Mientras los políticos se acusan o niegan la crisis que padece Sinaloa, pobladores emigran ante el miedo
Con las camisas bien planchadas, el quinteto de priistas se turna la voz. Detrás de ellos, la redonda bola tricolor del PRI, insignia de poder y orgullo. Sujeto a la pared un cuadro de acrílico imprime la eterna sonrisa de Luis Donaldo Colosio, no es el único que sonríe. Era la toma de protesta de los dirigentes del partido.
Las mejillas cansadas de César Emiliano Gerardo Lugo, presidente del PRI Sinaloa, Liliana Cárdenas, secretaría General del PRI Sinaloa; Jorge Armando Meade Ocaranza y los dos diputados, Irma Guadalupe Moreno Ovalles y Bernardino Antelo Esper, mecanizan el porte político para las cámaras de la prensa.
Tres días antes —viernes, sábado y domingo— se registraron 35 homicidios en Sinaloa. Dentro de esa estadística se vierten los 20 cuerpos encontrados sobre la carretera México 15, en Culiacán, cuatro de ellos decapitados y suspendidos de un puente.
“¿Qué propuesta podrían darle ustedes a la gente de Sinaloa o de Culiacán? ¿Qué propuesta pueden darles ustedes? Aliento de pérdida, porque pues no se ve más, no se ve la luz del túnel aquí”, preguntó un reportero.
“Hubo guerra en Israel e Iraq, no hubo tantos muertos como ahora. Es decir, lo que pasa en Sinaloa es el extremo, pero en todas partes han pasado cosas. ¿Por qué? Porque esta es la consecuencia de López Obrador de abrazos y no balazos”, pregonaba Meade.
César Emiliano, interrumpió la azarosa participación, “yo quisiera agregar algo”, dijo levantando la mano. Se dirigió a esas adoloridas familias sinaloenses.
“Voten por el PRI, que cambien el gobierno, los malos gobiernos de Morena, por los buenos gobiernos del PRI, donde sí sabemos y damos resultados y lo hemos demostrado”, sentenció.
La memoria de ellos es corta y las mejillas del quinteto se volvieron a extender.
Ese 30 de junio de 2025, cuando Sinaloa cerró con 207 homicidios dolosos y luego de una jornada violenta en zonas de Navolato; enfrentamientos, cadáveres exhibidos y narcobloqueos, el priista y alcalde de Navolato, Jorge Bojórquez Berrelleza, delineó una normalidad en el municipio.
“El municipio de Navolato está tranquilo, los comercios siguen abriendo y todo. Los sucesos que han pasado son a las orillas de nuestra cabecera municipal, pero están trabajando coordinadamente a nivel federal, son procesos que ellos llevan a cabo, son estrategias de ellos y son quienes están trabajando en ese tema”, dijo.
En las orillas
En una de las playas de Navolato, un grupo de pescadores es asediado por drones del crimen organizado. Los vigilan desde el aire para ver si no son del grupo contrario y, de paso —quien quite—, no vayan a ser del gobierno. No es nuevo, desde que inició la guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa, los pájaros robóticos ya rondaban los salados cielos.
“Pepito” es pescador. Recuerda escuchar los zumbidos de las pequeñas hélices. Alzó la vista y ahí estaban. Fue una invitación amable para correrlos del agua. No querían que trabajaran en la zona. “Pepito” lo entiende; en los campos pesqueros, uno que otro anda metido en eso de la maña. Correrlos también es protegerlos.
En los primeros días de septiembre, cuando la guerra tomaba su forma, el acercamiento entre contrarios fue pacífico; el cártel que mandaba corrió a unas gentes que andaban en otro bando. “Los corrieron porque se conocían, porque eran gente de que andaban en lo mismo, con los mismos pero no se revolvían, se conocían las chavaladas”, no hubo bala, solo diálogo.
A algunos de sus compañeros les tocó que los esperaban al llegar a las costas, los hombres armados ya estaban ahí, bajaban de sus lanchas y los revisaban. Al final, todos se conocen y como sabían que la mayoría no andaba mal, los dejaban ir.
Después, llegaron las bombas y la preocupación fue otra.
“Me contaron hace cuatro días que en El Castillo no se podía ni caminar ni de día ni de noche”, secreta “Pepito”.
En Navolato hay siete campos pesqueros: El Tetuán, Las Aguamitas, El Castillo, Las Puentes, Las Arenitas y El Robalar. En estos meses, familias enteras se han tenido que desplazar, particularmente de aquellas comunidades de Las Arenitas y Los Puentes, ahí la discreción no es mínima, los grupos armados entraban y desfilaban sus ennegrecidas siluetas.
“Mucha gente se estaba yendo mejor porque por miedo más bien, también y porque pues tampoco no podían salir y entrar y comercializar el producto”, explicó “Juanito”, otro pescador de la zona.
El alcalde de Navolato, Jorge Bojórquez Berrelleza, desconoció el fenómeno de los desplazamientos. “Oficiales no tenemos reportes” dijo la contundente verdad del oficialismo.
Hablar de violencias incomoda. Ese 30 de junio, cuando Sinaloa cerró mes con 207 homicidios dolosos, el rostro de Juan de Dios Gámez Mendívil no figuró durante la sesión de cabildo realizada en el Ayuntamiento de Culiacán. Antes de concluir la solemne sesión, la regidora priista Érika Sánchez Martínez tomó el micrófono y habló.
“Cuando llegó a presidir Juan de Dios Gámez Mendívil Culiacán a la fecha los homicidios dolosos se han incrementado en un 500 por ciento, tenemos mucha tarea por hacer y creo que es importante que no descansemos quienes estamos aquí en el cabildo, los funcionarios públicos, no descansemos hasta que logremos reducir estos índices y recuperar la paz y la tranquilidad de los culiacanenses”.
Inmediatamente, el micrófono pasó a manos de la regidora morenista, Leticia Alvarado Rodríguez.
“Buenas tardes nuevamente, es un honor dirigirme a ustedes para compartirles cómo la sociedad ha recibido con buena cara a nuestro presidente municipal, el arquitecto Juan de Dios Gámez Mendívil. Desde el primer día de su gestión no ha dejado de trabajar en un solo instante en favor del bienestar de todas y todos…”.
Artículo publicado el 6 de julio de 2025 en la edición 1171 del semanario Ríodoce.







