Han existido varios escándalos alrededor del beisbol profesional mexicano, pero el de los Potros de Tijuana en el invierno de 1987-88, fue mayúsculo y no tiene precedentes.
Jaime Bonilla, propietario del Club Potros, fue expulsado de la Liga Mexicana del Pacífico tras ganar el campeonato en enero de 1988, cuando derrotaron a Mexicali y Hermosillo, además de barrer en 4 juegos en la final a Navojoa.
Bonilla fue acusado de violar el supuesto tope salarial de la LMP, pero también de sobornar con dinero a peloteros de equipos rivales, entre ellos a varios jugadores de los Águilas en el primer playoffs.
Tijuana traía esa temporada a jugadores de MLB como Tim Leary, Brady Anderson, Mike Gallego, "El Charolito" Orta y a otros peloteros destacados como Tony Perezchica, etc.
El caso fue llevado a la Asamblea de la Liga, donde el 23 de febrero de 1988, siete de los otros nueve clubes votaron a favor de la expulsión de Bonilla y de los Potros de la LMP (meses después Guasave pidió permiso para ausentarse la siguiente temporada y se quedaron temporalmente con 8, aunque Tijuana regresó en la 1990-91 con nuevos directivos para volver a ser campeones).
En su defensa tras la expulsión, Bonilla dijo: “Esto se debe a que yo les pago bien a los peloteros y les doy incentivos extras para que rindan mejor en el terreno de juego”.
De acuerdo a las crónicas de esa época en los periódicos, quienes promovieron su expulsión fueron Mario Hernández Maytorena (Mexicali) y Juan Manuel Ley (Culiacán), pero curiosamente fueron los únicos dos directivos que no votaron a favor de “echarlo de la liga”.
Esa ha sido la única ocasión en la historia del beisbol mexicano que expulsan a un dueño de una franquicia por sobornar a jugadores contrarios.






