Martes negro en Culiacán

Martes negro en Culiacán

A las 8:10 de la mañana una despachadora de gasolina observó cómo se llevaban a un joven a punta de fusil.

El calor ya empezaba a apretar sobre el asfalto del sur de Culiacán cuando el conductor de un Volkswagen Vento llegó a cargar combustible a una estación ubicada frente a un supermercado de la colonia Lázaro Cárdenas. No alcanzó a bajar del vehículo.

“Yo estaba despachando en la bomba cuando se metió el muchacho en el carro, y en eso llegaron unos apuntándole con rifles y le gritaban que se bajara”.

—¿Y él qué hizo?, ¿se resistió, forcejeó?

“No dijo nada, se quedó serio, trabado. Como que no se lo esperaba, nada más se bajó y lo subieron a otro carro, iba bien asustado pobrecito, yo nada más me le quedé viendo cuando se lo llevaron, y ahora tengo miedo que regresen por mí”.

El Volkswagen quedó abandonado con el motor encendido.

“No, no nos dijeron que nos fuéramos ni nada, tenemos que terminar el día. Claro que una quisiera irse y ya no venir, pero tenemos que trabajar, si no qué vamos a hacer”.

 

Una ciudad que despierta

Veinte minutos después, a menos de cinco cuadras de distancia, las ráfagas de disparos rompen la calma de la mañana. Los reportes se confunden.

Un hombre de aparente situación de calle cayó asesinado sobre la calle Mina Plomosa, en la colonia Antonio Toledo Corro. Las balas también alcanzaron una vivienda y un local comercial.

En una taquería cercana, los trabajadores iniciaban su jornada.

“Empezamos a escuchar y nos tiramos al piso, pero se escuchó bien feo, muchos tronidos y nos empezamos a asustar porque las piedras de las paredes rebotaban hasta acá, hasta las mesas”, comenta una de las trabajadoras.

El taquero señala una casa amarilla perforada por los disparos.

“Ahí enfrente vive una señora sola y no ha salido, es lo que me tiene con el pendiente, porque la casa quedó toda balaceada ahí en la ventana y en el portón. Ojalá esté bien, se me hace raro que no haya salido”.

Todavía no eran las 9:00 de la mañana cuando un nuevo reporte movilizó a policías y militares hasta el sector norte.

 

OTRO CERDITO. El quinto en menos de un mes.

 

Marcial, de 42 años, fue asesinado dentro de una camioneta pickup rotulada con logotipos de una empresa de drones agrícolas. El ataque ocurrió en el fraccionamiento Azaleas, entre La Conquista y Pradera Dorada.

Los disparos volvieron a escucharse poco después, muy cerca de ahí en Valle Alto. Frente al jardín de niños Jaime Sevilla Poyastro, Nephtaly Hernández, un joven cercano a la comunidad artística, fue ejecutado mientras caminaba por el bulevar Álvaro del Portillo.

Dentro del acordonamiento, el empleado de una ferretería observaba resignado el despliegue de soldados y patrullas, tiene que esperar al menos dos horas para reabrir el negocio, y el tiempo es dinero.

“Yo escuché como seis y no sabía ni qué estaba pasando. Nos pega esto muy feo, si de por sí no vende nada uno, pues menos ahora que están aquí todos los militares. Ni se acerca la gente. No es culpa de ellos, están haciendo su trabajo, pero nos pega una chinga estas cosas”.

A las 12:15 del día, otro hombre fue asesinado cerca del relleno sanitario.

Su cuerpo quedó tendido boca abajo en el ardiente sol de junio, con un refresco en las manos. Los casquillos quedaron regados alrededor.

Una hora después, en una llantera ubicada sobre el bulevar Lola Beltrán, cerca del Colegio América y de la Universidad Autónoma de Occidente, otro ataque dejó un muerto y un herido.

El reloj marca las 2:00 de la tarde y la temperatura pega a los 42 grados. Los peritos trabajaban frente a escuelas, un supermercado y decenas de automovilistas. Apenas se van, la llantera sigue trabajando y los clientes siguen llegando.

“Yo vivo por ahí y cuando regresé de comer a la oficina, como a las 3:00 de la tarde, me fijé porque vi la noticia, pero parecía que no había pasado nada, había un carro ahí y estaban trabajando”, aseguró un vecino del sector.

Una ciudad que respira, apenas, entre operativos, cuadrantes y retenes.

 

Una tarde interminable

A las 4:00 de la tarde apareció otro cadáver en La Campiña. Un hombre había estado hurgando entre bolsas de basura cuando fue atacado. A un costado quedó una motocicleta negra con amarillo. El motor seguía encendido y también la música.

Poco después de las 6:00, sujetos armados ingresaron a una vivienda de la colonia 10 de Mayo y ejecutaron a un hombre identificado como Aníbal.

Cuando se marcharon dejaron un cerdito rosa. Otro más, el quinto desde el pasado 15 de mayo, cuando esta misma figura empezó a aparecer junto a cuerpos asesinados en distintos puntos de Culiacán. Nadie ha explicado públicamente qué significa. La Fiscalía tampoco ha encontrado relación entre los casos, aunque la titular Claudia Zulema Sánchez Kondo no descartó que la haya.

“Se investiga la posible relación. Hasta este momento, de las cuatro personas que han sido localizadas sin vida, no se ha determinado que tengan una relación entre sí sobre los hechos acontecidos”, precisó.

A las 6:30 de la tarde llegaron los disparos más dolorosos.

En el cruce del bulevar Agricultores y la calle Las Campanillas, en la colonia Laureles Pinos, dos adolescentes que viajaban en un Nissan Tsuru fueron atacados con rifles de alto poder.

Octavio tenía 16 años. Murió acribillado en el asiento del conductor. Gonzalo, de 13, resultó gravemente herido.

Cuando los militares acordonaban la zona, una joven cargando a un bebé llegó hasta el lugar.

Reconoció el automóvil, y reconoció el cuerpo.

“¡No, ya se fue la ambulancia y se quedó ahí porque ya está muerto, ya está muerto! No sé qué pasó, yo nada más fui a sacar dinero. Aquí estoy sola, no ha venido nadie… no, no sé a dónde se llevaron al Gonzalo”, decía con la voz entrecortada al teléfono.

Minutos después otra mujer llegó, y se abrazaron. Las dos permanecieron sentadas sobre la banqueta, a unos metros del vehículo perforado por las balas. Sobre el tablero permanecía un kilo de tortillas que los adolescentes acababan de comprar.

Fue un largo día, pero la muerte no se fue a dormir temprano. A las 9:30 de la noche, Jonathan fue asesinado en Infonavit Barrancos.

Su cuerpo quedó tendido sobre la Calzada de los Empaques, una de las principales vialidades de la zona, a pocos metros de donde un día antes, una mujer había muerto calcinada dentro de una casa incendiada por hombres armados.

La mañana del miércoles 3 de junio, la Fiscalía General del Estado confirmó la apertura de 10 carpetas de investigación por homicidio doloso.

La violencia ya no paraliza la ciudad. Apenas se atraviesa en medio del día.

Las balas ya no detienen gasolineras, no suspenden jornadas laborales, ni cierran negocios. Los empleados terminan sus turnos y las familias siguen sus rutinas diarias.

Parece hartazgo, quizá sea resignación. Lo cierto es que la ciudad aprendió a seguir caminando, mientras cuenta a sus muertos.

Artículo publicado el 07 de junio de 2026 en la edición 1219 del semanario Ríodoce.

Lee más sobre:

Últimas noticias

Scroll al inicio

2021 © RIODOCE
Todos los derechos Reservados.