En un contexto de expansión acelerada y presión sobre los servicios públicos, especialistas en ingeniería advierten que seguir construyendo sin una planeación integral no solo es ineficiente, sino riesgoso.
Para el profesor-investigador Edgar E. Lanz, la clave está en cambiar el orden: primero simular, analizar y consensuar; después, ejecutar.
Durante una entrevista, el académico del Tecnológico Nacional de México explicó que uno de los ejes centrales del diplomado en Mapas Inteligentes que impartirán en Mazatlán es el uso de herramientas computacionales avanzadas para modelar distintos escenarios antes de autorizar cualquier obra.
“No se trata de construir y luego ver qué pasa. Se trata de anticiparnos, de encontrar congruencias entre los actores y ejecutar con base en consenso”, señaló.
El enfoque no es menor, aseguró.
Lanz advierte que la expansión urbana suele responder más a la disponibilidad de suelo que a una estrategia ordenada, obligando a los gobiernos a ir “detrás” de los desarrollos para dotarlos de servicios.
Frente a este escenario, el diplomado propone una visión integral del desarrollo urbano. Es decir, no limitarse a los aspectos técnicos de una obra, sino incorporar variables ambientales, sociales y económicas, así como la perspectiva de distintos actores: autoridades, inversionistas y ciudadanía.
Uno de los ejercicios prácticos más relevantes, dijo, será la selección del sitio óptimo para infraestructura crítica, como un relleno sanitario. Para ello, los participantes aplicarán modelos computacionales que integran criterios múltiples, desde impacto ambiental hasta aceptación social.
“Se trata de tomar decisiones informadas, no intuitivas”, enfatizó.
El especialista comparó este enfoque con los simuladores de vuelo utilizados en la aviación, así como un piloto no aprende en el aire, los ingenieros y tomadores de decisiones no deberían experimentar directamente en el territorio.
Además, el programa aborda herramientas como lógica booleana, lógica difusa y modelos bayesianos, utilizadas para generar escenarios y evaluar riesgos. Aunque reconoció que el lenguaje técnico puede ser complejo, subrayó que estas metodologías son ya estándar en países desarrollados.
Lanz también puso sobre la mesa ejemplos concretos de decisiones mal planificadas, como la ubicación de gasolineras en zonas de riesgo o la falta de criterios claros en la autorización de proyectos.
“El gobierno debe contar con la capacidad técnica para decir por qué sí o por qué no a una obra, con fundamentos”, sostuvo.
En el caso específico de Mazatlán, señaló que es indispensable diferenciar las vocaciones del territorio —turística, habitacional e inmobiliaria— para evitar conflictos y saturación de servicios. Asimismo, planteó la necesidad de evolucionar hacia modelos urbanos con “microcentros”, donde los servicios básicos estén distribuidos estratégicamente para reducir traslados, consumo de combustible y congestión vial.
El diplomado, que iniciará en los próximos días, está dirigido a profesionistas y tomadores de decisiones en áreas como obras públicas, desarrollo urbano e ingeniería. Su carácter multidisciplinario busca precisamente cerrar la brecha entre la teoría técnica y la práctica gubernamental.
“El objetivo es claro: formar perfiles capaces de repensar el desarrollo de nuestras ciudades con herramientas modernas, con responsabilidad y con visión de futuro”, concluyó.






