El Sinaloa que evocamos desde el inicio de la gran crisis de la década de los 80, del siglo pasado, no logra dar evidencias contundentes de haber iniciado: una entidad económica que refleje lo que hoy en día es la característica de una región desarrollada, con una industria manufacturera dimensionada y con un crecimiento en su cobertura del PIB total de Sinaloa.
Lo que hemos observado en estos 40 años es una estructura económica donde el sector primario se ha reducido, pero no hay un ensanchamiento del sector industrial, siendo el sector de los servicios el que está ocupando la participación que deja el sector primario. Lo que sí está a la vista, es que todas las actividades han evolucionado hacia sistemas de producción relativamente modernos, más sofisticados, pero al mismo tiempo altamente vinculados a tecnologías importadas que sacrifican parte de la riqueza que debería quedar para el desarrollo de la entidad y el bienestar de las familias.
La apertura de la economía mexicana y las crisis recurrentes que México ha vivido desde hace cuatro décadas desmanteló una parte importante de la industria de Sinaloa, particularmente la agroindustria (azúcar, cervecería, etc.), sin que surgiera otra línea industrial que ocupara la participación que tenían las empresas industriales que le daban valor agregado a una parte de la producción primaria. La más notorio de nuevas plantas industriales son las naves fabricantes de arnés para la industria automotriz, instaladas en el centro norte del estado, pero que por su raquítica remuneración a la mano de obra empleada poco contribuyen en el valor agregado para el estado de Sinaloa.
En 1980 Sinaloa tenía una composición de su estructura productiva donde el sector primario participaba con el 24.5 por ciento del PIB total del estado, 40 años después, en el 2020, su participación se reduce al 13 por ciento. La industria manufacturera, en 1980, tenía una aportación del 10.4 por ciento al PIB estatal, en el 2020, es de 8 por ciento.
La dimensión relativa se ha reducido en 2.4 puntos porcentuales. Las actividades industriales han perdido presencia en la configuración económica de Sinaloa, en un escenario donde el recurso humano calificado disponible, desde hace dos décadas está incrementándose año con año, a diferencia de lo que sucedía en la década de los 80 en que el factor que inhibía el desarrollo industrial era la escasa disposición de mano de obra calificada.
Hoy, todo ese recurso humano calificado y formado en las instituciones educativas del estado está emigrando a otras entidades de la república y del extranjero. Desde hace muchos años, jóvenes profesionistas de Sinaloa se les ve trabajando en Monterey, Querétaro, Guadalajara, Ciudad de México, Baja California Sur, la frontera norte y de migrantes en EU. Una aspiración legítima que el ser humano tiene es lograr superarse y tener condiciones económicas para vivir de manera decorosa, con un ingreso estable y creciente. Es lo que se ofrece en regiones con una fuerte presencia de la industria manufacturera o de actividades de servicios de alta calificación.
Desde hace 12 años, el gobierno del estado viene pregonando que la introducción del sistema de ductos para transportar gas natural a Sinaloa sería determinante para la instalación de plantas industriales; hace varios años esos ductos ya fueron instalados y el aterrizaje de inversión en la industria no se hace presente. Se dice constantemente, que la reducción de costos en la energía, con el suministro de gas natural, sería un incentivo muy grande para atraer proyectos industriales, tal argumento no ha convencido a los inversionistas.
Las limitaciones que Sinaloa tiene para aterrizar naves industriales y convertir a la entidad con una mejor participación de la industria en el PIB total, está asociado con la logística y el equipamiento de sus dos puertos: Mazatlán y Topolobampo. Ampliar y modernizar esos dos puertos será un detonante para el desarrollo industrial de Sinaloa, lo veremos en los próximos años, si se logra concluir con éxito las inversiones que se están haciendo, particularmente en Mazatlán. El reto presente es mejorar la infraestructura y el equipamiento de logística para la movilidad de mercancías, que facilite y reduzcan los costos de traslado de la producción de bienes que hay que movilizar a los mercados más importantes del país como al extranjero.
Sinaloa, es una entidad que tiene las condiciones y los recursos humanos que no se están aprovechando para emprender y sostener altas tasas de crecimiento económico durante muchos años. Una inmensa cantidad de recursos naturales y de fuerza de trabajo, con instrucción educativa, en creciente mejoría para desempeñar las labores que el mercado está demandando, posicionan a Sinaloa como una región con una amplia plataforma de oportunidades para el desarrollo empresarial.
Sin embargo, la inversión dirigida al desarrollo industrial no aterriza, lo cual da cuenta de las estrategias erradas que se implementaron desde el gobierno del estado para crear polos industriales que generen una producción con alto valor agregado que dimensionen la capacidad de generar riqueza y hacer crecer la economía sinaloense.Sinaloa cuenta con grandes fortalezas que no han sabido aprovechar los inversionistas locales y no se han promocionado con éxito ante agentes inversionistas nacionales como del extranjero. El gran reto es potenciar la inversión, particularmente en la industria manufacturera.
Para Sinaloa, el tema del desarrollo industrial debe ser una línea de trabajo de gran importancia a desarrollar, pero sin lugar a dudas que en estos momentos el planteamiento central de una estrategia integral de política pública debe ser mejorar la calidad de vida de sus familias, el bienestar de las mismas. Ello implica diseñar programas, desde el gobierno del estado y en coordinación con el gobierno federal, que faciliten que las familias de la entidad puedan contar con una vivienda digna, un ingreso mínimo, un sistema de salud totalmente gratuito y eficiente, y el acceso gratuito a los diferentes niveles de formación educativa.
Artículo publicado el 31 de octubre de 2021 en la edición 979 del semanario Ríodoce.







