto Científico y Literario de Toluca, a donde llega acompañado de su madre y su media hermana, Enriqueta Guerra, a la edad de 15 años. En Toluca vivía el tío Bardomiano Estrada, quien tuvo que fungir como su tutor, y con el que los tres vivieron en la calle Isabela Católica número 31. Siendo este tío quien los apoyaba económicamente. Cuando Gilberto ingresa al Instituto Científico y literario en 1919 como Gilberto Estrada, pero más tarde empieza a firmar como Gilberto O. Estrada y con el paso del tiempo se lo cambiaria por Gilberto Oven, y convencido del su primer apellido cambia definitivamente a Gilberto Owen; aquí, cabe señalar que la sombra del padre ausente lo persigue toda su vida; y de acuerdo con su perfil psicológico vivió perturbado de manera irremediable, y en su prosa lo transmite.

En Toluca es también donde inicia su carrera de periodista en 1920 como secretario de redacción en el periódico Manchas de Tinta. Fue, entre otros cargos, subdirector de la biblioteca pública de Toluca. En 1922 es director de la revista Raza Nueva, y de este año son los primeros versos que realiza, sin embargo, es hasta 1957, en un homenaje póstumo cuando se publican. Fondo de Cultura Económica también publica su obra casi completa dos años después de su muerte. Cabe mencionar, que es en Toluca y no en la Ciudad de México, donde se reúne el grupo literario al que pertenecía Owen, “sin pertenecer”.

Al inicio de su carrera literaria fue decisiva la lectura del poema “La Legión del Águila”, el cual compuso en honor a Juárez, mismo que leyó frente al presidente del Republica Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, en la VI ceremonia de aniversario de la Constitución Política Mexicana.

En 1923 publica “La falange”, “Canción del alfarero”, “El gladiador”, “El madrigal de San Puericia”, entre otros. Son poemas con estilo modernista ya en decadencia al estilo de Amado Nervo y Ramon López Velarde.

Luego en agosto de 1923 hasta julio de 1928, Owen se muda a México donde tiene contacto con los escritores Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta y Salvador Novo, lee mucho a Juan Ramon Jiménez, Adré Gide y TS Elliot. En 1925 realiza el primer ejercicio poético en forma de relato.

En 1927 participa en la revista Ulises que dirigen Salvador Novo y Villaurrutia que solo edita seis números.

 

GILBERTO OWEN (CÍRCULO DERECHA). Con el equipo de redacción de El Tiempo. Foto: Andrés Ospina.

 

Después publica “Desvelo”, “Corolas de papel de estas canciones”, “Romance”, “El agua entre los álamos”, “Pájaro pinto, “Pachuca”. De los poemas en prosa publica, “Teologías”, “Maravillas de la voluntad”, “Interior”, “Novela y Poética”.

Owen, inquieto y visionario, prueba suerte en el Teatro Ulises, donde fue traductor de obras como Simili de Claude Roger-Marx, también actuó en la obra Ligados de Eugene O Neill, el Pergamino de Charles Vildrac y El tiempo es sueño de Henri R Lenormand. En esta última obra teatral conoció a Clementina Otero, quien más tarde se convertiría en la destinataria de las cartas más poéticas de la literatura mexicana, mismas que fueron escritas en 1928, después de que abandonara México, Clementina Otero, nunca le correspondió a su amor. Por tal motivo es importante señalar que en dichas cartas se manifiesta el desdén, la desesperanza y la rabia de Owen por el rechazo de Clementina, que rayan en lo prosaico.

Fue también en el año de 1928 cuando aparece Novela como nube, una novela cuyo carácter imaginativo y lúdico, la convierten en una obra experimental, innovadora y perfecta por su riqueza verbal. En 1930 publica Línea en los Cuadernos del Plata de Buenos Aires, entre otros poemas.

Sin embargo, el rosarense se aleja poco a poco del Modernismo e ingresa a la estética Vanguardista, la cual será dominante e innovadora, ya en estas fechas, el estilo oweniano críptico, lúdico y lírico, es muy distintivo en los géneros en que participa.

Otras de las facetas de Owen, y que poco es conocida fue cuando estuvo comisionado por el Gobierno de México, al Servicio Conciliar, el cual inicia en Nueva York, llegando el 8 de agosto de 1928, adscrito a la Secretaría de Relaciones Exteriores. Después, el 11 de octubre de 1929 pasa a Detroit, Michigan, y en enero de 1931 a Cincinnati, Ohio. Ese mismo año, el 27 de julio, llega a Perú para desempeñarse como Cónsul General. Ahí hace amistad con escritores peruanos como, Martín Adán, José Diez Canseco, Benjamín Carreón, Luis Alberto Sánchez y Víctor Haya de la Torre, entre otros. Owen, siendo muy amigo y contemporáneo de Genaro Estrada, logra que éste lo recomiende ante el gobierno mexicano como excelente escribiente y diplomático.

El 11 de febrero de 1932 viaja a Ecuador a fundar el consulado mexicano. En este mismo país es denunciado y expulsado por haber facilitado la huida de Luis Alberto Sánchez y Haya de la Torre, dos de los líderes más importantes del primer partido de izquierda en América Latina, La Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), deportados de Perú por el presidente Luis Miguel Sánchez Cerro.

Luego de estos acontecimientos viaja a Bogotá Colombia a fines de 1932, donde permanece hasta 1947.

En esa época, ya superado el Vanguardismo se dedicó a escribir en una forma más libre utilizando el coloquialismo, donde su poesía cobra más intensidad por su lirismo.

Ahí mismo en Bogotá, trabaja como articulista en los periódicos El Espectador y El Tiempo, siendo secretario de redacción de la revista La Estampa. También funda una librería denominada “1936” la cual fracasó. Así que Owen logra vivir y sostenerse económicamente del periodismo, sin descuidar sus reflexiones sobre arte y poesía.

