“Si en América pueden robarse baúles, también puede uno mentir de vez en cuando”, Franz Kafka
¿Es América un país o la recreación vista desde las imágenes y descripciones de los libros que pasaron por las manos de Kafka o escuchadas en la oficina plasmando después en la novela que lleva el mismo nombre?, ¿contiene América los elementos fundamentales de cualquier sociedad moderna marcada por la industria, el burocratismo y un sistema de dominio donde la producción a gran escala produce, además de mercancías, un ejército de sombras que se diluyen mediante la apropiación del esfuerzo ajeno del que depende el amasamiento de riquezas?
Desde el inicio el autor da pistas para interpretar la novela como un ejercicio poco serio, ¿acaso el absurdo no es una de las características en las obras de Kafka?, ¿cómo Gregorio Samsa mutó en un insecto?, ¿es posible semejante metamorfosis? Kafka se permite licencia entre lo real y la ensoñación. Otro absurdo, en El Proceso se detiene a K sin denuncia alguna, ¿cuál es la causa de su detención? De nuevo Kafka no da respuestas.
América no está alejada de lo absurdo; Kafka no se frustra ante el mundo moderno; cada vez que las historias se tensan da un giro inesperado abriendo paso mediante el recurso de la comicidad; rompe el curso del relato conduciéndonos hacia otros escenarios igualmente absurdos.
En América despliega el carácter lúdico de la novela, habla de Nueva York como si de Praga se tratase, no importa si desde el barco observa la estatua de la libertad, las embarcaciones, los edificios o los millones de peatones que van y vienen sin cesar. ¿A qué va Karl Rossmann a Nueva York?, ¿por qué razón viajó a América? El narrador no explica el pasado de Karl, lo dibuja como un adolescente ingenuo y despistado, al grado de abandonar su equipaje a un desconocido para buscar su paraguas, extraviando ambas cosas. A Karl no le importan esos detalles, es arrastrado por la historia hasta conocer al fogonero, quien da una connotación fundamental al relato.
De golpe, Karl pasa del joven inocente al defensor de los derechos laborales del fogonero; ¿cómo se dio el salto?, ¿por qué Kafka asigna tanto peso al personaje que no quiso hacerse responsable del embarazo de la sirvienta de la casa de sus padres? Otro absurdo.
Karl no siente la obligación moral de pagar pensión alimenticia, pero sí al defender a un obrero desconocido ante las autoridades de la embarcación. Justo en el momento entra en escena el Senador, resultando ser tío de Karl, el curso de la novela toma otro vuelco, no así el destino del fogonero quien tenía que vérselas con sus superiores por el escándalo.
El narrador deja que uno de los personajes, el tío en este caso, sea quien indague en el pasado de Karl y su llegada a América; mientras lee la carta de la sirvienta los presentes se enteran de los motivos del viaje a América, Karl callaba estoico, asintiendo la verdad íntima que se daba a conocer de manera pública.
¿Cómo la sirviente contactó al tío en Nueva York, y éste de pronto se interesa en la vida de Karl, al que después corre por indisciplina en el gran mundo burgués?, ¿el viaje a América fue la salida que encontraron los padres para evitar asumir responsabilidades económicas? A cada momento Kafka se ríe de sus criaturas, no siente piedad por esas marionetas literarias.
Expulsado del mundo del tío, va Karl errante conociendo a gente de todo tipo; se mezcla con vagabundos, vividores, mujeres de la calle y empleados de hotel; trabaja en aquello que le permite vivir la difícil situación de ser inmigrante en América.
Se ha dicho de las obras de Kafka infinidades de cosas, la más comentada es el aspecto burocrático con el que sintetiza el laberíntico mundo moderno, en efecto, existe ese elemento pilar en sus narraciones, sin embargo, quiero indagar otro indicador encontrado en la novela América, quizá expuesto por Kafka con doble intencionalidad; primero, por ser América el centro económico mundial; segundo, en el desarrollo de las fuerzas productivas se gestaban contradicciones propias del sistema de valores que la impulsan: la competencia desleal.
Kafka no tiene interés en describir el sistema económico que ofusca el alma de las personas, tampoco en representarlo como una oficina de trámites interminables, en cambio, despliega diversos escenarios desde lo insignificante a lo complejo donde se repiten las mismas relaciones de poder entre las personas: unos imponiéndose a otros.
No plantea el axioma marxista de la lucha de clases como premisa, aunque los personajes están divididos y enfrentados en luchas constantes por el lugar que ocupan social y laboralmente.
No son las masas quienes se enfrentan al poder por un ideal revolucionario, en Kafka no caben esas expresiones, sólo aquellos pequeños vínculos, sea de Karl con la criada, el Capitán con el fogonero o del Senador con Karl.
Entre los empleados existe también esta división internacional del trabajo; describe una escala piramidal donde el que está arriba humilla al de abajo. Kafka lo ejemplifica de manera constante a lo largo de la novela América, quizá queriendo comunicar que su América ficticia representa la esencia del mundo moderno de la América real; la trampa no es el burocratismo como se interpreta comúnmente, sino las relaciones de poder entre las personas en cualquier escenario de la vida.
Artículo publicado el 14 de julio de 2025 en la edición 14 del suplemento cultural Barco de Papel.



