El hotel Wyndham se preparó para recibir a cientos de mujeres en su auditorio. Omar López Campos se presentaría en su “Asamblea con las mujeres” a fin de escuchar peticiones y aprovechar el espacio para extender su currículum: “soy un desempleado”, decía con menuda insistencia. Esto debido a que renunció a su puesto como titular de la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable del Gobierno del Estado de Sinaloa (Sebides) para entrar de lleno a la disputa interna entre sus compañeros morenistas por la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación en Sinaloa.
El lugar se llenó; oleadas de mujeres llegaban y se acomodaban en las sillas vestidas con manteles blancos y elegantes. Al centro se levantó el templete que anunciaba la asamblea, el cual serviría para que López Campos tomara el micrófono, diera la cara y desplegara su discurso. Las asistentes llegaban en grupos y de todas las edades: adolescentes, jóvenes, adultas y adultas mayores. Se tomaban fotografías y lucían ante las cámaras con sonrisas extendidas; gestos efímeros que se desvanecían una vez que el lente dejaba de apuntarlas.
Omar López Campos llegó. Entró por el acceso principal mientras las mujeres aplaudían y escarbaban en sus bolsos en busca de sus celulares para registrar a la figura que tenían enfrente. Omar saludaba, gestionaba su sonrisa y sus ademanes, prolongando cada gesto ante las cámaras. Tomó el micrófono y se presentó. Su hablar y su tono recordaban al aparato discursivo de Rubén Rocha Moya: palabras golpeadas, ensalzadas y anécdotas cómicas en los momentos precisos. Sin embargo, su estilo se percibía más fluido; se movía de un lado a otro y pronunciaba sin titubeos.
Al pasar el micrófono a las presentes, Omar las escuchaba y anotaba desesperadamente en su libreta: nombre y petición. Dejó que se expresaran. “Al final daré respuestas”, les dijo, priorizando la escucha. Pese a la cantidad, pocas participaron; una de ellas, dueña del espacio cultural Alicletas, le pidió mayor atención a los centros culturales:
“…Realizar una certificación de espacios culturales independientes para que puedan participar en convocatorias, acuerdos estímulos y apoyos orientados a fortalecimiento de los espacios culturales, independientes, acceder a beneficios y estímulos fiscales asesoría para formalizar jurídicamente…”, Omar anotaba, entretenido, mientras la mujer continuaba leyendo su papel.
Algunas de las participantes venían preparadas con un discurso bien escrito y acentuado, palabras limpias, impuras sobre la figura política de López Campos en expresión de su total confianza. “¿eres aliado de las mujeres?”, le preguntó una de ellas insistentemente. “Si, vivo con pura mujer en mi casa”, respondió. Algunas rieron y otras fomentaron el mar de aplausos. “Es tiempo de mujeres y hombres aliados de mujeres”, complementó después.
Él continuó anotando. Se sumaron otros comentarios y problemáticas variadas: discapacidad, feminicidios y apoyos integrales a cuidadoras. Pero para todo había un programa social o un instituto, les respondía López Campos. El tiempo fue insuficiente para contestar a todas las intervenciones. Al final, apenas dejó un espacio de 10 minutos para hablar sobre su trayectoria política: haber nacido en Angostura y salir de allá en búsqueda de mejores horizontes; formarse como arquitecto; y el legado de un padre inmiscuido en la política con la esperanza de ser diputado federal, lazos que él ahora retomaba.
Con el micrófono en mano, soltó: “Estoy aspirando a hacer el coordinador para la defensa de la transformación y la soberanía nacional en Sinaloa (…) No podemos permitir que los de antes regresen a quitarnos lo poco, lo mediano o lo mucho que ya avanzamos. Me parece que lo decía el presidente Andrés Manuel logró instalar por primera vez en la época contemporánea en nuestro país, un gobierno de izquierda, es decir, logró derrocar ese sistema prácticamente imperial en el que vivíamos o en el que vivimos por casi 100 años”.
El currículum se seguía extendiendo. Andrés Manuel López Obrador continuaba nombrándose como una deidad presente en todos, el génesis del cambio. Malos los de antes, buenos los de ahora; las mujeres aplaudían y él seguía sonriendo.