“Filipinas en su víspera” fue el primer artículo que publicó en El Tiempo el 16 de enero de 1933, y durante todos esos años publica artículos periodísticos, suplementos semanales, lecturas dominicales en el mismo periódico. Todos sus artículos de carácter literario se dieron a conocer en México hasta 1978, en las páginas del suplemento cultural de El Sol de México, incorporándose a la edición de sus obras en 1979.

Muchos escritores cercanos a él participan como testigos de su boda con Cecilia Salazar Roldán en diciembre de 1935, en esa época surge la leyenda del poeta mexicano que cazaba en las selvas colombianas y contrajo matrimonio con una mujer millonaria, tienen 2 hijos, Victoria que nace el 4 de septiembre de 1936 y Guillermo el 4 de mayo de 1938. El matrimonio solo dura dos años.

Y mientras su vida mundana prosiguió, creó textos en el periódico El Tiempo en 1933 tales como “Nota Autobiográfica”, “River Rouge”, “La semilla en la ceniza”, “Defensa del hombre” y “El infierno perdido”, también poemas que integraría al Perseo vencido tales como “Discurso del paralítico”, “Laberinto del ciego”, “Tres versiones superfluas”, y otras más.

En 1942 viaja a México donde se dedica a la traducción y a reconocer la capital, que más tarde plasmaría en un trabajo titulado “Bagdad olvidadiza”. Dos años después regresa a Bogotá, para realizar en 1945 trámites para ingresar a la Secretaría de Relaciones Exteriores en calidad de Agregado Cultural adhonorem, después el 1 de enero de 1947 fecha oficial en el servicio exterior, lo envían a la embajada de Filadelfia, realizando actividades administrativas de un funcionario menor.

En los últimos años de su vida, Owen se vuelve más solitario, como un fantasma huidizo y reduce al mínimo sus relaciones sociales. Se dedica a reunir su obra junto con Josefina Procopio, y aunque murió ciego, el trabajo editorial que ambos realizaron, impreso en los talleres universitarios de la UNAM, no ha sido superado. Muere solo, olvidado y desahuciado el 9 de marzo de 1952 en una cama de hospital de Filadelfia USA. Sus restos, que fueran encontrados tras una tenaz y ardua búsqueda que empezó en 2015 y culminó en tiempos de pandemia 2021 por el narrador y poeta Carlos José Pérez Sámano, hasta hoy, yacen en el Cementerio Holy Cross, sección 57, hilera 26, fila 13, lote 29 y se espera que algún día sean rescatados estos restos para integrarlos a la rotonda de los hombres ilustres de su tierra natal. Dicha búsqueda de Pérez Sámano, fue inspirada en la novela Los Ingrávidos que Valeria Luiselli escribiera en 2011, en donde el protagonista es Gilberto Owen, y dicha escritora propone la idea de que se le dé una renovada visibilidad a este autor mexicano, como también se desempolve su obra que yace en los archivos de la UNAM y otras universidades de USA.

Aunque Owen, pretendió pasar ante el mundo de la literatura como un poeta y escritor desconocido y olvidado, bajo la sombra del anonimato, es uno de los autores literarios mexicanos que más críticos y admiradores tiene, gracias a su lirismo enigmático y su prosa casi metafísica.

Entre ellos se encuentran su profesor de retórica poética Felipe N Villarello, Rodolfo García, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco. Además, se han realizado tesis doctorales sobre su obra, tales como la de Effie Boldridge, José Sergio Cuervo y José Hilario Ortega presentadas en la Universidad de Missouri, Nueva York y Texas.

Tomas Segovia anota: “Los primeros versos muestran algunas experimentaciones, audacias incluso, en la forma exterior que, aun cuando no logran salvar la calidad del conjunto, parecen probar en cambio una temprana curiosidad formal que el poeta no desmintió después”.

Sin embargo, entre los críticos más connotados se encuentra Luis Alberto Sánchez, el cual valoró la importancia obra del rosarense, al ubicarlo no solo entre los escritores latinoamericanos más sobresalientes de su tiempo, sino en la Nueva historia de la literatura americana, el nombre de Gilberto Owen está asociado como los grandes poetas de la lengua española, posteriores a la muerte de Ruben Darío. Sánchez como lector crítico de su tiempo, abraza la propuesta de calificar la poesía de Owen como poesía metafísica, intelectiva o conceptual, poesía de los “imagineros de los sabios del verso.”

Luego, casi veinte años después del esfuerzo biográfico de José Rojas Garcidueñas (Gilberto Owen y su obra), Tomas Segovia en 1970 destaca el virtual desconocimiento de Owen en el mundo de las letras. Segovia destaca y hace énfasis con claridad las características de esta notable escritura, al tiempo que indica tres lecturas diferentes de Sindbad el varado, una como historia de amor, otra como la bitácora de un fracaso, y la tercera, el viaje al infierno de la inmovilidad. Respecto a lo anteriormente expuesto sobre el desconocimiento de su obra, surgen algunas preguntas obligadas: ¿Por qué si era un poeta tan brillante se desconocía su obra? ¿Sería que su obra estaba bloqueada por el mismo grupo de escritores y poetas contemporáneos, al cual pertenecía sin pertenecer? ¿O sería que las autoridades de Cultura y Educación Pública bloquearon el contenido de su obra por cuestiones ideológicas? ¿Por qué Owen es un desaparecido de la historia literaria mexicana incluso después de su muerte?

*El autor es presidente de La Crónica de Sinaloa

Artículo publicado el 20 de julio de 2026 en la edición número 26 del suplemento cultural Barco de Papel de Ríodoce.

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