El yerno

El yerno

Desde muy joven, José Sánchez (Ian Scott Castillo) muestra la ambición suficiente para los negocios, aunque no necesariamente legales. De adulto (Adrián Vázquez) afianza esa habilidad en el pueblo de Alvacruz, cuando se casa con Lucía (Verónica Bravo), la hermana de su amigo Diego (David Gaitán), los hijos de unos ricos empresarios, y hace nexos con El Lobo (Jero Medina), un traficante que lo hace millonario. No obstante, su mejor momento llega con el triunfo del candidato a gobernador, Maximiliano Arévalo (Rodrigo Virago), quien lo convierte en fiscal general, con lo cual consigue fructíferos tratos de dudosa procedencia, que acaban arriesgando su vida personal y profesional.

Si bien la historia El yerno (México/2026), dirigida por Gerardo Naranjo, no hace referencia específicamente a una figura pública real de la política, en generalidad, podría contar la de muchas personas, que han llegado a puestos importantes apoyados por corrupción, abuso de poder, impunidad, vínculo con el crimen organizado, alcanzando enriquecimiento ilícito desbordante, así sea en medio de violencia, traiciones e injusticias –curiosamente, la cinta estaba en algunas salas de cine en México cuando Estados Unidos publicó una lista en la que acusa a un gobernador y nueve funcionarios de tener vínculos con un cártel de la droga, lo que podría darle una lectura distinta al filme disponible en Netflix desde el 1 de mayo.

Indiscutiblemente, el director pudo haber contado lo mismo con nombres y apellidos conocidos, porque la trama de su película no es nueva ni reciente, incluso es cada vez más habitual, pero es mejor contarla como sátira, con ironía, porque de esa manera se hace menos pesada una realidad que sobrepasa todos los límites, de la que muchos ciudadanos están cansados y hartos: lo cotidiano y normalizado de que lleguen al poder personas que priorizan su propio interés, utilizan los recursos inadecuadamente y dejan de lado el bien común.

Es cierto que El yerno no dice nada nuevo, ni por lo que se difunde en las noticias constantemente, ni por otras producciones cinematográficas que han hecho lo mismo, como los trabajos realizados por Luis Estrada, quien desde La ley de Herodes (1999), pasando por Un mundo maravilloso (2006), El infierno (2010), La dictadura perfecta (2014) y ¡Qué viva México! (2023) ha denunciado a la política mexicana, haciendo referencia directa a algunos partidos políticos, y no se diga señalando indirectamente a funcionarios y ciudadanos envueltos en casos que han sacudido al país.

Con una narrativa ágil, actuaciones que evidencian con credibilidad las diferentes facetas de los personajes y un guion escrito por Alexandro Aldrete, Gabriel Nuncio y James Schamus, que no siempre es adecuado en su discurso, la película deja claro que, a puestos del gobierno de cualquier nivel de la estructura, desde los más bajos a los más altos, algunos llegan por influencias, favores, parentescos, imposición… y muy pocos con el objetivo de hacer lo que les corresponde.

La cinta que se distancia del tono acostumbrado por Naranjo en Miss Bala (2011), Voy a explotar (2008) y Drama/Mex (2006), vale más por su intención de exponer a “la política” y de contribuir a que haya menos engañados y más críticos del sistema. Véala… bajo su propia responsabilidad como siempre.

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