La Comisión Nacional de Derechos Humanos señala que la familia de las menores ya había sufrido otra agresión por parte de personal de la Sedena en 2008 en Badiraguato, donde hubo cuatro fallecidos
El martes 6 de mayo, entre las 2:00 y 2:30 de la tarde, salió del rancho en una camioneta pick-up negra. Él conducía, su esposa iba a su lado y en la batea su hija y tres sobrinos. Iban de regreso a Culiacán luego del puente escolar. Cuando transitaban por la carretera La 24 de Badiraguato a Parral, Chihuahua, antes de llegar al poblado de Cieneguilla, les dijeron que no había paso en el camino, —en la zona grupos delincuenciales habían cavado zanjas para evitar que pasaran vehículos—. Dio la vuelta, y condujo alrededor de un kilómetro hasta que se topó de frente con un convoy militar.
A su esposa le agradó ver a los soldados, y le dijo que con ellos ahí irían más seguros, pero en ese momento los militares comenzaron a dispararles. Él se agachó y frenó abruptamente, por lo que la camioneta quedó del lado de donde venían los elementos del Ejército, pero sin salirse de la carretera. Levantó las manos para mostrarles que no llevaban armas, les gritó que no les dispararan, que solo traían a menores.
Sus gritos no fueron escuchados, los militares siguieron disparando. Escuchó los balazos sin cesar durante lo que calcula fue un minuto. En la parte trasera, su sobrino sintió un dolor fuerte en el pie, cuando una bala lo alcanzó, temblaba mientras los proyectiles atravesaban el vehículo.
Cuando cesó el ruido de las balas, vio a unos soldados acercarse, mientras les apuntaban, los amenazaban y les pedían que se bajaran. Él estaba herido en el asiento del conductor y no logró abrir la puerta, por lo que un soldado rompió el vidrio del copiloto con el rifle. Bajó, pero su esposa no pudo porque estaba herida. Les dijo nuevamente que solo traían niños.
Con sangre corriéndole por el cuerpo, sintió que se desvanecía. Escuchó a su mujer suplicarles ayuda a los militares. Uno de ellos lo sostuvo, lo sentó en la camioneta y le colocó un paliacate en el brazo derecho, donde tenía una herida, y a su esposa le aplicaron una inyección.
De la batea de la camioneta, como pudo, una adolescente de 14 años bajó, y ayudó a su hermano, de 12, que estaba herido, mientras los soldados los rodearon y les seguían apuntando. Acostó al niño en el suelo frente a los militares, quienes al verlo sangrando le cortaron el pantalón y le enrollaron varias vendas en la lesión del pie.
Permanecieron en la carretera alrededor de una hora y media. Luego los dos hermanos fueron subidos a una camioneta de la policía. Solo iban ellos dos y el conductor. Al cabo de 6 minutos de camino se toparon con una ambulancia, que llevó al niño al hospital de Badiraguato, donde le dieron los primeros auxilios y después lo subieron a un helicóptero de la Sedena que lo llevó al Hospital Pediátrico de Culiacán. Su hermana, en un principio no sentía dolor, al cabo de unas horas se dio cuenta que estaba herida, —dos esquirlas dieron en uno de sus glúteos— por lo que su familia la llevó al hospital de Badiraguato y después fue trasladada también a Culiacán.
A él y a su esposa los llevaron a Cieneguilla, donde los pasaron a una ambulancia, que a su vez los condujo a un helicóptero del Ejército, que voló hacia la Novena Zona Militar en Culiacán y de ahí una ambulancia los llevó al ISSSTE.
Mientras ellos se alejaban de la escena, en la batea de la camioneta, quedaron los cuerpos sin vida de su hija Leidy, de 11 años, y su prima Alexa, de 7. Las niñas, relató a El País su prima mayor, venían sentadas en una hielera. Primero las balas disparadas por los soldados alcanzaron a la más pequeña y luego a Leidy.
Los militares y policías ministeriales declararon que dispararon porque una persona les dijo que había personas armadas en una camioneta negra y una blanca en la zona, y al toparse con la camioneta negra —donde viajaban Alexa y Leidy y su familia—, escucharon disparos, por lo que repelieron la agresión.
El relato de las víctimas y los victimarios forma parte de la recomendación 201VG/2025 emitida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos a la Sedena, en la que determinó que la primas murieron por el uso ilegítimo de la fuerza letal por parte de elementos del Ejército, lo que constituye violaciones graves a los derechos humanos.
La CNDH consideró que si bien los militares dijeron que dispararon porque escucharon disparos, no se cercioraron de que estos provinieran de los ocupantes de la camioneta donde viajaba la familia, y tampoco intentaron “maniobras menos letales”.
La Comisión añade que la agresión adquiere relevancia, toda vez que es la segunda que sufren integrantes de dicha familia a manos de militares, ya que la noche del 26 de marzo de 2008 en la comunidad de Santiago de los Caballeros, Badiraguato, soldados dispararon contra los ocupantes de una camioneta, algunos de los cuales eran familiares de Alexa y Laidy. Cuatro murieron y dos resultaron heridos, además dos elementos castrenses fallecieron luego de resultar heridos por armas disparadas por sus propios compañeros.
En esa ocasión, la Comisión también acreditó que los seis hombres no iban armados, y que los militares incurrieron en uso excesivo de las armas de fuego en contra de las víctimas.
Por la agresión que terminó con la vida de Alexa y Leidy, hay dos carpetas de investigación, una de la Fiscalía Especial de Investigación y Litigación de Casos Complejos de la FGR por homicidio, homicidio calificado en grado de tentativa y lesiones, y otra más radicada en el Juzgado Militar de Control de la Región III Región Militar, a cargo del Ministerio Público Militar, están imputados 13 militares, 12 de los cuales se encuentran internos en la Prisión Militar, vinculados a proceso con la medida cautelar prisión preventiva justificada, y uno más que es buscado por el delito de deserción.
Artículo publicado el 21 de diciembre de 2025 en la edición 1195 del semanario Ríodoce.






