El barrio donde habito/ No es ninguna pradera/
Desolado paisaje/ De antenas y cables
Joaquín Sabina, Calle melancolía
Alguien olvidó que existen las azoteas, por eso han crecido el moho y la hierba en sus rincones. Techos y patios superiores permanecen de color gris: gris con blanco, gris con verde, gris con negro.
Ahí, donde la rutina y el olvido han hecho sus nidos, crecen y se multiplican jardineras silvestres, espontáneas, con plantas que nadie sembró ni cuidó nunca. También se pierden entre las paredes de las casonas del centro de la ciudad los mapas de la humedad y el polvo.
Detrás de las fachadas, otrora majestuosas, están los patios traseros llenos de alhuates y quelite. A éstos no llegan el pavimento hidráulico ni el chapopote oscuro de nuestras calles. Entre antenas, cables, y postes, se ve la oquedad de nuestras azoteas.
Nadie sube a tender la ropa. Nadie se asoma. No hay ojos ni brazos ni pisadas. No hay vecinas a quien espiar ni gritos desde cualquier lugar: el silencio también llegó alto.
Ningún alma. No hay telaraña alimentada por los alambres de la luz, del teléfono, de la televisión por cable. Es una telaraña sin madeja que se extiende entre las azoteas de las manzanas, de una calle, de dos, de todo un sector. El olvido llegó a la atmósfera y teje nuestros espacios, ganando batallas.
10 de octubre de 1999.
*Crónica del libro De azoteas y olvidos: crónicas del asfalto, del periodista y escritor Javier Valdez Cárdenas.
Artículo publicado el 24 de agosto de 2025 en la edición 15 del suplemento cultural Barco de Papel.



