‘El invencible verano de Liliana’, un libro que exige justicia

‘El invencible verano de Liliana’, un libro que exige justicia

La obra de la escritora Cristina Rivera Garza esgrime en la desesperanza de un país que no rinde justicia ante la violencia feminicida

 

Un poco de contexto para esta lectura, ¿sabías que el feminicidio no se tipificó en México hasta el 14 de junio del 2012? Antes se le llamaba “crimen de pasión”. También se aplicaban los clásicos “sus papás la descuidaron”, “ella no se dio a respetar” y “andaba en malos pasos”. Bien dice Cristina Rivera Garza (Tamaulipas, 1964), autora del Invencible verano de Liliana: “llamar a las cosas por su nombre requiere, a menudo, inventar nuevos nombres”. Como feminicidio.

“La falta de lenguaje nos maniata, nos sofoca, nos estrangula, nos dispara, nos desuella, nos cercena, nos condena”.

El invencible verano de Liliana es un emotivo homenaje a la memoria de Liliana Rivera Garza, donde la autora denuncia su feminicidio a través de testimonios de gente cercana que nos permiten conocerla y reconocer las señales de abuso que emiten los depredadores. Fue asesinada en 1990 en México por su ex novio de la prepa, Ángel González Ramos. Ella tenía 20 años.

“Las víctimas se quedan porque saben que cualquier movimiento súbito va a provocar al oso. Se quedan porque con el tiempo han podido desarrollar algunas herramientas capaces de calmar, a veces con éxito, a la pareja furiosa: ruegan, suplican, prometen, adulan, demuestran públicamente su afecto por el depredador y su alianza contra la gente que, como la policía o los licenciados o los amigos o la familia, podría salvar sus vidas. Las mujeres maltratadas se quedan porque ven que el oso se aproxima. Y quieren vivir”.

El inicio en primera persona, narra la visita que hizo Cristina Rivera Garza a la procuraduría de la CDMX para solicitar el expediente de la investigación del asesinato de su hermana, 30 años después. Somos testigos de la falta de sensibilidad por parte de la burocracia, de luchar contra personas carentes de vocación (y de ganas de trabajar) que manifiestan lo complicado que es encontrar un archivo tan viejo. Que lo más probable es que esté perdido. Que mejor así lo deje, que ya no le mueva. ¿Cuántos no han pasado por algo similar?

“Somos otras y somos las mismas de siempre. Mujeres en busca de justicia. Mujeres exhaustas, y juntas. Hartas ya, pero con la paciencia que sólo marcan los siglos. Ya para siempre enrabiadas”.Mas adelante la autora construye una crónica a través de cartas, apuntes, casetes, planos y agendas que se encontraron en las pertenencias de Liliana; comentarios de sus amigos; registros de un viaje en carretera a Oaxaca; declaraciones de sus padres y familiares; y testimonios de compañeros.

“Cómo no voy a recordarla si fue la primera persona que me dirigió la palabra el primer día que estuve en la universidad. Ella estaba ahí cuando llegué al salón: su pelo largo y lacio, su sonrisa franca, y esos brazos y piernas tan largas. Era tan alta. Y muy femenina a pesar de que no usaba una gota de maquillaje. Liliana era muy bonita, pero actuaba como si no lo supiera o como si, sabiéndolo, no le diera mucha importancia. Su sentido del humor era más llamativo que su belleza…”

Liliana brillaba. Liliana al lograr ponerle punto final a su depredador. Decidió que iba a tener un invencible verano en lo más crudo del invierno (parafraseando a Albert Camus): terminaría la universidad en CDMX, realizaría una maestría y se mudaría a Londres. Sería una gran arquitecta.

“Nos dijo que su promedio había ido aumentando con el tiempo y que, en el momento en que se interrumpían sus datos, era en verdad muy bueno”.

Pero el asesino Ángel González Ramos dispuso que Liliana no tendría una vida sin él. Tiene una orden de aprehensión desde hace más de 30 años, se desconoce su paradero.

“Lo intentamos todo. Otro día, nos llegó el chisme de que una antigua novia de Ángel estudiaba Ciencias de la Comunicación en la UAEM. Y hasta allá fuimos. No tuvimos que pensarlo dos veces. Tú me acompañaste, ¿te acuerdas? Manejamos a toda prisa hasta la universidad y, una vez ahí, preguntamos por los salones (…) que había aceptado a Ángel como estudiante apenas un año antes.”

Durante la lectura somos testigos que la justicia en México es una carrera de resistencia, de aguante, de usar los propios medios para acceder a ella. Se debe lidiar con el amarillismo de la prensa, la vergüenza y el dolor del duelo, sin dejar de lado a la sociedad, ese sistema a cargo de culpar a la víctima de lo ocurrido, el soportar miradas con sorna y frases burlonas de conocidos y extraños. Este libro también es una denuncia al machismo estructural que se vive en el país.

“En México se cometen diez feminicidios cada día… Mujeres que han crecido en una ciudad y un país que las acosa paso a paso y no las deja en paz”.

El invencible verano de Liliana, es una lectura conmovedora y necesaria que demanda justicia, que habla por todas ellas que han sido silenciadas; por las familias que sobreviven con una ausencia que no debió suceder y algunas otras obligadas a rastrear a los culpables en el laberinto de la justicia para ganar algo de paz.

“El sistema a cargo de culpar a la víctima, además, empieza a funcionar cuando las cosas todavía están frescas y, luego, no se detiene de ninguna manera a lo largo de los años. Es una maquinaria metódica y aplastante”.

Pero también es una celebración a su corta vida, sus sueños y el vacío que dejó a quienes la conocieron.Ganadora del Premio Pulitzer 2024 en la categoría Memorias/Autografía, El Invencible Verano de Liliana fue publicada en inglés en el 2023. También fue finalista del National Book Award en la categoría de no ficción. En el 2022 obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia.

Cristina Rivera Garza vive en Estados Unidos desde 1989. Es Profesora Distinguida de Estudios Hispánicos y fundadora del doctorado en Escritura Creativa de la Universidad de Houston. Es autora de numerosas obras de ficción y no ficción. También es traductora y crítica. Una de sus novelas más conocidas es Nadie me verá llorar. Sus libros más recientes son Me llamo cuerpo que no está (Lumen, 2024) y Autobiografía del algodón (Literatura Random House, 2020). Ha ganado diversos reconocimientos como el premio Roger Caillois para literatura latinoamericana en el 2013; los premios iberoamericanos de Letras José Donoso, Sor Juana Inés de la Cruz (en dos ocasiones); Anna Seghers para literatura latinoamericana, y Shirley Jackson. Recibió la Beca MacArthur en 2020.

La autora es lectora nocturna, narradora de lo cotidiano con un toque de humor. Escribe cuentos y comparte reseñas literarias en la cuenta @betilla_books de Instagram. Ha participado en los talleres de cuento y novela de Laboratorio para Narradores desde el 2021.

Artículo publicado el 16 de marzo de 2025 en la edición 10 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.

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