Reconocido como una de las voces más influyentes de la literatura infantil mexicana, el escritor reflexiona sobre su proceso creativo, la lectura y los puentes entre escribir para niños y adultos
Francisco Hinojosa, es autor de uno de los libros más leídos de la literatura infantil y juvenil en México: La peor señora del mundo, una historia que durante décadas ha acompañado a generaciones de lectores contada con una ironía feroz, pero también con una profunda honestidad.
Cuando terminó de escribirlo, recuerda que estaba convencido de que nadie lo publicaría. Recibió tres dictámenes negativos.
Con el tiempo, aquel libro rechazado se transformó en uno de los títulos más leídos en escuelas y bibliotecas del país, confirmando que el humor, la irreverencia y la inteligencia suelen encontrar siempre a sus lectores.
La trayectoria de Hinojosa no se limitó a esa historia. Escribió una decena más entre cuentos, poesía, novelas y crónicas. A esa producción se suma Cartas a Dorothy, obra que se aparta del público infantil y juvenil para explorar una historia dirigida a lectores adultos.
El propio autor explica que el origen del libro fue casi accidental. Una tarde, mientras trabajaba frente a su computadora, recordó los formatos de cartas poder que solía redactar cuando dirigía una revista.
“Estaba frente a la computadora y pensé en capturar una carta poder, en lugar de ir a la papelería. Empecé a jugar con ese formato y de ahí surgió la idea de escribir algo distinto”, relata.
Ese primer impulso creativo lo llevó años atrás a escribir una novela en verso titulada Poesía eras tú. En ese libro aparecía un personaje secundario: una sobrecargo llamada Dodo. Con el tiempo, aquel personaje comenzó a reclamar protagonismo.
“Después de haber publicado esa novela, años más tarde decidí darle vida a ese personaje. Así nació Cartas a Dorothy, una historia construida a partir de correspondencia entre personajes que viven separados por viajes y distancias, pero que mantienen una relación marcada por encuentros breves, promesas y desencuentros”, cuenta.
“La trama gira alrededor de esa relación epistolar. El protagonista sostiene un vínculo amoroso con Dorothy, una sobrecargo que pasa buena parte de su vida viajando. Las cartas funcionan como el espacio donde se revelan deseos, inseguridades y conflictos. El humor negro también aparece en esta historia”.
Escribir para adultos
“Cuando escribo para adultos soy un asesino literario”, dice entre risas. “Mato a muchos de mis personajes”.
El libro también introduce una crítica abierta al machismo y a ciertas formas de poder masculino. En la contraportada se plantea la figura de hombres que creen poseer a las mujeres, que ejercen violencia y que incluso buscan posiciones de poder dentro de un sistema político impune.
“Sí, claro, esa era una de las ideas: presentar a un poeta, entre comillas, muy machín e intolerante con las mujeres. Poner ese tema sobre la mesa”, explica.
“La literatura, dice, también puede funcionar como un espacio para cuestionar las actitudes que atraviesan la vida social y política del país”.
A pesar de esa mirada crítica, el humor sigue siendo uno de los motores de su escritura. El propio Hinojosa reconoce que esa inclinación viene de su entorno familiar.
“En mi familia siempre estuvo muy presente el humor y el humor negro también. Yo creo que eso se quedó conmigo y aparece casi en todo lo que escribo”.
Escribir de manera tardía
Curiosamente, su vocación literaria llegó tarde. A diferencia de muchos escritores que comienzan a leer desde la infancia, él descubrió los libros hasta los 16 años. Ese encuentro tardío cambió por completo su vida.
“Llegué a ser escritor porque primero fui lector. Empecé a leer a los 16 años y me impactó tanto que ya no pude dejar de hacerlo. Leía y leía, hasta que un día pensé: si me gusta tanto leer, ¿por qué no escribir?”, dice.
Ese descubrimiento marcó el rumbo de una trayectoria que hoy abarca una extensa obra narrativa, parte de la cual ha sido traducida a varios idiomas, entre ellos inglés, portugués, italiano, polaco y lituano.
Aun así, su relación con los lectores más jóvenes sigue siendo central. Cada vez que se encuentra con estudiantes en ferias del libro o encuentros literarios, recuerda la importancia de crear espacios donde los jóvenes puedan acercarse a la lectura.
“Si una feria del libro logra convertir a un niño o a un joven en lector, ya es una ganancia enorme”, afirma.
Ese contacto directo con los lectores también explica por qué continúa escribiendo para niños. Para él, la transición entre literatura infantil y adulta no es tan complicada como parece.
“Hay dos puentes que lo permiten: el juego y el humor. Con esos dos elementos puedes pasar de un tipo de escritura a otro”, indica.
Esa filosofía también está presente en la forma en que concibe la literatura infantil. Hinojosa insiste en que escribir para niños no significa simplificar el pensamiento, sino confiar en su inteligencia.
“Hay que escribir con un lenguaje sencillo y directo, sin adornos innecesarios, pero pensando que los niños son muy inteligentes”.
Artículo publicado el 19 de abril de 2026 en la edición número 23 del suplemento cultural Barco de Papel.



