La economía de Culiacán enfrenta un reacomodo tras el derrumbe del dinero ilícito. Restaurantes, constructoras y comercios resentidos por la caída del consumo buscan adaptarse a una realidad sin opulencia.
La opulencia económica que distinguía al narcotráfico en Culiacán se reflejaba, entre tantas cosas, en los restaurantes lujosos que lucían sobre los bulevares y plazas de la ciudad. Brillaban impecables. Hoy lo siguen haciendo, pero sin la economía ficticia que los sostenía. Sobreviven, como otros tantos negocios, que se han ido desgastando con la encarnizada guerra al interior del Cártel de Sinaloa.
La observación es recogida por Martha Elena Reyes Zazueta, presidenta de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) en Sinaloa. Antes, un séquito de meseros la recibía en uno de esos restaurantes lujosos —el nombre se reserva para evitar jiribillas—. Al tocar el umbral, los “buenos días” endulzaban los oídos. Perfección y pulcritud; lujosos, por supuesto. Vaso que se tocaba, vaso que un mesero cambiaba.
Hoy, un año de guerra después, la plantilla de entre 20 y 25 meseros, que antes ofrecía una experiencia de lujo, se redujo a solo tres o cuatro. La autenticidad de la atención se perdió. En tiempos de economías ficticias, una comida para dos personas, con platillos nada extravagantes y unos drinks ligeros, podía elevar la cuenta a entre 3 mil y 4 mil pesos. Ante la crisis, la carta finalmente se simplificó a platillos muy básicos como espagueti, pizza y cortecitos de carne.
Esta exuberancia tenía un crecimiento que no era real ni sostenible, sino que funcionaba como una burbuja que inflaba los precios. Este modelo generó un crecimiento económico del 30 al 40 por ciento que ahora tiene a la población “aterrorizada” y “paniqueada” al desaparecer, especialmente a los empresarios y comerciantes.
¿Qué sucederá? Reyes Zazueta anotó que tiene que haber un reacomodo en la operatividad, es decir, adaptarse a la nueva economía que se está asentando, lejos de los números ficticios. Desacostumbrarse de las opulencias que estableció el narcotráfico en sus tiempos de libertinaje.
“Una de las estrategias que las empresas tienen que adoptar es la disrupción, ser disruptivos. Porque una cosa, es que tú vayas a iniciar un negocio en base a cómo se están viendo ahorita las condiciones (…) pero cuando tú ya tienes un negocio de muchos años que estaba basado en una economía que no estaba bien fundamentada y desaparece, pues te deja flotando”.
Lo mismo ocurrió con los establecimientos que vendían ropa y accesorios de marca, carísimos, por supuesto, pero que estaban dentro de las tendencias del narco. Los precios de esos productos y la operación de estas empresas no tenían nada que ver con los sueldos que se pagan localmente.
Desarrollo Urbano Tres Ríos es una de las zonas más exquisitas para este tipo de lugares. En una de sus plazas, ubicada junto al bulevar Enrique Sánchez Alonso, solo cinco de sus 18 locales permanecen abiertos. Poco a poco, los locatarios fueron cerrando sus puertas y ahora letreros amarillos invitan a rentar. La mayoría de los espacios eran restaurantes.
Los giros empresariales afectados se pueden enumerar: las constructoras están “muy, pero muy golpeadas”, lamentó. Un ejemplo específico es el de un agremiado del sector que se declaró “ahogado” y que pronto se volverá “moroso”; es decir, alguien que ya no podrá pagarle al banco. Esto también afecta a quienes hicieron inversiones en inmobiliarias antes de septiembre de 2024 basándose en la economía previa, que ya no existe.
El hotelero y turístico se une a la lista. El impacto económico se debe a la inseguridad existente, que genera un golpe de confianza. No se ha podido garantizar a los turistas que puedan visitar la ciudad y sentirse seguros, ya que ni siquiera los locales lo hacen. Los números del ENSU del INEGI lo confirman: 88.3 por ciento de los culiacanenses se sienten inseguros. “No hemos podido responderles a nuestros turistas de que pueden venir y estar seguros porque ni nosotros mismos estamos seguros”, rescató Reyes Zazueta.
Las principales disminuciones observadas en el mercado laboral de Sinaloa entre el segundo trimestre de 2024 y el segundo trimestre de 2025, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, fue en “Restaurantes y servicios de alojamiento” concentrando la mayor disminución anual de empleo, con una pérdida de 22 mil 113 personas, y mostrando la fuerte caída en la “Construcción” de menos 16 mil 165 personas, pero con un aumento en la “Industria manufacturera” de 2 mil 908 personas.
La disminución más significativa en cuanto a la organización del trabajo se dio en los “Micronegocios”, que perdieron 47 mil personas, comparado con 2024. Paralelamente, los “Trabajadores por cuenta propia” disminuyeron en 15 mil.
Verdad en partes
El lunes 27 de octubre, durante su conferencia mañanera, el gobernador Rubén Rocha destacó que el estado se encuentra en el segundo lugar a nivel nacional en crecimiento de empleos. Su ponencia se apoyó en las cifras del IMSS, las cuales indican que en septiembre de este año se generaron 15 mil nuevos empleos, de los cuales 12 mil pertenecen al sector comercial y de servicios.
Reyes Zazueta aceptó que esta es una verdad… pero a medias. Lo que no se dice —detalla— es que falta un 2 por ciento más en relación con el año pasado. Esto indica que, a pesar del aumento reciente, la cifra total de empleos aún presenta un déficit respecto al desempeño del año anterior. Además, estos incrementos son estacionales; es decir, 6 mil empleos corresponden a personas que vienen del sur para trabajar en la siembra, por lo tanto, la derrama económica es baja, ya que el ahorro se lo llevan a sus lugares de origen.
Por lo pronto, el panorama no muestra una mejoría tangible. Pese a que en el último trimestre los gastos aumentan y la derrama económica brilla, al entrar enero la economía vuelve a contraerse.
Artículo publicado el 02 de noviembre de 2025 en la edición 1188 del semanario Ríodoce.





