La noche del domingo 15, los mayos entraron en 50 camionetas y decenas de sicarios a pie, por parcelas, canales y drenes
No fue un atorón, sino un encontronazo. A los pobladores les avisaron que el sábado habría enfrentamientos en esos pueblos que conforman el ejido Guadalupe Victoria que, con la creación del municipio de Eldorado, quedó como sindicatura.
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No salgan de sus casas, les decían, protéjanse, no salgan de sus casas. Mensajes por teléfono, llamadas. Enciérrense. También pasaban hombres armados como voceadores del mal. La pelea no es con ustedes, es entre nosotros. La voz del residente de El Atorón se escucha con un dejo de éxtasis, pero también de alivio, tal vez porque está vivo, están vivos.
No pasó nada esa noche, que estuvieron en vela, todos bajo llave, ellos y todo el pueblo, donde viven alrededor de 2 mil 300 habitantes, casi todos dedicados a las labores del campo. Pero el domingo sí.
Entraron como 50 camionetonas de los mayos del lado de Pueblos Unidos, dice, y por las parcelas entró un montón de gente. De donde vivimos nosotros, pegado a la carretera como a tres cuadras, todas las camionetas de aquí estaban apuntando pa´cá y me habló un camarada y me dijo que estaban acomodando las camionetonas, va a haber agarre, un montón que había aquí, todas esas que quedaron quemadas y muchas más; es que llegaron varias troconas con calibre 50 y cada pajuelazo era camioneta reventada.
A las diez y 25 me hablaron, que me metiera a la casa, que estaba muy fea la cosa y a los cinco minutos empezaron los pajuelazos, y mucha gente corriendo por las calles, metiéndose a las casas, queriendo abrir las puertas, no sé de qué grupo. Y nosotros a escondernos, nos dijeron que nos tiráramos al suelo y al suelo, dije.
Y cuenta:
Esta bronca venía desde ejidos que están más pa´trás (El Sinaloense y otros) y hasta las Arenitas se puso bueno el cotorreo también; hubo pajuelazos a lo bárbaro, parecía año nuevo, pero allá sí llegó el gobierno y los helicópteros y aquí no. Unas personas que viven en la entrada le dijeron que antes de que empezara todo vieron a mucha gente que venía por los canales y los drenes, que se veían muchos foquitos que se movían. Decenas. Como que cercaron el pueblo, se abrieron paso con las camionetas, pero se respaldaron con gente que entró caminando; como que ya los habían colocado antes en las rancherías.
Dice que el enfrentamiento duró una hora. Hubo muchas casas baleadas, pero no se ha oído que alguien haya salido herido, ni nada. Se correteaban por las calles y como son anchas se agarraban entre ellos y no balearon muchas casas.
—¿Hubo muchos muertos?
Pues yo creo que sí porque un camarada, el que me avisó para que nos metiéramos a la casa, me dijo que andaban con caguayanas para rematar a los que todavía estaban vivos… es que la cosa está seria, salieron mal entre ellos y pues ni modo.
No vimos ni uno (muerto) porque la consigna, dicen los plebes, es que el que va cayendo lo van levantando.
De la autoridad dice que sí, que había muchos soldados, pero hasta el día siguiente, cuidando las camionetas quemadas, pero digo yo ¡qué les cuidadan! Así yo también puedo ir, pero ¿para qué, si ya no hay nada?
La conversación es por teléfono:
De los saldos materiales, dijo que la plebada contó siete carros quemados, puras troconas placosas; cuando los plebes se metían a las casas corriendo, la gente agarró hasta cuchillos para defenderse, pues ya qué. En una casa dejaron puesta una escalera y por allí se subieron los plebes y le dieron vuelta a toda la casa para meterse pero no pudieron porque la gente cerró las puertas con llave. Yo me metí en el closet entre la ropa; dije, a mí no me van a confrontar. Me habían quedado dos botes en el refri y los metimos al closet y le dije a mi vieja tómate uno, no te vayas a paniquear y nombre, se lo echó de una.
Por aquí pasó una trocona, yo no conozco mucho de armas, pero llevaba montada una que les dicen Mini 14 echando bala por todos lados, y otra troca atrás de ellos también tirándoles balas y era la tronadera por todos lados.
—¿Y dónde quedarían lo muertos?
Pues la plebada y la gente curiosa anduvo por allí tomando fotos y videos, pero parece que se llevaron a los muertos porque no vieron a ninguno tirado, ni sangre, nada, como que carros particulares pasaron por ellos y los fueron levantando. Dice la plebada que casi llenaron una doble rodado de muertos, los aventaban pa´rriba hasta vivos porque gritaban, eso dicen, pero pues… no nos consta.
Artículo publicado el 22 de septiembre de 2024 en la edición 1130 del semanario Ríodoce.






