Cada vez que alguien le pregunta qué le hace falta al sistema educativo mexicano, José Ángel Pescador Osuna da la misma respuesta, lleva décadas dándola, y el hecho de que siga siendo necesario repetirla es parte del diagnóstico: financiamiento insuficiente, infraestructura deteriorada y formación docente sin un sistema real que la sostenga.
Los tres problemas que identificó en los años setenta siguen sin resolverse. Y este martes lo reiteró el exsecretario de Educación Pública durante la presentación de su libro Pensamiento Educativo, una compilación de 13 capítulos, y el segundo de una serie con al menos dos o tres volúmenes adicionales en preparación.
Sobre el primer déficit, el financiero, Pescador Osuna recordó la deuda histórica que el Estado mantiene con el magisterio y las demandas de ese sector que persisten sin atención.
Sobre el segundo, la infraestructura, dio la cifra de que actualmente hay 272 mil escuelas en el país que requieren algún tipo de reparación.
El tercero, la formación y capacitación continua de los maestros, es el más simbólico, toda vez que está consagrado en la Ley General de Educación y en el artículo 3.º constitucional desde 1917, pero en la práctica nunca se ha construido el sistema global que la ley exige.
“Siempre que me preguntan qué le hace falta al sistema educativo, siempre contesto lo mismo, no cabe la menor duda: financiamiento, infraestructura y formación de maestros.
Y siguen siendo pendientes”, sostuvo ante una audiencia que se dio cita en Casa Hass, ubicada en el corazón del Centro Histórico del puerto de Mazatlán.
A esos tres problemas estructurales, el autor añadió una propuesta: devolver a cada entidad federativa el control de su propio sistema educativo, en lugar de mantener un aparato centralizado de casi 35 millones de alumnos.
“Hagámoslo mejor varios”, planteó. El diagnóstico estructural fue el prólogo a una crítica más directa al gobierno actual.
Pescador Osuna calificó la cancelación de las pruebas internacionales, como PISA, y antes TEAMS, como una decisión tomada por un presidente autoritario que dejó al país sin los únicos referentes históricos disponibles para medir sus resultados educativos.
Y el vacío sigue sin llenarse, pues no hay evaluaciones recientes de estudiantes, ni de maestros, ni de los programas de capacitación, dijo.
“¿Díganme qué evaluación conocen reciente de sus estudiantes, de los maestros, de sus programas de capacitación?. Prácticamente nada. Eso es precisamente lo que nos está pasando. Ya no sabemos ni cómo estamos”, expuso.
Otra de sus críticas fue el manejo del calendario escolar.
Pescador Osuna describió el episodio, que involucró a la presidenta de la República y terminó con una rectificación pública, como un ejemplo de gobierno con mentiras.
“Lo peor es que aparte enseñamos mentiras cuando lo que tenemos que enseñar es la verdad”, dijo, “un sistema educativo que se preocupa por la mentira en lugar de decir la verdad es un sistema educativo que va a fracasar de origen”.
Pescador Osuna rescató decisiones propias que sí funcionaron. Durante su gestión, dijo, impulsó que los maestros de primer grado acompañaran a su grupo hasta segundo año para romper el ciclo de reprobación temprana, que históricamente afectaba a cerca del 30 por ciento de los niños que no acreditaban el primer grado.
Pescador Osuna cerró apelando al mismo principio con el que lleva décadas insistiendo: sin evaluación no hay política posible.
“Necesitamos cada vez mejor evaluación. Si no evaluamos lo que hacemos, no vamos a llegar a ningún lado.
Es un principio fundamental en cualquier administración, en cualquier organismo, y de ahí debemos comenzar”.
El escritor sinaloense Elmer Mendoza, uno de los cuatro compiladores del volumen, respaldó en entrevista el eje central del libro y amplió la urgencia del diagnóstico. Para Mendoza, el miedo a las evaluaciones internacionales revela una contradicción insostenible en un país que pretende competir globalmente.
“Las evaluaciones son necesarias y yo no sé por qué tienen miedo. Tienen que evaluarnos: estamos en el mundo y cada vez la competencia es con el mundo, y la base para hacer un buen papel es la educación, y eso es desde el jardín hasta la escuela profesional”, dijo.
Sobre la polémica del calendario escolar, consideró que reducir las horas de clase va en sentido contrario a lo que el libro propone, que es un maestro con tiempo y herramientas suficientes para convertirse en constructor de una sociedad distinta.
“La única forma de que el maestro pueda convertirse en un generador de una sociedad nueva, resiliente, cooperativa, una sociedad real donde todos nos queramos y no andemos cuidando que nos van a pegar un balazo, es con la educación, esa es la propuesta del libro”, aseveró.





