Urías, el estero convertido en basurero

Urías, el estero convertido en basurero

La desembocadura ubicada en Mazatlán presenta problemas de contaminación que afectan la pesca

 

“Jaime” tiene 55 de sus 63 años viviendo en el Estero de Urías, y asegura que los tiempos que hoy se viven en la pesca ya no son los mismos. La contaminación del cuerpo de agua ha mermado sus capturas, sus ingresos y ha redoblado los esfuerzos que debe invertir en su labor.

Recuerda cuando del estero, localizado al sur de Mazatlán, detrás de la zona urbana y portuaria de la Península de la Isla de la Piedra, podía sacar camarón para consumo o que utilizaba como carnada para pescar. Ahora, dice, lo único que se obtiene es drenaje.

“¿Cuánto vale el camarón? Tres pesos. Comprar 100 camarones son 300, ¿y si no sacas para pagarlos? Ya no vas a pescar”, reniega.

“Aquí tiraba uno el chinchorro y agarraba hasta mil pesos diarios en la noche, pero eso ya se acabó”, secunda otro pescador.

“Los robalos… yo iba a la salida y agarraba cuatro o cinco por noche; ahora, puros chihuiles”, reclama Jaime.

Otra de las dificultades que enfrentan los pescadores es el azolve del estero: la acumulación de tierra y desechos que quedan expuestos ante la baja de la marea, extienden la orilla del estero más de lo que debería. Las pangas quedan retenidas hasta donde el cúmulo de lodo les permite avanzar; después, deben caminar hacia tierra firme con el fango por encima de las rodillas. Las embarcaciones permanecen atrapadas hasta que sube la marea y pueden ser liberadas.

ESTERO URÍAS. Llantas y todo tipo de basura afectan al ecosistema.

 

Contaminación

La contaminación del Estero de Urías es añeja. La convergencia de factores de aguas residuales ha llevado a que el sitio sea altamente vulnerable a la contaminación, como los barcos camaroneros que son limpiados en sus aguas entre el óxido y la mugre, las plantas de tratamiento de desechos, y la zona urbana con sus descargas de drenaje, así como los residuos de industrias de procesamiento de alimentos.

Miguel Ángel Sánchez Rodríguez estudió la situación del Estero de Urías hace 10 años, en 2015, y advierte que el problema de contaminación que persiste no ha cambiado mucho desde entonces, a pesar de los esfuerzos de las empresas y organizaciones por tratar la situación. “Al final de cuentas, el Estero de Urías es un basurero; es el basurero de los mazatlecos, porque ahí tiramos todo lo que nos sobra”, expresó.

Sánchez Rodríguez realizó el estudio en 2015 a partir de mediciones del índice de eutrofización TRIX del lugar, el cual mide qué tan enriquecida o contaminada está el agua por nutrientes. Las conclusiones de aquella investigación señalaron que el estero contaba con un nivel trófico alto, con calidad del agua mala y pobre.

Comentó que también se realizó un estudio para analizar el recambio del agua en el estero. Los resultados mostraron que los puntos donde se ubicaban granjas acuícolas tenían una capacidad de recambio muy baja, lo que impedía que el agua limpia del mar reemplace a la del estero y lo hacía más susceptibles a la contaminación.

En 2024, investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la Universidad Nacional Autónoma de México realizaron estudios con base en sedimentos para explicar el flujo de microplásticos en el Estero de Urías. Ana Carolina Ruiz Fernández, líder de la investigación, destacó los niveles de microplásticos que presentaba y comentó que el principal plástico obtenido en el análisis fue el PET, el comúnmente utilizado en botellas de refresco.

PESCA EN EL ESTERO. Antes tirar el chinchorro era sinónimo de ganancias, hoy se viven otros tiempos.

 

Consideró que una de las razones de la presencia de estos plásticos, además del desecho directo de la población, corresponde a que las plantas tratadoras de aguas residuales no retienen los microplásticos.

Consecuencias

En una de las problemáticas presentes en el cuerpo de agua, Yair López Osorio, maestro en ciencias, señaló que el impacto antropogénico e industrial en el estero favorece la aparición de mareas rojas, definidas como la proliferación de microalgas que tiñen el agua de tonos marrones o rojizos. Aunque pueden generarse de forma natural, en el Estero de Urías este fenómeno ocurre debido a la contaminación.

Explicó que existen mareas rojas benéficas, asociadas a diatomeas que, si bien no son altamente nocivas, pueden afectar el ecosistema por su alta biomasa, ya que disminuyen el oxígeno en el agua y sus estructuras pueden dañar las branquias de peces y moluscos.

En contraste, las mareas nocivas producen toxinas que afectan directamente a los organismos que habitan el estero y, de manera indirecta, a las personas mediante el consumo de productos contaminados.

Ruiz Fernández advirtió, además, que la contaminación por microplásticos puede generar acumulación en los peces, al concentrar contaminantes en sus organismos que eventualmente afectan a quienes los consumen, considerando que el estero también es una zona de pesca para alimentación.

Señaló que ya se ha detectado la presencia de plásticos en peces y que, aunque aún no se han determinado con precisión sus efectos en los seres humanos, sí se han encontrado residuos de microplásticos en ellos.

Programas sin continuidad

El investigador del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, Omar Calvario Martínez, quien también participó en la investigación con Sánchez Rodríguez, recordó que, años atrás, existió un programa emblemático de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), cuyo objetivo era involucrar a instituciones gubernamentales, académicas y de la sociedad civil para identificar los problemas de contaminación del estero y plantear soluciones. Sin embargo, el programa no funcionó debido a la falta de seguimiento.

Sánchez Rodríguez mencionó que actualmente se realizan labores de limpieza en zonas de manglar; no obstante no resuelven el problema de fondo.

Los investigadores coincidieron en dos puntos para evitar la contaminación del estero: el primero apelar a una educación ambiental para prevenir y que las autoridades apliquen la legislación vigente para cumplir con la normativa actual.

Artículo publicado el 29 de marzo de 2026 en la edición 1209 del semanario Ríodoce.

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