En Sinaloa, de acuerdo al INEGI, 55 mil 829 personas sobreviven con ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades más esenciales, como alimentación, agua potable y salud; despensas y apoyos gubernamentales apenas alcanzan para subsistir
La señora “Alicia” lleva un año haciendo fila junto a otras personas en el Banco de Alimentos de Culiacán, IAP para recibir una despensa en una de las tantas bodegas del Mercado de Abastos. Está ahí cada 15 días, desde que inició el conflicto violento entre el Cártel de Sinaloa. Poco a poco, las ventas en el tianguis bajaron y el hambre fue apretando.
En los tiempos de bonanza, semanalmente podía sacar entre 800 y 900 pesos, hoy sus finanzas cayeron de 300 a 400 pesos. “¿Y con eso qué haces?”, se pregunta. En su casa tiene que alimentar a cinco personas, y estira la despensa toda la quincena.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía establece dos líneas de pobreza: la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos (LPEI), que recoge el precio de la canasta alimentaria por persona al mes, y la Línea de Pobreza por Ingresos (LPI), que incluye tanto el precio de la canasta básica como el valor de la canasta no alimentaria, es decir, gastos de transporte, mantenimiento del hogar, educación y recreación, vestimenta, cuidados personales, entre otros.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) y el INEGI dictan que, durante el mes de septiembre de 2025, el valor monetario de la canasta alimentaria en la LPEI se ubicó en mil 850.65 pesos en el ámbito rural, mientras que en el urbano el precio asciende a 2 mil 454.74 pesos.
El valor monetario de la canasta alimentaria más no alimentaria, es de 3 mil 403.50 pesos al mes en el ámbito rural y 4 mil 740.84 pesos en el urbano.
Entre los pesos de “Alicia” y los 3 mil 500 que le da su esposo cada quincena, tiene que sacar para la comida y los demás gastos. Antes, con mil 500 pesos podía ir al mercado a comprar carnes, verduras y de todo; ahora ya no. Con mil 700 pesos apenas puede armar su canastita.
La Secretaría de Bienestar y el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), indican que en 2024 el ingreso laboral promedio mensual en Culiacán fue de 12 mil 273 pesos y a nivel estatal de 10 mil 414 pesos.
Además del gasto en la canasta y los servicios básicos, “Alicia” no tiene casa propia y vive con sus papás; 10 personas en una sola casa. Además, tiene una hija con parálisis cerebral. Cada mes se surte de pañales y toallitas, lo que implica un gasto de 700 pesos, aunque recibe un apoyo bimestral de 3 mil 200 pesos de la Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente.
“Alicia” no es la única: entre las calles Chile y Papayo del Mercado de Abastos, espera “Ramiro” en su taxi. Mantiene la cajuela abierta para recibir a quienes cargan sus pesadas despensas. Desde hace meses el trabajo ha estado muy bajo; en los días de despensa hace entre cuatro y cinco viajes, y en los días muy malos, solamente dos. Considerando la situación económica de sus pasajeros, tiene que bajar la tarifa.
Mover el taxi le cuesta por lo menos 300 pesos de gasolina al día, más lo que tiene que dejar en su casa para comer; debe sacar, mínimo 600 pesos diarios. Aunque se ayuda con la pensión que le da el gobierno de 65 y Más —6 mil 200 pesos bimestrales—, además de su pensión por discapacidad, “Ramiro” tiene un problema pulmonar y necesita comprar inhaladores, pero ni así le alcanza. Su sueldo no es fijo, y en su casa su hija y su esposa dependen de él.
En Sinaloa el INEGI señala que hay 668 mil 192 personas en situación de pobreza, y de estas 612 mil 363 padecen pobreza moderada y 55 mil 829, pobreza extrema.
Otras filas
De lunes a viernes, Jesús espera un plato de comida en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, encarnada en una de las últimas calles que roza con el Primer Cuadro de Culiacán. Ahí sirven desayuno y comida a quienes más lo necesitan. Esa tarde, Jesús decidió guardar su platillo —papas con verduras y frijoles— para la cena.
No es el único; decenas de personas, en su mayoría hombres, se alistan desde temprano para echarle algo a la panza. Él llegó hace un año y explicó que muchos de los que hacen fila sí tienen trabajo, pero no les alcanza, sobre todo en estos tiempos en que muchos negocios han cerrado.
Tiene su casa en la colonia Benito Juárez, a poco más de un kilómetro de la parroquia. Lo persiguen los 61 años de edad, está a nada de cumplir los 62 y no recibe ninguna ayuda gubernamental. Vive con su hermano, dos años menor que él, pero tiene un problema grande: es drogadicto, y le tiene miedo; cuando su hermano le entra al foco, lo desconoce.
Trabaja dos días a la semana en una verdulería, ahí saca 300 pesos a la semana y como no tiene refrigerador, compra solo lo indispensable: nada de carnes, porque se le echan a perder. Tampoco tiene colchón; duerme en el suelo y, en tiempo de calor, se echa un cubetazo de agua por las noches para no sentirse tan sofocado, porque no tiene nada que le tire aire.
Jesús, forma parte de las 18 mil personas en pobreza extrema que viven en Culiacán, es decir que no cuentan con los recursos básicos siquiera para comprar alimentos, tener agua potable y costear sus problemas de salud.
Artículo publicado el 26 de octubre de 2025 en la edición 1187 del semanario Ríodoce.







